Diana de Arias, la diseñadora que transformó un ictus en una herramienta para ayudar a otros
The Positive entrevista a la creadora de Decedario, un juego para rehabilitar las funciones cognitivas

Diana de Arias durante la gala de los premios GIRA Mujeres. | Cedida
Hace once años, Diana de Arias era estudiante en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Valencia (EASD) y regresaba emocionada de su Erasmus en Roma a pasar las Navidades con su familia. Durante esos días comenzó a encontrarse mal y, tras acudir al hospital, fue enviada de vuelta a casa con un diagnóstico erróneo de vértigo. Días después, mientras su estado empeoraba, se confirmó el error: estaba sufriendo un ictus cerebral, un episodio que transformaría su vida.
«Pasé meses en el hospital sin poder moverme, sin poder prácticamente hacer nada. Dejé de andar, dejé de comer, mientras esperaba una operación de la que no sabría si podría salir adelante», relata. Tras la intervención, de Arias tuvo que afrontar además las múltiples secuelas que había dejado el ictus.
Fue durante el proceso de recuperación cuando identificó que la metodología utilizada para rehabilitar las habilidades cognitivas de pacientes como ella era insuficiente. «Vi que se utilizan muchos juegos genéricos que se pueden encontrar en cualquier juguetería y que presentan numerosos problemas de usabilidad, claridad y diseño», explica. Detectó que muchos materiales tenían un componente infantilizado que podía generar frustración en perfiles adultos, así como un exceso de estímulos visuales y auditivos que podían resultar contraproducentes para personas neurodivergentes.
Tras su recuperación, de Arias regresó a la universidad, donde transformó estas observaciones en el proyecto final de su carrera, impulsada por la convicción de «crear un proyecto que pudiera mejorar la vida de personas que habían pasado por lo mismo». En colaboración con un equipo de especialistas de la Asociación de Daño Cerebral de Valencia, creó un material con formato de juego de mesa llamado Decedario, orientado a mejorar las herramientas de intervención de los profesionales. Hoy, la empresa fundada y liderada por de Arias está presente en ocho países, ayudando a más de 150.000 personas.
La fundadora compara Decedario con un gimnasio, explicando que así como en los centros deportivos existen máquinas para trabajar todos los músculos del cuerpo, el kit reúne las herramientas necesarias para estimular las distintas funciones cognitivas. El material contiene más de 500 piezas manipulativas que permiten generar millones de actividades destinadas a trabajar áreas como la atención, el lenguaje y la memoria.
Compromiso con la inclusión social
Aunque Decedario nació como una herramienta dirigida a personas con daño cerebral, su creadora explica que pronto comprendió que las dificultades cognitivas están presentes en una amplia diversidad de perfiles. Por ello, decidió ampliar el alcance del material con el objetivo de ayudar al mayor número de personas posible. Actualmente, Decedario es apto para personas neurodivergentes, población infantil con necesidades educativas especiales y adultos con deterioro cognitivo como Alzheimer, demencias u otras patologías como Parkinson.
Pero no se queda ahí; hoy en día Decedario también es utilizado por todo tipo de personas, incluyendo a quienes simplemente quieren entrenar sus habilidades cognitivas. «Si desde pequeños quienes no tienen ninguna patología son capaces de jugar con otros perfiles y ayudarles mientras comprenden la diversidad a través del juego, se genera una inclusión fundamental dentro del mundo educativo», afirma.
Por otra parte, el material fomenta un uso intergeneracional en el entorno familiar, permitiendo que niños jueguen con adultos mayores que padecen de deterioro cognitivo o que padres acompañen a hijos con dificultades educativas. Estas interacciones crean espacios de entretenimiento y comprensión mutua.
De Arias mantiene que los diseñadores tienen la responsabilidad de priorizar el impacto social y la inclusión en sus proyectos. Por ende, con Decedario, aspira a generar un cambio de mentalidad respecto a las personas que viven con dificultades cognitivas, una transformación que espera que trascienda a distintos ámbitos de la sociedad, incluidos el educativo y el legislativo.
El emprendimiento como motor de cambio
Diana de Arias participó en la edición de GIRA Mujeres de este año, el concurso de Coca-Cola que impulsa la representación femenina en el mundo del emprendimiento. «Los datos demuestran que existe un desequilibrio de género en el sector del emprendimiento y necesitamos apoyo como el que ofrece GIRA Mujeres», señala al explicar por qué decidió presentarse.
El concurso contó con la participación de 880 mujeres, que se presentaron en las categorías de Quiero emprender y Tengo un negocio. De Arias fue una de las dos ganadoras de la segunda sección. Entre los premios del concurso se incluyen una mentoría de cuatro meses brindada por Impact Hub, 8.000 euros en capital semilla, tres meses de clases de aceleración de negocios y una formación impartida por ESIC, especializada en impulsar o mejorar emprendimientos.
La diseñadora subraya que GIRA Mujeres ejerce como una plataforma para visibilizar iniciativas con impacto social y añade que el foco en la participación femenina es particularmente relevante en este ámbito, ya que «los datos señalan que las mujeres son más propensas a crear proyectos que van más allá del objetivo económico y buscan mejorar la sociedad».
En estos momentos, de Arias tiene como objetivo expandir Decedario mediante la incorporación de tecnología que facilite el trabajo de los profesionales en los ámbitos clínico y educativo. Asimismo, plantea llegar a más personas a través de la traducción del material a otros idiomas.
La historia de Diana de Arias es la de quien convirtió el momento más retador de su vida en una iniciativa para acompañar y apoyar a otros. Haber sufrido un ictus a los 23 años, afirma, cimentó la convicción de que «levantarse cada día y ver que, a través de tu trabajo, estás mejorando la vida de las personas es la mayor satisfacción y motivación que puede experimentar alguien». Esa experiencia la impulsó, además, a luchar «cada día para generar un impacto».
