The Objective
Hastío y estío

Uclés el azuzador

«Fraga y Carrillo se sentaron juntos en algunos actos, pero un ‘viejoven’ treintañero es incapaz de hacerlo»

Uclés el azuzador

David Uclés gana el Premio Nadal.

Qué peligrosos son los adalides de los que se creen propietarios de la bondad y del bien en su máxima expresión. Personas que estudian meticulosamente ese personaje más falso que una moneda de seis euros. Todos cortados por el mismo patrón. Uclés ha cogido cosas de uno de los maestros de esta manera sobreactuada y falsa de estar en la vida, García Montero. Igual que el lamentable director del Instituto Cervantes, Uclés decide hablar lento y bajito, como si fuera uno de esos curas que tanto odian. Así creen convencernos de que no han roto un plato en su vida, aunque se dediquen a romper vajillas casi a diario. Venden un buenismo que odia a todo aquel que se encuentre al otro lado de sus pensamientos e ideas. 

Están con los de abajo, pero luego solo se relacionan con el poder, ya sea en el mundo editorial o político. Tienen al pobre en la boca, pero solo para seguir degustando la riqueza. No le echarían una mano a un mendigo si no tienen la otra libre para hacerse un selfi y rentabilizarlo, y ni así, creo que lo harían. Una izquierda intelectual, pero no obrera. Personas que creen que estar comprometidos políticamente es ir a una entrega de premios del grupo Planeta o a una entrevista en la Cadena SER o El País. Unos «intelectuales» de izquierda que nunca hablan con reponedores, vigilantes de seguridad, conserjes, dependientes, porque no tienen su nivel cultural, y es que no hay clasismo como el de este tipo de gente, y porque saben que estos están hartos de que se crean superiores moralmente cuando solo es evidente su falsedad manifiesta y que no se han manchado las manos en toda su vida.

Prefieren quedar entre ellos y tomar cervezas en Lavapiés, La Latina o Malasaña a cinco euros el botellín, mientras hablan de Gramsci. Una supuesta élite cultural y, por supuesto, también en la defensa de los derechos humanos y de todo lo bueno. Eso sí, siempre que coincida con sus postulados. Una dictadura de las ideas que vista en sus presentaciones con boina y aporree un instrumento musical monstruoso mientras parece agonizar, a lo que él llama cantar. 

Como todos ya saben, Uclés decidió no ir a unas jornadas que se llevan organizando desde hace más de una década por Pérez Reverte. El lema de este año era «La guerra que perdimos todos» refiriéndose a la Guerra Civil. Fueron invitados personas de todo el espectro ideológico, pero al que viste como si fuera un pobre de la posguerra cuando es un privilegiado no le pareció bien compartir espacio con Aznar y Espinosa de los Monteros. Su sectarismo se lo impidió, como su radicalidad indecente. Pero lo que un servidor cree es que sufría un miedo intelectual, no estar a la altura del debate, cosa que entiendo, una vez vistas algunas de sus entrevistas donde no dice más que topicazos vacíos y carentes de toda sustancia. 

Fraga y Carrillo se sentaron juntos en algunos actos en una España ya democrática, pero un «viejoven» treintañero como él, es incapaz de hacerlo casi un siglo después del final de la guerra. El que habla bajito, busca dar pena, habla de que no le dejan manifestar sus ideas ni su sexualidad, que tiene todo el día en la boca las palabras «democracia» y «derechos», no quiere sentarse a hablar con personas que tienen ideas diferentes a las suyas. El de la boina prefiere azuzar el fuego, que este siga sangrando. Chaves Nogales se retorcerá en su tumba si ve como un escritor de valores morales variables, que vende los supuestamente suyos para ganar premios literarios y beneficiarse de un capitalismo que critica, cuando él tuvo que exiliarse en pleno conflicto, y escribir un libro que nos hermana a todos los españoles hasta la actualidad. 

Ahora llega un treintañero y azuza el odio y el distanciamiento entre españoles. Se alegra de que estas jornadas se hayan tenido que suspender por amenazas de grupos de ultraizquierda a algunos de los que iban a participar. Así que, señorito Uclés, no nos dé lecciones y déjenos a los españoles vivir tranquilos, mezclados, respetando nuestras diferencias, debatiendo las ideas con firmeza, pero sin querer imponerlas o prohibírselas al otro. Celebre, Uclés, su éxito de que un foro de debate no haya podido llevarse a cabo. Queda retratado como lo que es, un azuzador de odio, y un nostálgico de unos años que ojalá no vuelvan nunca. 

Publicidad