The Objective
Hastío y estío

Rufián quiere ser como Sánchez

«Ahí donde lo ven, Gabriel se ha convertido en un dandi desde que pasa tanto tiempo en Madrid»

Rufián quiere ser como Sánchez

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. | EP

El pasado 8 de febrero cumplían años mi amigo Miguel y el «madrileño» Gabriel Rufián. El político perteneciente todavía a Esquerra Republicana debería pedirle permiso al artista C. Tangana para que le cediera los derechos de ese sobrenombre, pues lo llevaría a gala y lo defendería igual de bien que el cantante y director de cine. Rufián es un flâneur de Madrid. Le encanta patear sus calles, beber en sus tabernas y comer en sus restaurantes, y para terminar, qué mejor que echarse unos bailecitos en un bar de copas con la atractiva actriz Esther Expósito. 

He empezado este artículo comentando que el pasado domingo cumplieron años mi amigo Miguel y Gabriel Rufián. La amistad explicaría que le dedicase el artículo a mi amigo, que por cierto también es conocido, pero es una persona discreta, que prefiere pasar desapercibido a entrar en el Congreso de los Diputados como un elefante en una cacharrería. No me queda otra, y por descarte, que este artículo vaya a tratar sobre Rufián y sus circunstancias. El político catalán tiene poco de filósofo y menos de Ortega y Gasset, pero estoy seguro de que, como buen progre moderno, se ha recorrido la calle con ese mismo nombre para hacer unas «humildes» compras. Y es que ahí donde lo ven, Gabriel se ha convertido en un dandi desde que pasa tanto tiempo en Madrid. Los 44 años que cumplió recientemente son más que suficientes para mostrar una madurez en la indumentaria que reniegue de ese chándal tan mayoritario como antiestético visto en las plazas barcelonesas. 

Lo que parece claro es que Rufián se va alejando de Cataluña de la misma manera que Cataluña quiere que Rufián se aleje de ella. Los catalanes más cercanos a los postulados de Esquerra sienten que Gabriel se ha acomodado en Madrid. Y no les falta razón. El independentista furibundo, el león que más rugía mientras lucía una dentadura ensangrentada tras degustar unos vinos del Priorat, ahora parece un inofensivo gato madrileñizado, valga la redundancia. 

Rufián parece saber que Cataluña ya no le quiere, pero él no quiere dejar de llevar el chollo de vida que lleva. Un diputado nacional que vive como Dios, por muy ateo que sea. Un «presunto» independentista que sabe que sí vive a cuerpo de rey es gracias al Estado español y a que Cataluña siga perteneciendo a él. Por eso este humilde articulista piensa lo que dice el título de este artículo. Y es que hay políticos para los que sus supuestos principios quedan relegados si se sigue ostentando cualquier tipo de poder e influencia, y por ende una calidad de vida inimaginable tras los nulos méritos demostrados. En esto Sánchez es único, el mejor, el «puto amo». Pero tiene en Rufián su discípulo más aventajado. Y es que Gabriel se estaba «sanchizando» antes de que todos supiéramos de las artes maquiavélicas del presidente del gobierno. Y es que en diciembre de 2015, Rufián hizo esas declaraciones que le acompañan desde aquel momento donde dijo «En 18 meses dejaré mi escaño para volver a la república catalana» dando a entender que su estancia en la vida política era algo puntual y anecdótico. En marzo de 2016 reiteró que no había un plan B, y que tras esos 18 meses se marcharía sin estar ni un día más. 

Se están cumpliendo los diez años de la gran mentira de Rufián, pero parece que esta se alargará sine die, sin fecha de caducidad a la vista. Por lo menos ese es su objetivo, como demuestran las últimas noticias, donde parece que está buscando reunirse con los distintos líderes de los partidos a la izquierda del PSOE para crear un frente amplio que haga más competitivo electoralmente al bloque de izquierdas en las siguientes elecciones. No deja de ser curioso que el primer partido que se ha negado a pertenecer a esa alianza sea Esquerra Republicana, el partido del que es portavoz en el Congreso Gabriel Rufián. Si de todas maneras siguiera adelante con este proyecto, demostraría que sus intereses siempre han sido personalistas y nada relacionados con las ideas. Esquerra ha dicho que es un partido con intereses y políticas propias donde el fin último es conseguir la independencia, y que esos objetivos no lo son de otros muchos de ese posible frente, haciendo que se diluyan en ese batiburrillo de partidos y propuestas. También están Sumar e Izquierda Unida, que parece que están organizando también su propia alianza, pero que seguro que entrarían en la de Rufián si ven que es la que mejor funcionaría electoralmente. De Podemos no hablo porque un servidor respeta mucho a los muertos

Si Rufián sigue con esa aventura y se materializa en algo concreto, habrá traicionado a su partido y a sus supuestas ideas. Rufián se supone que sería el cabeza de lista de una formación donde las sensibilidades y preocupaciones serán distintas a las de un partido independentista catalán. Tendría que hacer campaña en Jaén y decir que siempre le ha preocupado el sector agrícola de esa zona, y que nunca ha pensado que con los impuestos que pagan los catalanes se mantenía a esos vagos andaluces que estaban todo el día en el bar tocando la guitarra. Tendrá que ir a Extremadura y prometerles, por fin, unos trenes que si no son de alta velocidad, por lo menos no serán prehistóricos. Hará lo que tenga que hacer para que le voten y poder seguir viviendo como hasta ahora. Su maestro dijo que sería incapaz de dormir si tuviera que pactar con Podemos, y luego se «encamó» con Pablo Iglesias dándole un besito en la frente cada noche antes de acostarse con su querido vicepresidente. Si Rufián tiene que hacerse defensor de las necesidades del extremeño, andaluz, canario o aragonés para obtener su escaño nacional, y que su Cataluña independiente pase a ser una parte más de lo que ha olvidado, tengan claro que lo hará.  

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