The Objective
Opinión

Woody Allen tiene suerte de no ser español

«Si lo fuera le andarían gritando ‘¡Subvencionado!’ en cuanto ponga un pie en la Gran Vía»

Woody Allen tiene suerte de no ser español

Ilustración de Alejandra Svriz.

Isabel Díaz Ayuso ha dado el visto bueno a la subvención de 1,5 millones de euros a la próxima película de Woody Allen a cambio de rodar en Madrid. Me parece un acierto de la presidenta porque, en realidad, se trata de una inversión: la promoción de la Comunidad tendrá un retorno económico que impactará en sectores como la hostelería, el transporte o la cultura, sobre todo museos como El Prado. Pero el cineasta tiene suerte de no ser español, porque si lo fuera le andarían gritando «¡Subvencionado!» en cuanto ponga un pie en la Gran Vía. O le harían reproches tipo «¡Ya le han dado una paguita a uno de fuera!» Ya saben, esas cositas… Encima sabiendo que Woody Allen también les sacó «las pelas» a los catalanes para Vicky Cristina Barcelona, que le valió el Oscar a Penélope Cruz, y con la que paseó la Ciudad Condal por todo el mundo.

Con un cine español consolidado, ese efecto se conseguiría igualmente con películas de directores patrios con trayectoria internacional como Bayona (Lo imposible), Amenábar (Los otros), Fresnadillo (Damsel) o Laxe (premiado en Cannes y con dos nominaciones al Oscar por Sirāt).

Pero para eso tendríamos que resolver un conflicto enquistado, un tema que nadie puede sacar en una conversación porque la gente se exalta y salta directamente a la yugular. Lo digo por experiencia. Está «maldito» y debería evitarse en las cenas de Navidad si se quiere llegar en paz al turrón. Es uno de los más polémicos, y también de los más recurrentes: me refiero al tema de las ayudas al cine español.

Como soy cinéfilo y afrancesado (puedo echarle la culpa al Liceo Francés), quiero enfrentarme a esta cuestión mirando con envidia el modelo implantado al otro lado de los Pirineos. Pero como no quiero que me insulten desde el minuto uno, he decidido abordar la conversación con una IA para aclarar dudas con datos y un análisis (supuestamente) neutral.

«¿Cuáles son los sectores que, en porcentaje, reciben más ayudas públicas? Y, por curiosidad, ¿sería el cine (un subsector del audiovisual) uno de los más o de los menos beneficiados porcentualmente?» Según datos del informe CNMC 2025 y fuentes como Infobae, los sectores con más ayudas públicas en España (por porcentaje aproximado del total, entre 9.000 y 12.000 millones de euros) son: agricultura (alrededor de un 48% de las ayudas sectoriales), telecomunicaciones (entre el 5% y el 6%), energía y transporte. El cine, parte del audiovisual, recibe unos 167 millones de euros (entre el 1% y el 2%), por lo que es uno de los menos beneficiados porcentualmente.

«¿A qué se debe esa campaña desde hace años contra los ‘subvencionados’ del cine español, en la que se hace creer que tiene mucha más ayuda de la que me acabas de señalar?» La percepción exagerada de las subvenciones al cine español surge de factores como motivaciones políticas: algunas fuentes indican que los conservadores las usan para desacreditar un sector visto como progresista. Críticos como Fernando Díaz Villanueva argumentan que generan desperdicio y distorsión del mercado. Aunque el porcentaje es bajo (entre el 1% y el 2%), el monto absoluto (167 millones de euros) y los fracasos en taquilla (como la caída de espectadores en 2025) amplifican las críticas en medios y redes.

«Al parecer, si las fuentes son medios de izquierda, se apoyan; pero si son de derechas, lo critican. Pero, siendo objetivos, ¿tiene el cine el mismo derecho que otros sectores a recibir ayudas? Y al margen de lo económico, ¿qué valor tiene el cine en lo cultural o marca país?» Sí, objetivamente, el cine español tiene el mismo derecho a ayudas públicas que otros sectores estratégicos, ya que genera retornos económicos vía impuestos y empleos. Valor cultural: Preserva identidad, historia y diversidad. Marca país: Refuerza imagen global, fomenta turismo y soft power como en el caso de, por ejemplo, Pedro Almodóvar.

«Y con respecto al tema marca país, ¿se puede calcular el valor económico de la aportación del cine?» Sí, se puede estimar, aunque no hay cifras exactas solo para cine. Según Cotec 2025, el sector audiovisual (incluye cine) aporta unos 21.000 millones de euros al valor agregado bruto (60% de sectores culturales, al más del 2% PIB total). En marca país, impulsa el turismo cultural (22.000 millones de euros en 2023, con un 17% más de gasto por turista) y soft power (España ocupa la 4.ª plaza en Global Soft Power Index por cultura).

«¿Por qué no ocurre este fenómeno de politizar de manera tan radical las ayudas al cine en países como Francia, o incluso en Estados Unidos, que ofrece un trato fiscal especial?» En Francia, el apoyo estatal al cine es un consenso cultural bipartidista para proteger la identidad frente a Hollywood, con menos controversia por su tradición y retornos. En Estados Unidos son incentivos fiscales estatales enfocados en empleo y economía, no subsidios directos, con apoyo transversal. En España, el debate se polariza por percepciones de ineficacia y sesgos ideológicos, amplificados por los medios y las redes.

«Lo que quieres decir es que en general hay un consenso en aceptar que el cine reciba ayudas directas y/o beneficios fiscales, salvo en España, por razones políticas?» Sí, en esencia: tanto en Francia como en Estados Unidos hay consenso bipartidista por su valor cultural y económico. En España, el debate se polariza más por motivos ideológicos y con críticas a la eficiencia.

«Entre estas dos opciones:

»1. Eliminar ayudas al cine por razones de rentabilidad económica, y si el sistema no se mantiene, desmantelar el sector o

»2. Seguir con las ayudas públicas para mantener un sector por el empleo generado y su valor más allá de lo económico.

»¿Cuál eliges?»

Elijo la opción 2. Las subvenciones al cine español, aunque poco eficaces (caída de 700.000 espectadores en 2025 pese a 167 millones de euros), generan empleo (multiplicador de 1,77 euros en valor añadido, según el Real Instituto Elcano) y valor cultural (proyección exterior y diversidad, según Spain Audiovisual Hub). Eliminarlas podría desmantelar un sector estratégico sin retornos claros.

Para concluir: Ya hemos comprobado cómo Hollywood ha sabido convertirse en una imparable máquina publicitaria del American way of life (desde los pantalones vaqueros hasta Halloween), de su idioma, del turismo (¿Cuánta gente viaja a Nueva York o Las Vegas, por ejemplo, solo por lo que ha visto en las películas?), incluso de una gastronomía que no le llega a la suela de los zapatos a la nuestra… Además de ser uno de los sectores más estratégicos, el cine genera el 3,2% del PIB de Estados Unidos.

Por el bien de todos, por el de España, seguir con estériles batallas ideológicas es perder de manera suicida un negocio en el que, además, contamos con la baza de 600 millones de espectadores que hablan español. Nuestro país debería ser una potencia mundial en el sector cinematográfico. ¿No podemos abordar el tema con la neutralidad de la IA y llegar a un acuerdo que nos permita tener el mejor cine español, posible gracias, entre otras cosas, a esas ayudas directas y beneficios fiscales que afiancen un sector que se mueve entre lo industrial y lo cultural?

No sé, denle una vuelta.

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