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Montanoscopia

Hoy nos quedaremos sin Alegría

«Si no existiera la democracia, habría que inventarla: al menos como máquina de laminar jetas»

Hoy nos quedaremos sin Alegría

Pilar Alegría. | Europa Press

1. Con un poco de suerte hoy nos quedaremos sin Alegría. En el fondo es una pena, porque era una cara agradable. Pero todo agrado posible e imposible se convierte en desagrado (incluso en desagrado máximo) si está relacionado con el tétrico sanchismo. Y Alegría ha formado parte del sanchismo hasta las heces; ha estado muy en el rollo dirty de Sánchez. Que sea borrada del mapa Alegría nos producirá mucha alegría.

2. Hasta en los instantes de mayor descontento con la política, esta tiene algo muy bueno cuando es democrática (por eso la democracia es insuperable): procede a la eliminación periódica de jetas. Este bien tiene como contrapartida un mal: la llegada de jetas nuevas. Pero nadie es perfecto. Al menos se les cambia el agua a las aceitunas. 

3. La verdadera pena de Telediario la sufrimos los ciudadanos comunes y es tener que afrontar cotidianamente las jetas triunfantes de la política. Esas jetas, con frecuencia estólidas, que nos encontraremos hasta en la sopa todos los años y todas las horas de su vida política activa. Pero un día se borrarán. Y con un poco de suerte las olvidaremos por completo. Todas aquellas jetas ya borradas de la UCD, y luego las del PSOE de González y el de Zapatero, y las del PP de Aznar y el de Rajoy. Y las jetas de todos los partidos menores, autonómicos y nacionales. Convivencia (¡o conllevancia!) cotidiana con jetas insufribles. Pero un día caen, o porque las quita el jefe, o porque las quitan los votantes, que otro día quitarán también al jefe. Si no existiera la democracia, habría que inventarla: al menos como máquina de laminar jetas. (Aunque ni siquiera sin democracia hay que perder el optimismo, porque en este caso siempre llega venturosamente «el hecho biológico»; o, como decía Rubén Darío, «Ella»).

4. Me mondo con los profesores, los periodistas y los ucleses de la literatura, escandalizados con los alumnos que cantan en clase el Cara al sol. No se dan cuenta de que no lo cantan por Franco, sino por ellos. No se ven a sí mismos ni tienen idea de lo que representan: el Poder y la Iglesia realmente existentes. Son los predicadores e inquisidores de nuestra época; un coñazo para los chavales. Hoy no hay, técnicamente, más Franco que ellos.

5. Tras el desastre de los trenes y las carreteras y las pertinaces lluvias del momento, dijo uno que pronto vendrán los ascensores y otro que los pantanos, que se resquebrajan. Al leer este último pronóstico tuve una fantasía macabra: tal vez Franco fue un terrorista que dejó el país sembrado de pantanos con obsolescencia programada, para atentar décadas después contra la democracia que le sucedería. ¡Franco como catastrofista activo, en plan etarra supremo! O tal vez todo se debe, como Losantos asegura, a la maldición de Tutanfranko.

6. Llevo ya un par de semanas con una felicidad interior, con una dulzura adentro como hacía tiempo que no tenía. Es que vi una película que me metió en una burbuja de reconciliación con la vida, y ahí sigo más o menos (aunque tarde o temprano explotará). La película es la japonesa de hace diez años, Nuestra hermana pequeña, del director Hirokazu Kore-eda, con música (fundamental) de la compositora Yoko Kanno. La nota de Filmin la emparenta con Mujercitas y algo de eso tiene. Y acaba en la playa como Los 400 golpes de François Truffaut. Pero aquí los golpes de la vida (que no se omiten) están amortiguados por el amor entre las hermanas, que es delicado y bellísimo, de una ligereza envidiable. Como la película.

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