Francia cambia de postura sobre el vapeo y confirma que es «menos dañino» que el tabaco
Un informe oficial concluye que el aerosol del vapeador contiene menos sustancias nocivas que el humo del cigarro

Una mujer 'vapeando'. | Zuma Press
«No es lo mismo que fumar, el riesgo es menor». Con esta afirmación, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de Alimentación, Medio Ambiente y Trabajo (Anses), organismo dependiente del Gobierno francés, resume la principal conclusión de su último informe sobre los efectos del cigarrillo electrónico en la salud. El informe introduce ahora un matiz relevante: vapear no es inocuo, pero tampoco equiparable al tabaquismo en términos de peligrosidad porque es «menos dañino».
Un cambio de postura que llama la atención porque llega en un momento en el que Francia ha endurecido su legislación contra estos dispositivos. Desde febrero de 2025, el país prohíbe la fabricación, venta y distribución de cigarrillos electrónicos desechables, una medida aprobada un año y medio antes y celebrada por el Parlamento como «una victoria importante» en la protección de los jóvenes. «Se trata de una victoria importante en una doble batalla que venimos librando: la batalla ecológica contra las baterías de litio […] y la sanitaria por nuestros jóvenes, que son el blanco de este consumo, cada vez más peligrosos», declaró la ya exdiputada Francesca Pasquini, artífice de la ley.
Aun así, el nuevo informe de la Anses afirma que el riesgo existe, sí, pero es menor que el asociado al consumo de tabaco convencional. La clave, subraya el organismo, está en la ausencia de combustión. A diferencia del cigarrillo tradicional, el dispositivo electrónico no quema tabaco. Y esa diferencia técnica tiene consecuencias sanitarias de peso. Sin combustión, se reduce de forma significativa la exposición a numerosas sustancias tóxicas y cancerígenas, y se evita la generación de muchos compuestos nocivos que aparecen específicamente cuando el tabaco arde. Para la Anses, este punto resulta estructural a la hora de distinguir entre fumar y vapear.
El informe precisa, no obstante, el alcance de sus conclusiones. El análisis se ha realizado sobre dispositivos adquiridos en canales de venta oficiales y regulados —como estancos o tiendas especializadas—, lo que deja fuera los productos comprados por internet o procedentes de terceros países que no cumplen los estándares europeos de calidad y control. No todos los vapeadores son iguales, advierte implícitamente el documento.
En cuanto al perfil de los usuarios, el estudio revela que el cigarrillo electrónico continúa estrechamente vinculado al tabaquismo. El 98% de los vapeadores adultos son fumadores o exfumadores. Más del 50% de los jóvenes de 13 a 17 años y las mujeres que vapean durante el embarazo lo hacen a diario. Un 61% mantiene un consumo dual, combinando vapeo y tabaco. El uso diario del cigarrillo electrónico alcanza al 6,1% de la población adulta, mientras que el tabaquismo diario ha descendido hasta el 18,2%, su nivel más bajo desde finales de los noventa.
La Anses es clara en su recomendación: las personas que no fuman no deberían empezar a vapear. Sin embargo, introduce un matiz relevante desde la perspectiva de la reducción de daños. Para los fumadores que encuentran dificultades para abandonar el tabaco, el cigarrillo electrónico puede constituir una alternativa menos perjudicial. Eso sí, con carácter transitorio y dentro de un proceso orientado a la cesación completa. El objetivo final, insiste el organismo, debe ser abandonar tanto el tabaco como el vapeo.
Prohibido fumar en espacios públicos cerca de los niños
La estrategia de Francia para erradicar el tabaquismo tras la aprobación de la ley en 2025 no solo puso el foco en los vapeadores. También amplió de forma sustancial los espacios libres de humo. Desde entonces, está prohibido fumar en playas, parques y distintos espacios públicos, incluidos los entornos de colegios, institutos e instalaciones deportivas. Encender un cigarrillo en la arena, en una zona verde o incluso en una parada de autobús puede acarrear sanciones de hasta 750 euros, algo similar a lo que busca imponer en España la ministra de Sanidad, Mónica García.
La medida, presentada como un avance en salud pública y protección medioambiental, desató una tormenta de indignación. No obstante, el Ejecutivo galo defendió que no se trataba de una ruptura radical, sino de la extensión a todo el territorio nacional de restricciones que ya estaban vigentes en numerosos municipios. Según datos de la Liga contra el Cáncer, Francia cuenta con alrededor de 7.000 espacios sin tabaco distribuidos en más de 1.500 municipios que han adoptado este tipo de limitaciones mediante decretos locales en los últimos años. El salto de 2025 consolidó esa tendencia y la convirtió en política de Estado.
Ya en 2023, el entonces ministro de Sanidad, Aurélien Rousseau, presentó el Plan Nacional de Lucha contra el Tabaquismo 2023-2027, con el objetivo declarado de avanzar hacia una «generación sin tabaco». Aunque no era el primer paso: desde 2007 está prohibido fumar en espacios cerrados de uso colectivo, y ya entonces se apuntaba a futuras restricciones en determinados entornos al aire libre.
Los indicadores muestran una evolución a la baja del consumo tradicional. De acuerdo con el Observatorio Francés de Drogas y Tendencias Adictivas (OFDT, por sus siglas en francés), el 23,1% de los adultos se declara fumador habitual, el nivel más bajo desde los años noventa. Las ventas de tabaco, además, descendieron un 11,5% en el último año en comparación con 2023. Entre los menores también se aprecia un retroceso del cigarrillo convencional: si en 2017 un 25% de los jóvenes de 17 años afirmaba fumar, en 2022 el porcentaje se situaba en el 16%. En sentido inverso, el uso del cigarrillo electrónico ha ganado terreno. Un 6,1% de la población francesa declara vapear a diario, frente al 2% registrado en 2017.
