The Objective
Crónicas del caos

Sánchez miente: la guerra es lo suyo

«Él puede hacer todo, desde trampas electorales hasta llenar los colegios electorales con carteles del ‘no a la guerra’»

Sánchez miente: la guerra es lo suyo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión de control al Gobierno.

Los llamados gurús de Sánchez, que son unos bodoques en pantuflas, le han alimentado su ‘no a la guerra’ en la certeza —desde luego— de que lo que más le puede convenir es que el conflicto entre los terroristas de Irán, Estados Unidos e Israel dure, por lo menos, hasta después del 17 de mayo. Así —le dicen— podrá explotar lo que ellos denominan las «contradicciones objetivas» de la oposición. Escogen estos términos porque muchos de ellos vienen del marxismo feroz y son tan elementales que copian las recetas del socialcomunismo más casposo para aplicarlas a cualquier situación presente.

No sé si son bobos del todo, las veinticuatro horas. ¿Qué más le da al psicópata de la Moncloa que los misiles de los ayatolás lleven su imagen? Al revés: le parecen un invento del marketing más adecuado. ¡Vaya! Fíjense: él pululando por los cielos. ¡Para qué quiere más este presuntuoso de pitiminí! La clave es llegar al 17 de mayo con la guerra en su apogeo y Trump contradiciéndose a diario. De verdad, los grandes socios del individuo en cuestión son el propio conflicto y, claro, el presidente norteamericano.

Porque Sánchez sabe que este mayo se la juega. Difícilmente prosperará su intención de continuar en la Presidencia hasta 2027 si le pegan los votos un nuevo zurriagazo en Andalucía. A él le trae por una higa que en la batalla caiga la pobre soldado que le ha acompañado durante todo este tiempo, la aún vicepresidenta Montero. Lo único que le importa es salvar sus muebles para continuar perpetrando fechorías desde su pedestal okupado.

No cuenta, porque niega sus efectos, con los inconvenientes judiciales que le esperan de aquí a mitad de mayo: su señora, acosada nada menos que por cinco muy serias imputaciones; su hermano, a punto de irse a tocar el arpa al salón de actos de Soto del Real; y los golfos confesos, secretarios de Organización que fueron del PSOE, Ábalos y Cerdán, por este orden. Estas causas se le van a subir a la chepa a Sánchez, que ya ha urdido una campaña basurera en Andalucía para maltratar al pacífico candidato popular Juanma Moreno.

Como todos estos sujetos/as son unos desvergonzados, ya han proclamado que la ministra de Hacienda viaja a su tierra de origen con «los deberes hechos». O sea, una responsable política de la cosa fiscal que lleva más de tres años sin presentar los Presupuestos Generales del Estado, ¿puede presumir de que ha cumplido con sus obligaciones? A otro perro con ese hueso, que el presente no se lo traga un sabueso.

Pero, por si al final esta chulería fuera mínimamente aceptada por sus huestes en retirada, la candidata del pelo escarola ya ha sacado su lengua a pasear y, haciendo un pronóstico que —como todas las profecías usuales— tiene vocación de fracaso, ha acusado a priori a Moreno de estar preparando el copago de farmacia. Este dardo se lo dirige al millón y pico de pensionistas que habitan en la región andaluza, como si estos resultaran unos idiotas de baba. ¿O es que no saben que ya están abonando una cierta cantidad de dinero de sus bolsillos cada vez que retiran un fármaco?

Si Montero pretende «regionalizar» la campaña, tendrá que encomendar a los 700 asesores de Moncloa que tengan alguna otra ocurrencia más llevadera; por ejemplo, lo dicho: la guerra de Pedrito Corchea. Puestos a escoger entre las mil alternativas que puedan presentar los susodichos, no hay otra como el ‘sí a la guerra’ de Sánchez.

Es su único argumento de campaña. Ahora bien: ¿están seguros estos muchachos/as de que este guion cuela? Claro está que no nos hallamos aquí para dar consejos a estos mentecatos, pero, por lo visto hasta ahora, mejor que vayan abandonando la ingeniosidad de convertir a Feijóo —y de paso al candidato Moreno— en la tercera pata del comando que quiere liquidar al régimen asesino de Teherán.

Por cierto: hay que ver qué cara se le puso al asténico Sánchez cuando tuvo que oír de labios del presidente popular la constancia de los 50.000 muertos que se ha cargado el jefe actual de los ayatolás y su papá, felizmente muerto. El marcado arco cigomático que le ha dejado la cara estilo calavera se le petrificó.

Con Andalucía a la vuelta de la esquina, lo mejor que le puede ocurrir al rey de la basura es que la guerra se alargue sine die. Con hipócrita compunción aseguró hace unos días Sánchez que el conflicto va a permanecer incluso hasta después del verano. A eso ha fiado él su porvenir político.

Él puede hacer de todo, desde trampas electorales hasta llenar todos los colegios electorales de las ocho provincias con carteles del ‘no a la guerra’ o con papeletas de su imagen como atractivo de los misiles de Jameneí, pero el problema suyo es que los electores/as de la región ya le han perdido el miedo y el afecto a aquella empresa corrupta de «la PSOE» y prefieren inclinarse por la moderación, la gestión eficaz de un aspirante como Moreno que, desde luego, se parece más a Adenauer que al delincuente socialista italiano Craxi, que se llevó hasta la caja de caudales de su despacho.

Sánchez, en su estulta canallería, ya hemos dejado escrito que está utilizando su última bala; a saber, intentando que engorde la imputación de que Feijóo es uno de los promotores de la guerra. El otro —23 años después— es Aznar, que participó en la otra guerra de Irak.

En las Cortes lo ha dicho: son —por Feijóo, Aznar y los suyos— cómplices de la brutalidad de EEUU e Israel. De los criminales asesinos iraníes no emplea ni una sola palabra: son sus aliados, los delincuentes internacionales que ponen la foto del escuálido Sánchez en la cabeza de los misiles letales.

Debe hacérselo mirar Sánchez: ya está comprobado que la izquierda de su izquierda no está, sin embargo, por la labor de acrecentar sus votos. Ellas —la modelo Yolanda, la histérica Belarra y la etarra Aizpurúa— están a lo suyo; Sánchez les parece poco en su crueldad.

Aunque eso sí: celebran su ‘no a la guerra’, es decir, su ‘sí a la guerra’. Él es firme partidario. Miente.

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