The Objective
Hastío y estío

Aragón será el principio del fin

«Mis paisanos, con su carácter noble y su obstinación, saben que el cambio definitivo empieza este domingo»

Aragón será el principio del fin

Ilustración de Alejandra Svriz.

Aragón emerge como el epicentro de un terremoto que promete sacudir los cimientos del sanchismo. El final de esta era de engaños y manipulaciones se vislumbra en el horizonte de mediados de 2027. Pero no nos engañemos, la agonía que padecen los españoles, esa lenta erosión de la dignidad nacional, durará todavía un año y medio más. Un período de penumbras que, sin embargo, comienza a iluminarse con un destello de esperanza. Se empieza a ver la luz al final del túnel, tenue pero inconfundible, y es en las tierras aragonesas donde esta aurora política despunta.

Mis paisanos aragoneses, nobles y obstinados como el cierzo que sopla sobre el desierto de los Monegros, están a punto de propinar un guantazo electoral monumental. No directamente a Pilar Alegría, esa figura emblemática del sanchismo, sino por persona interpuesta a un tal Pedro, de apellido Sánchez. Será un golpe cuya réplica se sentirá de la manera más nítida en Ferraz y Moncloa, dejando al sanchismo grogui, casi KO, tambaleante sobre el cuadrilátero del Gobierno de España. Porque, como bien se sabe en los círculos políticos españoles, los resultados electorales en Aragón son los mejores termómetros para extrapolar tendencias a nivel nacional.

El declive que ha impuesto el sanchismo no es solo político o económico, aunque estos aspectos son lacerantes por sí solos. Es, sobre todo, un declive ético y moral que corroe el alma de la nación. ¿Cómo olvidar las promesas incumplidas, las alianzas con separatistas que fragmentan la unidad nacional, o las leyes que, bajo el manto de la progresía socavan las libertades individuales? El sanchismo ha convertido la Moncloa en un búnker de opacidad, donde la verdad se retuerce como un alambre de espino. Ha inflado la deuda pública hasta niveles insostenibles, ha permitido que la inflación devore los ahorros de las familias trabajadoras, y ha mirado para otro lado mientras la corrupción se enquista en las instituciones.

Las urnas aragonesas en las próximas elecciones autonómicas se convierten en el primer campo de batalla decisivo. Pilar Alegría, exministra y figura clave del PSOE estos últimos años, representa el rostro visible de un Gobierno que ha priorizado el poder sobre el bien común. Pero el voto aragonés no será solo contra ella, será un referéndum implícito contra Sánchez. Un guantazo que, extrapolado al mapa nacional, augura un derrumbe en cadena. 

Después de esas elecciones, el sanchismo se transformará en un zombi político. Un ente que se arrastra lentamente hacia una muerte consolidada. Herido de gravedad, pero no extinguido del todo. Porque este régimen, forjado en la resiliencia de su líder, un maestro en el arte de la supervivencia, no lo pondrá fácil.

No se rendirá. Dejará la vida en la línea de meta, que no es otra que el verano de 2027, cuando las elecciones generales marquen el ocaso definitivo. Hasta entonces, veremos maniobras desesperadas: pactos inverosímiles, reformas cosméticas para aparentar cambios, y un bombardeo mediático que intentará manipular la realidad. Pero el zombi ya estará en descomposición, sus extremidades políticas cayendo una a una, mientras la sociedad española, exhausta, pero resiliente, observa su lenta agonía.

Tras esa defunción brotará una nueva generación del 27, no sabemos si tan poética como aquella que elevó la literatura española a cumbres difícilmente alcanzables, pero cuya letra, sin duda, no se escribirá en renglones tan retorcidos como los que deja el sanchismo. Será un momento donde la política trate de recuperar los valores perdidos y el debate se centre en solucionar los problemas de la gente. Pero no nos adelantemos en el optimismo. El año y medio que resta será un calvario. El sanchismo, conocedor de estar en su última fase, podría intensificar sus males: más impuestos asfixiantes, más concesiones a los independentistas para aferrarse al poder, más erosión de la independencia judicial. 

Mis paisanos, con su carácter noble, y su obstinación, saben que el cambio definitivo empieza este domingo. No van a aguantar más tiempo a los que han convertido España en un lodazal. Del batacazo de Pilar Alegría, el que no se recuperará será Sánchez. Este principio del fin no es solo electoral, es un despertar colectivo. El sanchismo tras las elecciones aragonesas, se convertirá en un enfermo terminal. Sobrevivirá durante un tiempo muy determinado, y gracias a unos cuidados paliativos que lo mantendrá conectado a una máquina, que afortunadamente sufre una obsolescencia programada para el 2027.

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