Mertxe Aizpurua es un algoritmo
«Su presencia en el Congreso nos denigra a todos los que, antes de subir al coche, examinábamos los bajos con linterna»

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe a la portavoz de EH Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua, en el Palacio de la Moncloa. | Eduardo Parra (Europa Press)
A la hora de escribir esta columna, planté frente a mí una foto que condensa todo el horror de España en el momento actual. Es una instantánea del encuentro entre la portavoz de Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua Arzallus, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Pocas veces se ha materializado con tanta verosimilitud la expresión de que la cara es el espejo del alma. Físicamente, a su lado, el okupa de la Moncloa no ha perdido del todo la apariencia de lo humano.
El caso es que la portavoz del grupo filoterrorista en el Congreso sube a la tribuna cada vez que tiene ocasión para erigirse en adalid de los pobres, de los desposeídos, de los desahuciados vulnerables, ofreciendo un blanco inmejorable para el disparo de las analogías. Nadie es tan vulnerable como una de las víctimas de ETA, 859 personas desahuciadas de la vida, según el vademécum Vidas rotas, de Florencio Domínguez, Rogelio Alonso y Marcos Gª Rey, sobre las que esta tipa jamás ha dicho una palabra de solidaridad, de empatía o de condena de sus victimarios.
En su párvula y nebulosa inteligencia, la portavoz Aizpurua sostiene que el Estado tiene un problema con las redes sociales que permiten y «amparan delitos contra la infancia, la libertad política… mientras fomentan con sus algoritmos el odio y hasta los genocidios». ¿Con sus algoritmos? Define la Real Academia la voz algoritmo como «conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema». Toda ella es un algoritmo. Mertxe Aizpurua en defensa de la infancia y la libertad política, hay que joderse y agarrarse para no caerse, que solía decir el maestro Umbral.
La defensa de la infancia, blasona la tiparraca sobre una banda que asesinó a 21 menores e hirió de distinta gravedad a otros 170, actuaciones en las que tanto sus estrictos militantes como sus simpatizantes modelo Aizpurua, descargaban siempre la responsabilidad en las espaldas de terceros. En la matanza de Hipercor, cuatro de cuyas víctimas mortales fueron niños, echaron la culpa a la Policía argumentando que habían realizado tres llamadas de aviso antes de la explosión: a la Guardia Urbana de Barcelona, a la centralita de Hipercor y al diario Avui. La falacia de la explicación quedó desmontada por la sentencia que declaró como hecho probado la composición de la bomba: 27 kilos de amosal y 200 litros de líquido inflamable, a los que los terroristas Caride, Ernaga y Troitiño añadieron pegamento y escamas de jabón para aumentar el efecto letal del artefacto con unos efectos parecidos al napalm, pegándose a la piel de las víctimas y aumentándoles lo indecible el grado de sufrimiento. En otros atentados —recuerdo el del niño Fabio Moreno o el de la adolescente Koro Villamudria, asesinados en el coche de sus padres— desplazaban la culpa hacia los propios progenitores «por utilizar a sus hijos como escudos». «Niños negros por la explosión, trozos rojos de seso, corredores de dulces intestinos», había escrito Neruda para describir el horror de la muerte de los niños cuando se produce a mano airada.
Después de tanto espanto escondido en tanto disimulo, esta desgraciada se jactaba de lo que ha conseguido el terrorismo en la España actual en términos de poder político: «Un escaño de Bildu manda más que el principal partido del Congreso», dijo muy ufana desde el atril de oradores. No es, evidentemente, porque su voto o el de cualquiera de sus secuaces, el chisgarabís Matute o el cantamañanas de Ruiz de Pinedo, se compute por 138 diputados, uno más de los que tiene el partido con mayor representación en la Cámara.
Bueno, pues esta es la tía que aparece en la foto con Pedro Sánchez como su principal socia parlamentaria y que se jacta del precio que paga por hacer sociedad con ella el tío que detenta la jefatura del Gobierno de España. Recientemente hemos conocido otras partidas del precio: la intención de que se retire a ETA el marbete de organización terrorista en la Unión Europea y la gradual libertad de asesinos muy cualificados de la banda, como Txeroki y Asier Arzallus.
Mertxe Aizpurua dirigió la revista Punto y Hora de Euskal Herria en los años ochenta. Entre los papeles de ETA encontrados en Sokoa en 1986 había dos recibos que acreditaban la compra de Punto y Hora por la organización terrorista en 1978. Su precio: 16,69 millones de pesetas.
Hay algo más contra esta sujeta: ella era parte de un colectivo que con el nombre de Maite Soroa firmaba en la prensa abertzale una revista de prensa canalla, en la que repasaba los artículos de opinión publicados en la prensa vasca, que los columnistas no adictos mirábamos con aprensión por si aparecía nuestro nombre con negritas.
Su presencia en el Congreso nos denigra a todos los que, antes de subir al coche, examinábamos los bajos con linterna. Esto quizá tenga algo de cuestión personal, pero maldita seas, Mertxe Aizpurua y maldito sea mil veces tu socio principal en la Presidencia del Gobierno por blanquear unos adentros tan negros como los tuyos. Nunca podréis pagar todo lo que habéis hecho.
