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Sociedad

Fundación A LA PAR: cuatro generaciones de mujeres comprometidas con la inclusión 

La ONG lleva 78 años trabajando por la igualdad de oportunidades para personas históricamente estigmatizadas

Fundación A LA PAR: cuatro generaciones de mujeres comprometidas con la inclusión 

Almudena Martorell, Presidenta Fundación A LA PAR. | Cedida

Era 1948 y, aunque en buena parte de Europa la lepra se encontraba prácticamente erradicada, en España seguía siendo un problema sanitario. Ese año, Carmen Pardo-Valcarce, primera presidenta de UNICEF España, visitó la leprosería de Trillo (Guadalajara) donde surgió su vocación de acompañar a las personas afectadas por la enfermedad y a sus familias. 

En las conversaciones que mantuvo con quienes padecían la enfermedad, Pardo-Valcarce comprendió que el deseo unánime era que sus hijos pudieran crecer en un entorno alejado de la lepra. Aquellos niños, además, sufrían una fuerte estigmatización social por la situación de sus padres.

Consciente de esa aspiración, Pardo-Valcarce adquirió unos terrenos en lo que hoy es el barrio de Montecarmelo, en el distrito madrileño de Fuencarral, donde, con la ayuda del entonces obispo de Madrid-Alcalá, Leopoldo Eijo y Garay, impulsó la creación del Patronato del Niño Jesús del Remedio. El centro operó como un preventorio donde los hijos de personas con lepra vivían y estudiaban.

Fundacion A LA PAR. | Cedida

En el Patronato fueron atendidos alrededor de 500 niños, sin que se registrara ningún caso de contagio. Sin embargo, como relata Almudena Martorell, bisnieta de Carmen Pardo-Valcarce y actual presidenta de la fundación, su bisabuela tuvo claro desde el inicio que el centro no debía convertirse en un espacio de segregación. «No quería que el patronato fuese un entorno excluyente donde solo vivieran los hijos de enfermos. Por eso decidió acoger también a otros niños en riesgo de exclusión». Entre ellos se encontraban algunos con discapacidad intelectual, que acabarían siendo la semilla del actual enfoque de la ONG.

Tras el fallecimiento de Carmen Pardo-Valcarce en 1967, su hija, Rosario Cavestany Pardo-Valcarce, asumió la dirección del Patronato. Para entonces, la lepra había pasado a ser un problema sanitario de alcance muy reducido en España. Por ende, Cavestany decidió ampliar el perfil de los menores acogidos, incorporando a más niños que, por distintas circunstancias, no podían vivir con sus familias. 

Aun así, la fundación necesitaba arraigarse en un objetivo específico. Sería la hija de Rosario Cavestany, Carmen Cafranga Cavestany, quien consolidaría el foco en el acompañamiento a personas con discapacidad intelectual, en línea con el compromiso original de ayudar a quienes afrontaban la estigmatización social. «Cuando mi abuela traspasa la presidencia a mi madre, lo hace pensando casi en un cierre, en que ya se había cumplido la función de ayudar en el ámbito de la lepra, que ya no era un problema en España. Fue mi madre quien decidió iniciar esta nueva etapa», explica Martorell.

Una nueva dirección

En las siete hectáreas que ocupaba el antiguo Patronato nació en 1990 la Fundación Carmen Pardo-Valcarce, rebautizada en 2017 como la Fundación A LA PAR. Un año después se crearon los Centros Especiales de Empleo de Iniciativa Social, orientados a la inserción laboral de personas con discapacidad intelectual. Con el tiempo, estos centros ampliaron su actividad, ofreciendo formación en sectores como lavandería, carpintería, decoración, obradores de chucherías, entre otros. 

Almudena Martorell con su madre, Carmen Cafranga Cavestany. | Cedida

En 2006, la ONG amplió su alcance con la apertura del Centro Especial de Empleo dedicado a la hostelería, que permite a integrantes de la comunidad A LA PAR trabajar en la preparación y celebración de eventos, en la cafetería de la fundación, Fun Bar, y en distintas franquicias de Rodilla. Ese mismo año se inauguró también la Oficina de Empleo, orientada a la inclusión laboral en empresas ordinarias. 

En el ámbito académico, en 1996 se creó el Centro de Educación Especial Niño Jesús del Remedio, hoy Colegio A LA PAR–Niño Jesús del Remedio, donde se forman jóvenes de entre 12 y 22 años, con énfasis adicional en el deporte a través de su Club Deportivo.  

En 2016, la presidencia pasó a manos de Almudena Martorell, quien describe las distintas etapas de A LA PAR como procesos de innovación constante: «La época de mi madre fue más la del empuje, la de levantar algo nuevo desde una perspectiva muy social. Ahora toca sentar los cimientos para que la fundación sea sostenible mientras crecemos». 

Como explica Martorell, el crecimiento de A LA PAR siempre se ha adaptado a las necesidades de las personas que acompañan: «Vimos que, al terminar el colegio, querían trabajar, así que creamos más recursos de empleo. Detectamos situaciones de vulnerabilidad al abuso y pusimos en marcha una unidad especializada. Observamos problemas de salud mental y abrimos un centro de día». 

Desafiando los prejuicios sociales

Una de las iniciativas más llamativas de la Fundación A LA PAR es su programa de Vida Independiente, orientado a facilitar la transición hacia una vida autónoma. El proceso comienza con formación en una «vivienda de entrenamiento», donde se desarrollan las herramientas necesarias para la gestión personal.

Posteriormente, se diseñan planes individualizados de apoyo según las necesidades de cada persona. «Pusimos en marcha este programa para quienes quieren vivir solos, con amigos o con su pareja. Diseñamos apoyos a medida para que esa vida independiente sea factible», afirma Martorell.

Actualmente, más de 80 personas de la comunidad A LA PAR viven de forma independiente. 

Para la presidenta de la fundación, la autonomía también desafía los prejuicios sociales: «Existe una mirada social que asume que las personas con discapacidad intelectual no son capaces de gestionar su dinero, trabajar o vivir solas. Esa percepción probablemente incapacita más que la propia discapacidad. Es una profecía autocumplida, e iniciativas como estas la desmienten». 

Por ello, todos los proyectos de la fundación buscan garantizar igualdad de oportunidades, para que las personas con discapacidad intelectual puedan construir su propio camino.

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