Tengo terror a Sánchez, a Puente y a montar en tren
«45 españoles han dejado ya de serlo porque han muerto atrapados dentro de unos trenes que nunca debieron salir»

Pedro Sánchez y Óscar Puente. | EP
Y este martes no tengo más remedio que hacerlo. Ni las continuas conferencias de prensa del «Yeti Puente», abominable hombre de Valladolid, ni, mucho menos, la comparecencia a palos en el Congreso (la que se anuncia sin fecha de Sánchez) me han tranquilizado. El presidente, acuciado por la presión del Partido Popular, que este mismo lunes pretendía fijar las explicaciones en el Parlamento del individuo al que me refiero, ha obligado a su Grupo Parlamentario a presentar una iniciativa, «a petición propia», dice, para que el asténico presidente (aún) luzca su escuchimizado porte en una sesión que, —¡fíjense!— el PSOE ha disfrazado de esta guisa: «Posición del Gobierno en los diferentes encuentros internacionales en los que ha participado, así como para informar sobre los últimos accidentes y la situación actual del servicio ferroviario».
O sea, como quien no quiere la cosa, Sánchez y sus costaleros priorizan sus relaciones, cada vez más pírricas, con algunos líderes del Universo para charlar, sin ninguna conclusión, sobre Ucrania, Venezuela o Groenlandia, sobre el terrible drama que sufre ahora mismo nuestra sociedad: 45 españoles que han dejado ya de serlo porque han muerto atrapados dentro de unos trenes que nunca debieron salir de su origen, «Así como»; es decir, que, tras una oración repleta de «éxitos» por el creciente papel de España en el concierto mundial, Sánchez hará el favor de ofrecer a sus señorías su versión sobre lo que ha ocurrido en Adamuz y en Cataluña. ¡No se ha visto jamás tanta desfachatez! ¡Peor insensibilidad!
Y todo esto va a ocurrir mientras los ciudadanos de a pie, el cronista entre ellos, que abordan los trenes porque mayoritariamente les obliga su deber, se han rebelado ante esa pantomima de «homenaje civil» que, al más puro estilo masónico (llamarada alusiva inclusiva) había preparado el Gobierno de Sánchez para clonar aquel engendro de la dana de Valencia. La resistencia de las buenas de gentes de Huelva ha hecho que estos desalmados de Madrid se hayan tenido que tragar la iniciativa, lo cual es el primer bastión para que el presidente del Gobierno prevea lo que en muy poco tiempo se le va a echar encima: juicios, huelgas, protestas, de todo lo cual difícilmente va a tener que salir indemne. Los ciudadanos de Andalucía le han dicho: «Métete el homenaje por donde te quepa». Enhorabuena.
También la contestación de Madrid a esa piltrafa de ceremonia con un funeral clásico en La Almudena, ha ocultado la indignación popular por lo que el Gobierno denomina en el Parlamento «los últimos accidentes y la situación actual del servicio ferroviario». Como si la tragedia pudiera equipararse a una mera incidencia festiva que obstaculizara el normal funcionamiento de nuestros «servicios», a los que Puente, el «Yeti» del Gobierno, proclama como los más avanzados de Europa, los que están viviendo, literalmente: «el mejor momento de su historia». Un desvergonzado. Es de esperar que, en todo caso, Sánchez y su Ejecutivo de incapaces sufran ahora una auténtica semana de pasión, por ejemplo cuando este martes se vote en el Congreso el llamado «escudo social», una martingala regada con dinero público que la Cámara debería devolver a la Moncloa o al Ministerio de Trabajo donde continúa incólume Yolanda Díaz, que ni siquiera presenta a su agónico Sumar a las elecciones aragonesas del dìa 8 de febrero.
Tezanos, el enterrador del CIS, un prevaricador de libro, ya ha lanzado su cuarto a espadas con un sondeo para Aragón que trata de animar a los votantes de izquierda, eso en una región que, gracias a la gobernación de los últimos años, ha acumulado decenas de millones de euros en inversiones de gestión de datos, la modernidad más evidente. Podría bastar que, con evidencias de este jaez los que han hecho posible tanta prosperidad fueran refrendados al alza en estos próximos comicios, pero no: la ultraderecha de Vox se está encargando de intentar fastidiar la feria a Azcón. Eso sí, ayudada en la ocasión por los chicos fusileros de Alvise que no se sabe si odian más a Abascal o a Feijóo. Cualquier cosa en estos monigotes. El PSOE, aupado en mítines falsarios por Sánchez, el depredador del ferrocarril, está, el pobre, a ver qué rasca. Por cierto: ¿a qué Sánchez, en su campaña de apoyo a «Bon Jour Tristesse» (Pilar Alegría) no se atreve a subirse en los trenes del colega Puente para llegar a Zaragoza? ¡Ca! Él se monta en su helicóptero que le pagamos los demás, y desde el cielo hace pedorretas al resto de los mortales, nunca mejor dicho, que, a nuestra vez, contenemos la respiración cada vez que pasamos por las vías de celofán que circunvalan a Calatayud. Miedo, terror tenemos a sentarnos en el tren.
El Gobierno pretende pasar por el trance actual sin romperse, ni mancharse, enseñando pecho cómo lo va a hacer la ministra de Defensa -¿qué haces ahí Margarita?- que nos va a ilustrar en el Parlamento sobre nuestras operaciones militares en el exterior. A lo mejor, digo yo, nos adelanta que nuestros Ejércitos viajarán próximamente a Ucrania y además a Groenlandia para oponerse a la colonización que desea Trump. El viaje, desde luego, no lo cubrirían en tren, así que ¡tranquilos! Y ya que estamos finalmente en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo donde allí mora todavía, la ministra de Sanidad, Mónica Garcia, que continúa sin enterarse de que los médicos van a paralizar la Sanidad entera por lo menos de aquí a mayo. Su huelga para que se les reconozcan sus derechos, engordará la sensación de hartura, de asco general que destila la sociedad hispana. Y eso sin contar con el paro de los sufridos maquinistas de tren que dejarán sin servicio a todo el país. Mira por donde en esos días nos evitaremos el miedo, casi el terror, que sufrimos ya a la hora de encaramarnos a un vagón ferrocarril. Como dice un usuario frecuente del AVE Madrid-Barcelona: «Es como si estuviéramos a la puerta misma de un quirófano». Sánchez está satisfecho: ha instalado el terror en España. Tiene que irse: evítenos los vómitos que nos produce su sola presencia.
