Los patios con campos de fútbol son machistas
«Lo único que saben los podemitas es prohibir. Les da igual a adultos que a niños. Tratan de tutelarnos a todos»

Una pareja de niños juega al fútbol ante la atenta mirada de un jubilado. | Sergi Reboredo (Zuma Press)
En «Podemia», ese lugar alucinógeno que sólo existe en las cabezas más disparatadas, no dejan de surgir ideas que un servidor se pregunta si nacen en una comuna hippy después de un mal viaje lisérgico. La última perla viene de Ibiza, esa isla que asociamos con fiestas locas, playas paradisiacas y, ahora, con concejalas de Podemos que quieren prohibir el fútbol en los colegios. Angie Roselló, portavoz de Unidas Podemos en el Ayuntamiento de Sant Antoni, ha propuesto eliminar los campos de fútbol de los patios escolares. Según ella, el fútbol es un «problema», una «práctica deportiva tóxica» que «ocupa hasta el 80% del espacio, relega a las niñas a los márgenes y fomenta la violencia». «No he visto otro deporte donde haya más hooligans y más hostias», soltó en el pleno municipal, con el apoyo del PSOE local. La moción fue rechazada por el gobierno del PP.
La propuesta de Roselló iba envuelta en un paquete ecofeminista. Transformar los patios escolares en «refugios climáticos» con más árboles, menos hormigón y espacios «inclusivos y no competitivos». El objetivo principal era eliminar la «centralidad» de los campos de fútbol porque, según Roselló, dominan el patio, y son usados mayoritariamente por niños que dejan a las niñas apartadas en los márgenes. Además, argumenta que el fútbol genera conflictos, discusiones y hasta violencia, convirtiendo a los chavales en futuros «machirulos». En palabras suyas, «Los niños solo discuten cuando juegan al fútbol». Y para rematar, quiere fomentar actividades mixtas, polivalentes y tranquilas, como si los recreos debieran ser sesiones de yoga colectivas en vez del caos divertido propio de la niñez.
Todo es ridículo y absurdo. Los campos de fútbol ocupan mucho, pero es que los patios están para jugar, y el fútbol es el rey porque a la mayoría de los niños, y también de las niñas, les gusta. Si otras actividades son «minoritarias», como dice Angie Roselló, será porque pocos las eligen. No es que el balón sea un tirano, es que es popular. Esta podemita podía preguntarles a las jugadoras de la selección femenina de fútbol, y campeonas del mundo, qué les parece su propuesta. Si se sienten identificadas con ser personas violentas por practicar este deporte o les ha traumatizado cuando eran niñas que el campo de fútbol de sus colegios ocupase la mayor extensión del patio. Un servidor no quiere pensar que en Podemos crean que estas mujeres exitosas eligieran el fútbol por el machismo imperante, y no por decisión propia. Mujeres libres, como no las quieren en Podemos. Estoy convencido de que Ione Belarra e Irene Montero han visto los mismos partidos de fútbol femenino que un gusano de seda.
Después está lo de la exclusión de las niñas. Aquí entra el feminismo podemita, ese que ve machismo en cada esquina. Según Roselló, los niños, siempre tan machistas, dominan el patio y no dejan jugar a las niñas. ¿En serio? Las niñas juegan a lo que quieren: a la goma, a la comba, con muñecas, y si les apetece, al fútbol. El problema no es el balón, es forzar una igualdad artificial que ignora las preferencias naturales.
También está el tema de la violencia. «Los niños solo discuten cuando juegan al fútbol», dice esta concejala. ¿En qué mundo ha vivido Angie Roselló su niñez? ¿En una cápsula aislada, como una princesa en una torre de marfil? La vida es conflicto desde el nacimiento: los bebés lloran por el pecho, poco después se pelean por los juguetes con sus hermanos, y en el patio, sea con balón o sin él, hay tirones de pelo, empujones y broncas jugando al escondite, las canicas o incluso con las muñecas. El fútbol es el origen de todos los males, el semillero de futuros machirulos, hooligans y violentos. Algo ridículo. El fútbol enseña trabajo en equipo, resiliencia, a ganar y perder. Prohibirlo es privar a los chavales y chavalas de lecciones vitales.
Lo único que saben los podemitas es prohibir. Les da igual a adultos que a niños. Tratan de tutelarnos a todos. Ya están ellos para decirnos qué es lo bueno y qué es lo malo. Prohibir el tabaco en las terrazas, las corridas de toros, o ahora el fútbol en los colegios. ¿Por qué todas sus ideas son estupideces, y nunca cosas importantes como bajar impuestos, mejorar la sanidad, acceder a una vivienda o combatir la inflación? Porque su ideología es autoritaria. Odian la libertad individual. Irene Montero, la exministra de Igualdad, esa que tanto ha hecho por polarizar el país, es el paradigma. Ahora es cuando sí que se le puede llamar «feminazi». Ella no odia a los españoles por nuestro color de piel, pero sí por nuestras ideas, gustos, costumbres o credos. Tanto que nos expulsaría sin pensárselo. Sus leyes de género, con cuotas obligatorias, son un asalto a la libertad. Y ahora, con Angie Roselló, van a por los niños, esos machistas en potencia que odian a las niñas y no las dejan jugar a «sus cosas».
