Julio Iglesias se viene arriba
«Es asombrosa la lista de gente que ha ignorado la presunción de inocencia, empezando por cinco ministros de Sánchez»

Julio Iglesias en una imagen de archivo.
Después de unos días de incertidumbre, la Fiscalía de la Audiencia Nacional acordó el viernes archivar las diligencias preprocesales que había abierto contra Julio Iglesias por la denuncia de dos extrabajadoras suyas. Es un misterio el criterio bajo el que el organismo que dirige Teresa Peramato había decidido abrirlas. En contra de su criterio inicial, el Ministerio Público aceptó el razonamiento del abogado Choclán y decidió archivar el tema.
La decisión no es recurrible, aunque las dos mujeres y la organización feminista que las pastorea, Women’s Link Worldwide, tienen la posibilidad de replantear la denuncia ante el juez, pero seguramente no lo harán. La publicación por el cantante de los mensajes tórridos que las dos ultrajadas le siguieron enviando después de las fechas en que según denuncia ocurrieron los hechos, les deja poco margen de maniobra; poco recorrido, como se dice ahora.
Gente habitualmente razonadora como Fernando Garea decía que no importa el tiempo transcurrido para plantear la denuncia. Hombre, según y como. El infierno al que se vieron sometidas es difícilmente compatible con los WhatsApp que le siguieron enviando, mostrándose a su disposición, expresándole cariño y buenos deseos, en algunos casos con un lenguaje procaz que Miguel Ángel Pérez se sintió incapaz de reproducir. Ni yo, oigan; copiarlos me ensuciaría la pantalla, el teclado, los dedos y un poquito también el alma.
Pero nuestra izquierda es indesmayable. Uno estaba preparado para leer referencias al derecho de pernada, pero eso es una cosa medieval y prefieren someterlo a la lucha de clases. Recuerdan al padre de Alvy Singer en Annie Hall. Cuando su mujer dice que ha despedido a la asistenta, el marido se escandaliza: «Es una negra, de Harlem! ¡Es pobre! ¡Tiene derecho a robarnos! Al fin y al cabo, ¿a quién quieres que robe si no es a nosotros?».
Sostiene impávida Lucía Méndez que el millonario Julio tenía todas las de ganar frente al servicio pobre. ¿Ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional? El dictamen tiene todo el aspecto de acusación de prevaricar a los pupilos de Peramato. La majadería es más comprensible en palabras de Echenique, ¿pero Lucía?, ¿y por qué no van a mentir las denunciantes pobres contra el señorito rico?
Ellos siempre ponen el carro de los hechos detrás de los bueyes de su ideología, que siempre es la fetén. En el origen de todo esto hay una denuncia falsa como demuestran los mensajes de las denunciantes y viene a corroborar, no solo su falta de urgencia por denunciar en cuanto salieron de aquel infierno, es que lo va una dejando por unas cosas y por otras y se pasan cinco años, aunque también lo demuestra el cariño que entre los ataques y su denuncia muestran por el agresor.
Es asombrosa la lista de gente que ha ignorado la presunción de inocencia y los hechos, empezando por cinco ministros de Sánchez: Óscar Puente, Ernest Urtasun, Óscar López, Yolanda Díaz, Pablo Bustinduy, Ione Belarra, Irene Montero, Nacho Escolar, Julia Otero, Jesús Cintora, Javier Ruiz, Sarah Santaolalla, Lucía Méndez, Pablo Iglesias, Pablo Echenique, Max Pradera, Ramoncín y, por supuesto, a Women’s Link Worldwide. Es una lista a la que muy bien podría dirigir José Antonio Choclán unas demandas por haber dado pábulo a denuncias falsas. Es cierto que, pase lo que pase en el futuro, ya nunca será posible devolver al cántaro la leche derramada, pero no estará de más que paguen con lo que más les duele, para que otra vez no investiguen tanto y se ciñan más a los hechos. Ese Nacho Escolar, tres años dice que ha investigado su digital al cantante denunciado, sin que ninguno de los investigadores haya escarbado en la posibilidad de que las denunciantes tuvieran cuentas que las desmintieran en redes sociales. Más le hubiera valido emplearlos en estudiar Periodismo o cualquier otra carrera tan asequible, que las hay.
Hay que aclarar finalmente que el archivo decretado por la Fiscalía nada dice sobre el fondo del asunto, si los hechos ocurrieron o no. Daré una impresión personal: no es Julio Iglesias un hombre con un sentido exigente de la castidad, ni creo que la castidad sea una virtud acrisolada y encomiable. Eso sí, tiendo a creer que todo lo que pudiera haber pasado entre el artista y Stephany y María Alejandra fue consentido por las partes, pero nuestra izquierda es siempre así: aquí han mezclado el sexo con la agresión, como en otras ocasiones han confundido la prostitución con la trata, a pesar de la evidente autoridad que debe de tener su número uno en el asunto por razones de proximidad familiar, pero es que la izquierda es una religión alternativa y no acaba de distinguir entre el Catecismo y el Código Penal.
