The Objective
Contraluz

Necesitamos pensar sobre Marruecos

Todos sus problemas —territoriales, migratorios, de seguridad, económicos y políticos— son también nuestros

Necesitamos pensar sobre Marruecos

Ilustración de Alejandra Svriz.

Marruecos es quizás el país que más necesitamos conocer y al que más atención necesitamos prestar. Los problemas de nuestro vecino repercuten inmediatamente en el nuestro. Pueden ser territoriales, migratorios, de seguridad (drogas), económicos (pesca, inversiones, agricultura) y políticos (Sáhara Occidental).

A pesar de los 20 kilómetros que nos separan, sigue siendo bastante mal conocido. El turismo y el que contemos con una población marroquí asentada en España de más de un millón de personas no han ayudado, sino muy superficialmente. El turismo es, por definición, una forma de recorrer un país sin necesidad de conocerlo; y la población marroquí está apartada, en general, de la vida social, cultural y política española. Apartamiento y alejamiento que es bilateral, recíproco.

Consecuencia de esa ignorancia, mantenemos un empedernido, tenaz prejuicio negativo respecto a Marruecos y los marroquíes, aunque es un país que ha cambiado mucho para mejor en las dos últimas décadas, en lo económico y en lo social. Sus debilidades y fortalezas debieran ser mejor conocidas y estudiadas para despejar malentendidos y relacionarnos mejor. En la sociedad española, lamentablemente, la visión de Marruecos está teñida de bastante xenofobia, incluso islamofobia y, como ha resumido crudamente un experto español, hay «condescendencia, superioridad, desprecio y animadversión».

Es cierto que Marruecos no es una democracia en el sentido europeo del término y que tiene una fragilidad económica considerable. Es una sociedad a dos velocidades, pero como otros muchos países, incluso España o Portugal, en donde tenemos grandes desigualdades, que púdicamente definimos como «brecha salarial». Pero situado en el contexto de un país musulmán, norteafricano, hay que relativizar sus defectos.

Si lo queremos ver sin prejuicios, hemos de saber que el islam no es necesariamente hostil, ni es una religión monolítica; no podemos hacer la amalgama entre terroristas y la inmensa mayoría de los musulmanes. Para los jóvenes marroquíes, en el interior y en la emigración, es sobre todo una muestra de identidad, de necesidad de acogerse a unos valores (familiares, de convivencia, de afecto, de solidaridad) que se han deteriorado mucho en la Europa más desarrollada. Se podría decir que ciertos valores del islam constituyen un valor refugio en una sociedad marroquí muy segmentada, en proceso de cambio y de cierta aculturación y alienación.

«Sus infraestructuras portuarias y de medios de comunicación han mejorado sensiblemente»

En la política económica marroquí puede haber algo de escaparate, como el tren de alta velocidad Al Boraq, las autopistas o la Copa Mundial de fútbol de 2030, algo que ha soliviantado a la juventud ante las graves carencias en sectores como la educación y la sanidad, que deberían ser prioritarios. Sabemos que la base para que pueda construirse una democracia ha de tener tres cimientos: sanidad universal, educación universal y un sistema fiscal equitativo. Y ninguna de estas condiciones se da aún, además de la todavía injusta situación de la mujer, sobre todo en las zonas rurales y el interior.

La demografía marroquí, con una edad media de 29 años, un paro oficial del 40%, con millones de jóvenes con futuro incierto, no ayuda a la estabilidad, pero por ahora el sistema es sólido, sin comparación con sus países vecinos del Magreb y, aún más, del Sahel. La economía tiene sus puntos fuertes, como las zonas francas industriales (automoción, sobre todo), aunque no haya permeado el resto de la economía, en gran parte informal. El PIB marroquí sigue necesitando contar con las remesas de emigrantes, como sucedía en la España del desarrollismo. Se puede mirar con anteojeras pesimistas, pero también tener una visión más positiva y optimista. Sus infraestructuras portuarias y de medios de comunicación han mejorado sensiblemente, incluso en el norte del país, largo tiempo desatendido. Los desarrollos de Tánger MED y del próximo Nador MED afectan seriamente a la situación de Ceuta y Melilla, dos ciudades que, por otra parte, pueden correr el riesgo de una asfixia económica.

A pesar de su importancia estratégica y geopolítica, no deja de ser significativo y preocupante que ni el Instituto de Estudios Estratégicos ni la Fundación Elcano, además de la casi nulidad de la Casa Árabe, se ocupen con más frecuencia y profundidad del Marruecos real y actual. No siempre fue así —casi hemos ido para atrás en nuestro conocimiento—, pues en la época del Protectorado hubo varias instituciones españolas que se ocuparon de estudiar Marruecos, incluida nuestra provincia del Sáhara, que investigó a fondo don Julio Caro Baroja, como el Instituto General Franco y la labor de Tomás García Figueras. A pesar de un cierto tinte colonialista evidente, se hacían estudios y había publicaciones muy interesantes, hoy joyas bibliográficas prácticamente inhallables.

«Hasta el abandono del Sáhara en 1975 ha alterado nuestra política interior y aún sigue siendo un tema de controversia en la izquierda»

Contrasta esta ausencia de estudios oficiales, institucionales, con la considerable bibliografía privada sobre Marruecos, es decir, obra de observadores y expertos independientes, libros recientes como los de Ignacio Cembrero, Sonia Moreno y Javier Otazu, entre otros, pero que siguen sin llegar suficientemente al gran público.

Y es más extraña aún esta carencia si pensamos que la historia de España ha sido determinada en muchos momentos por Marruecos, desde el 711, la batalla de Alcazarquivir, con la desaparición del rey portugués dom Sebastião, que permitió que Felipe II llegase a ser rey también de Portugal y su imperio, o la más reciente de la guerra del Rif, dictadura de Primo de Rivera y sublevación del 18 de julio de 1936, que inició la Guerra Civil. Hasta el abandono del Sáhara en 1975 ha alterado nuestra política interior y aún sigue siendo un espinoso tema de controversia en la izquierda española.

Por eso han sido muy oportunas las jornadas organizadas por The Political Room y la Universidad San Pablo (Real Instituto Universitario de Estudios Europeos, CEU), jornadas de reflexión sobre España y su flanco sur. Se han discutido los asuntos más esenciales con entera libertad y un alto nivel de participantes. Han sido una piedra de toque sobre nuestras relaciones y actitudes ante Marruecos y el Magreb que deseamos tenga la necesaria continuidad.

Publicidad