The Objective
Montanoscopia

Lo mejor de España ya lo hemos vivido

«Angustia la violencia de los independentistas, pero enorgullece la dignidad de la policía constitucional»

Lo mejor de España ya lo hemos vivido

Bandera de España. | Europa Press

1. Lo mejor de España ya lo hemos vivido. No pasa nada. No todo es España.

2. La relanzada lucha de Moncloa contra la desinformación y los bulos me recuerda, aparte de a El hombre que fue Jueves, de Chesterton (jefe de la policía y de los anarquistas a la vez), el artículo tronchante que escribió Pessoa cuando el Gobierno de Portugal, para combatir a la masonería, promulgó una ley que prohibía las sociedades secretas. Pessoa repasaba el texto y concluía que el Gobierno se ajustaba a la definición de sociedad secreta y, por tanto, había que prohibirlo.

3. La indignidad sustancial de The Puentete: fungiendo de técnico de pronto, pero también escamoteando por ver si se salvaba. Su ruina es tanto política como moral: tampoco servía para reconfortar tras el accidente. Su mera presencia era chusca, ofensiva. Él no estaba para eso, sino para chulear, para soltar mamporros verbales al servicio del «puto amo». Si eres todos los días un hampón, no puedes ser otra cosa cuando llega el día decisivo. Pero aun así (o justo por ello) se envalentona. No parece haberse dado cuenta de la fosa en la que está el ministrete.

4. Impresiona el cuajo con el que Sánchez habla todavía de la «verdad». O es un tahúr o su narcisismo está ciertamente blindado. Cabe otra opción, no incompatible con las anteriores (es posible que se estén dando las tres al mismo tiempo): simplemente les lanza cables a sus partidarios. A estos les basta un hilillo emanado del líder al que agarrarse. El espectáculo de esta semana ha sido obsceno: los sanchistas se han echado los cuarenta y cinco muertos a la espalda sin pestañear; empezando por el equipo de opinión sincronizada, que es ya la guardia mora de Sánchez.

5. Trump, gran jibarizador de «América» (hasta el Anschluss de Groenlandia la empequeñecería aún más), ha propiciado en España dos grupos aparentemente antagónicos pero igual de patéticos. Uno: el de los trumpistas españoles, esos insufribles apretaos que escupen su energumenismo con una suficiencia que no se corresponde con sus mermadas capacidades. Otro, el de los sanchistas antitrumpistas, que le critican a Trump todo lo que le apoyan a Sánchez. En el ámbito del columnismo se están luciendo particularmente; sobre todo el sermoneador de los sábados y las cheerleaders de los domingos, junto con el misceláneo más campanudo de los miércoles. Siempre que hay problemas con Sánchez, callan sonoramente y se ocupan de Trump. Su comodín delator.

6. El documental por el que Filmin ha sido atacada por los nacionalistas catalanes, Ícaro: la semana en llamas, es muy bueno. Cuenta lo que se propone contar y lo cuenta bien. Angustia la violencia de los independentistas, irracional, fascistoide, pero enorgullece la dignidad de la policía constitucional: su serenidad, su articulación intelectual y humana. En El País, el triste Delclós habla de «elogio desvergonzado» a la Policía. El antifranquismo anquilosado de estos putrefactos les ha conducido a figurar contra la democracia y junto a los genuinos franquistas de hoy.

7. Jamás vi a nadie comprar un libro en Tipos Infames, pero era guay estar allí. Yo nunca entré por mí mismo, porque me intimidaban los hipsters del escaparate, sentados con su portátil y su vinito como si nadie los mirara. Sí fui en compañía a algunas presentaciones. Estuve en las de Arias, Del Molino, Jabois, Loriga y hasta en una mía, que me hizo Latorre. En esa librería hablé por última vez con Gistau. Y le di la mano, empujado por las circunstancias, a Víctor Manuel. Al final se me quedan un montón de recuerdos en ella, ahora que va a cerrar.

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