Elogio a Íker Jiménez
«Frente a un Gobierno que prefiere intimidar antes que rendir cuentas, periodistas como él son esenciales»

Iker Jiménez. | Mediaset
El pasado miércoles, Pedro Sánchez utilizó el Congreso de los Diputados no para explicar su lamentable política ferroviaria que desembocó en el accidente mortal en Adamuz, sino para lanzar ataques personales contra periodistas independientes. Nombró a profesionales como Iker Jiménez, tildándolo de propagador de bulos. Esta conducta no es solo impresentable, sino un atentado directo contra los principios básicos de una sociedad libre. ¿Desde cuándo un jefe del Ejecutivo se dedica a señalar con el dedo a quienes ejercen el periodismo con rigor y valentía?
Ya no nos sorprende que, en su afán por desviar la atención de sus propios escándalos, Sánchez aprovechase también para criticarnos a nosotros, a THE OBJECTIVE. Nos llamó «ese tabloide digital amarillo», un insulto que pretende deslegitimar el trabajo diario de investigación y análisis independiente. ¿Amarillo? Lo que molesta al Gobierno no es el color de nuestra portada, sino la luz que arrojamos sobre sus sombras. Las corruptelas y las políticas que priorizan el partidismo sobre el bien común. THE OBJECTIVE no es un tabloide sensacionalista. Es un medio que defiende la verdad sin concesiones, que cuestiona al poder cuando este abusa.
En este contexto de asedio a la prensa libre, escribir un elogio a Iker Jiménez, un periodista cuya trayectoria profesional es un ejemplo de integridad y perseverancia, se hace imprescindible. En una industria mediática cada vez más polarizada, Jiménez nunca ha cedido a presiones políticas y económicas. Ha trabajado en diversos medios, desde la radio hasta la televisión, manteniendo siempre su voz propia. En Cuatro, con Cuarto Milenio, revolucionó el género del misterio en prime time, atrayendo a una gran audiencia que buscaba algo más que entretenimiento superficial. Su capacidad para tratar temas como la ufología, la parapsicología o las conspiraciones con seriedad y escepticismo equilibrado lo distingue de otros que han tratado esos temas. No impone creencias, plantea preguntas. Esa es la esencia del buen periodismo, no dar respuestas prefabricadas, sino estimular el pensamiento crítico.
Pero si hay un programa que encarna el buen hacer de Iker Jiménez, ese es Horizonte, que presenta junto a su mujer, Carmen Porter. Emitido en Cuatro, Horizonte es un espacio de debate profundo sobre temas actuales y controvertidos, desde la geopolítica, la política nacional o cualquier tema de interés sociológico. Lo que hace único a este programa es su capacidad para reunir a los mejores periodistas de investigación de distintos medios. Una de ellas es «nuestra» Ketty Garat que, con su agudeza y su compromiso con la verdad, representa los mejores valores del periodismo.
Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. Hace unos años, Horizonte fue víctima de un complot orquestado en redes sociales, una campaña de cancelación impulsada por sectores alineados con esta izquierda posmoderna que veían en el programa una amenaza a sus postulados, siempre innegociables. Acusaciones de difundir fake news, de ser conspiranoico, y todo por no comprar a pies juntillas el ideario progubernamental. Fue un intento burdo de silenciarlo, incluso amenazando a sus anunciantes para presionar a la cadena. Pero el tiro les salió por la culata. Lejos de hundir el programa, la controversia generó un apoyo masivo de la audiencia. Las redes se llenaron de defensores de la libertad de expresión, y las audiencias se dispararon. Mediaset, viendo el potencial, no solo mantuvo Horizonte, sino que lo expandió. Hoy, gracias a esos grandes datos de audiencia, Iker Jiménez tiene un programa diario de lunes a jueves, consolidándose como una figura indispensable en la televisión española.
Este elogio a Jiménez se extiende a todos los periodistas y medios de comunicación que sufren el azote de un Gobierno que dedica más tiempo a insultar y denigrar a los medios libres y democráticos que a cumplir con su deber. Pedro Sánchez y su equipo parecen obsesionados con controlar la narrativa, atacando a quienes no les bailan el agua. En lugar de responder a preguntas legítimas sobre casos de corrupción como el de Koldo, Ábalos o Cerdán, o sobre las políticas económicas que asfixian a la ciudadanía, prefieren lanzar ataques desde el atril del Congreso o sus cuentas de X. Es un uso perverso del poder: amedrentar a periodistas para que callen sobre sus corruptelas y políticas abyectas.
En conclusión, este elogio a Iker Jiménez es también una llamada a la defensa de la libertad de prensa. Frente a un Gobierno que prefiere intimidar antes que rendir cuentas, periodistas como él son esenciales.
