Alcaraz vs. Djokovic
«No voy con el uno ni con el otro, voy con los dos»

Montaje de Alcaraz y Djokovic.
Estoy por acostarme y ¡ring-ring!, suena el teléfono. Son las dos de la mañana. ¿Quién coños…?
– Primo, capullo… ¿Tú con quién vas a ir mañana? ¿Con Djoko o con Alcaraz? — me preguntó, sí, mi primo. Eran las dos de la mañana y estaba piripi. Le gusta el tenis y tirarme de la lengua.
– Puf, qué difícil. Acabamos de ver las dos semis más increíbles que se pueda imaginar. Es irrepetible.
– No te mojas ni debajo del agua…
– Es que me da igual, Jose. Lo de hoy me parece insuperable, son dos putos héroes.
– … Ni debajo del agua, tío… digo, primo.
– Que son dos héroes: los dos.
– Vale, ¿y?
– Pues que, por mí, anulen la final.
– Espera, espera… ¡Ehhh! ¿Sí, tú? ¡Otro Johnny con coca-cola!! ¡¡¡Ehhh!!!
– ¿Jose?
– Como me joden los camareros que no te ven y sabes que te están mirando…
– ¿Dónde estás?
– Un poco pedo, primo.
Risas.
– Espero que no operes mañana.
– Calla, coño. A ver, repíteme eso de anular la final…
– Pues que deberían no celebrarla y aserruchar la copa por la mitad. Media a cada uno.
– Bueno, yo voy con el serbio. Pero lo de serbio con B, ¿eh? Que conste.
– Esto no es comparable a nada. Lo que se vivió ayer, digo. Un partido así detrás del otro, no tiene parangón. Fue estratosférica la primera semi y estratosférica la segunda. No se puede pedir más. El uno acalambradas hasta las uñas y aguantó casi seis horas para llevárselo… Y el otro, a sus casi treinta y nueve tacos, sacarle a palos de la pista al cíborg ese del Zanahorio…
– Voy con el serbio… y con Alcaraz.
– Es lo que te digo. Es que es imposible dar más de lo que hicieron estos dos elementos. No voy con el uno ni con el otro, voy con los dos.
– Eso, eso.
– Voy con el tenis.
– Muy bien, primo. Ahora dime, ¿cuánta gente en Serbia crees que piensa como tú y como yo…?
– Quizás ninguno… —risas— ¿Ves? Ya me has dado la columna que tenía que hacer para mañana.
Más risas. Ruido de hielitos y se oye un «¡Salud!»
– Siempre he sido tu fuente de inspiración.
– Lo que eres es la fuente de los güisquis, primo. La fuente de la eterna cogorza.
– Y eso que no me has visto las bolas.
– Ni quiero.
– ¿Seguro?
– No hay nada más cierto. Sé que las debes de tener pequeñas, prietas y peludas, como un tigre.
– Como pelotas de tenis. ¿Con quién vas, coño?
– Mira, ayer sentí un placer inmenso. Estaba en mi club, el Club de Tenis Chamartín. Estábamos comiendo y viendo la semi de Djokovic, un montón de amigos tenistas que le hemos odiado apasionadamente durante años por todo lo que nos ha arrebatado y hecho sufrir. Estábamos apiñados alrededor de la tele, la gente había dejado sus mesas y se había congregado junto al televisor. Digo que le habíamos odiado durante años, y, sin embargo, toda la sala celebró con un grito y aplausos cuando convirtió su tercer match point contra Sinner. Fue como si lo hubiesen ganado Alcaraz o Nadal. Menudo momentazo, primo. Increíble.
– Increíble, sí. Increíble lo del Gobierno…
– Hala primo, vete para casa. Pero que te lleven, ¿eh?
No sé si esto saldrá hoy sábado o mañana domingo. Ni quiero ni puedo hacer una predicción. La lógica te dice que tras lo que sufrieron ambos ayer, Carlos tiene más probabilidades de recuperarse por una cuestión de edad, diga lo que diga Iñigo Yllera… Pero lo cierto es que voy a estar feliz gane quien gane.
Y muy triste.
