The Objective
Hastío y estío

A Irene Montero le sobramos los españoles

«No tenemos remedio. Somos fascistas, racistas y clasistas. Un pueblo castigado con el mal en su interior»

A Irene Montero le sobramos los españoles

La exministra de Igualdad, Irene Montero.

Parece claro que a Irene Montero no le gustamos los españoles que no le damos la razón. Que no compramos la mercancía averiada de sus postulados tendenciosos e interesados. Y como ella es una demócrata radical nos define como fascistas. Todos los españoles que no le besamos los pies a doña Irene somos unos fachas asquerosos. Con lo fácil que sería para todos que ella pensara por nosotros y seguir a pies juntillas sus pajas mentales, pero es que esa materia nada sustanciosa solo sería una situación embarazosa para nosotros, dando igual ser hombres o mujeres. 

A Irene Montero le dan igual los extranjeros, lo que quiere es que la voten, a ella principalmente, o si no, como mal menor a los partidos de su soga ideológica, que elige ahogar a apretar. Un extranjero disciplinado que obedezca la voz de su amo. No un extranjero libre que elija hacer las cosas bien desde el principio. Que entre en España de manera legal y consiga la documentación de la misma manera. Que no busque delinquir, sino cooperar en mejorar el país que le ha dado la oportunidad de poder integrarse. Que no haya que darle una paguita para garantizarse su voto, sino los mismos derechos y obligaciones que a un español y no tratar de tutelarle como si fuera un menor de edad. Un extranjero que se valora a sí mismo y que elige su manera de ser y de actuar, que no quiere que le regalen nada, sólo ser tratado de manera justa, y una vez conseguida la nacionalidad votar al partido que considere más adecuado. 

Lo que ha quedado claro es que los españoles no tenemos remedio. Somos fascistas, racistas y clasistas. Un pueblo castigado con el mal en su interior. En nuestro ADN corre el capitalismo salvaje, la defensa de nuestras tradiciones y cultura, todas negativas, como el resto del mundo sabe, una población machista, no como en Marruecos, Irán, o muchas partes de América del Sur. Unos españoles que son unos fanáticos religiosos, y no como en las zonas del mundo que acabo de nombrar, y en otras muchas. Lo que le pasa a Irene Montero y a esa España tan «podemizada» como «woke», es que han nacido con el pecado original de ser españoles, algo que no pueden soportar. Saben que la esencia de lo que ha sido y es España, representa todo lo contrario a lo que son ellos. Españoles acomplejados y frustrados, que compran la leyenda negra, cuando ellos son lo más oscuro y tenebroso que tiene la España actual y son los máximos culpables del declive que está sufriendo.

La hipocresía de Irene Montero es insultante. Vive aislada en un chalet en Galapagar, y manda a sus hijos a un colegio privado donde paga 1.500 euros al mes. Parece que no quiere que sus niños compartan aula con los hijos de sus deseados votantes. Prefiere no mezclarlos con esos niños latinos o magrebíes que sólo pueden estudiar en la escuela pública. La que tanto vanaglorian, pero que no quieren para sus hijos, no se vayan a contagiar de esa «gentuza». Mejor hablar con mamás o papás españoles con profesiones liberales o del mundo de la cultura que con un «panchito» (así los llaman ellos, estoy harto de escucharles hacerlo mientras toman cervezas en Malasaña, Lavapiés o La Latina) con las manos sucias por trabajar en la obra, el taller o la fábrica.

España no necesita un reemplazo. Necesita recuperar su orgullo. Somos un pueblo que ha dado al mundo más de lo que ha recibido. Entre otras cosas descubrimos un continente al que mejoramos muchísimo las condiciones de vida a sus nativos, y tenemos una lengua que une y es un orgullo universal. Nuestra cultura no es racista, es mestiza por definición. La inmigración es necesaria, pero legal, selectiva, que aporte talento y respete nuestras leyes. La que llega para delinquir o vivir de los subsidios no debe ser aceptada. 

Montero y los suyos han nacido con el pecado original de odiar lo español. Odian la bandera, la familia tradicional, el castellano. Y ahora quieren odiar también al español de a pie que paga impuestos y quiere vivir en paz. Su «teoría del reemplazo» no es algo irónico, como intentaban justificarse ayer, sino un deseo. Quieren una España sin españoles que disientan, una España empobrecida y dócil, multicultural en el discurso y fragmentada en la realidad. Donde el voto dependa de la paguita y no de la libertad individual de los ciudadanos, sean estos españoles o extranjeros.

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