La renaturalización urbana, un aliado contra la adicción digital en adolescentes
La incorporación de la naturaleza en los entornos urbanos trasciende lo estético, impactando directamente en la salud pública

Una menor con un teléfono móvil.
La renaturalización de las ciudades se perfila como una estrategia eficaz para combatir la adicción digital y mejorar el sueño de los adolescentes, según un estudio dirigido por Juan Antonio Ortega, docente de Pediatría en la Universidad de Murcia y coordinador del Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría (AEP).
Según EFE, Ortega presentará los resultados preliminares de su investigación este fin de semana en la jornada ‘Naturaleza en Red’ de Castellón y en el Congreso Nacional de Medicina del Adolescente en Cartagena. Sostiene que la incorporación de la naturaleza en los entornos urbanos trasciende lo estético, impactando directamente en la salud pública.
«No hablamos solo de parques. Hablamos de rediseñar el ecosistema donde crecen nuestros adolescentes», afirma Ortega, quien también lidera la unidad de Pediatría Ambiental del Hospital Virgen de la Arrixaca en Murcia. El estudio, que aún está en curso con una muestra inicial de 250 adolescentes, indica que el contacto con la naturaleza mejora el sueño y disminuye las conductas problemáticas relacionadas con el uso excesivo de pantallas.
Se destaca que los jóvenes que pasan más de cuatro horas diarias frente a una pantalla—una realidad para uno de cada tres—tienen el doble de probabilidades de desarrollar niveles elevados de adicción y sufren problemas de sueño. Ortega plantea «una hipótesis ecológica clara», argumentando que la naturaleza mejora el sueño, mientras que la adicción digital lo perjudica junto con la calidad de vida, siendo el sueño un eje central de la regulación fisiológica.
Ortega afirma que «la naturaleza no compite con las pantallas; reorganiza el sistema. Mejora la regulación del sueño y reduce la vulnerabilidad conductual frente al entorno digital. Es medicina preventiva del siglo XXI». El impacto de la naturaleza en la calidad de vida se manifiesta principalmente de manera indirecta, reforzando el sueño y modulando las conductas digitales.
El proyecto se lleva a cabo en colaboración con iniciativas municipales de renaturalización, apoyadas por el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), con experiencias en lugares como Pinto, Santander y Castellón, y programas escolares como el de Caravaca y Aire Limpio en la Región de Murcia, junto con la Dirección General de Salud Pública.
«Los proyectos de renaturalización urbana no solo mejoran el paisaje; pueden convertirse en intervenciones estructurales de salud pública», enfatiza Ortega. Algunas acciones concretas mencionadas incluyen la renaturalización de patios escolares, corredores verdes urbanos y espacios públicos que favorezcan la regulación emocional y el aprendizaje al aire libre.
Ortega subraya que recientes estudios señalan un déficit significativo de experiencia natural entre la población escolar urbana: «El mensaje converge: la ciudad es un determinante estructural de salud adolescente». Desde el Comité de Salud Medioambiental de la AEP, el mensaje es contundente: «La salud adolescente no se decide solo en las consultas médicas. Se decide en el diseño de la ciudad».
Ortega incide en que la renaturalización urbana no debe verse únicamente como política climática o ambiental, sino como una inversión estratégica en prevención, bienestar emocional y resiliencia comunitaria. «No son variables aisladas, sino un sistema. Y los municipios tienen la capacidad de intervenir en él. Cuidar el entorno no es solo una cuestión ambiental. Es una política de infancia».
Una característica distintiva del proyecto es su desarrollo junto a estudiantes de Bachillerato de Investigación, convirtiendo a los adolescentes en sujetos activos del estudio. Los investigadores incluyen al ambientólogo Fran Díaz, los estudiantes Sara López, Alex López y Elena Torrecilla del IES San Juan de la Cruz de Caravaca, y la pediatra Alba Mateu.
«En el trabajo de campo hemos visto que muchos adolescentes pasan más de cuatro horas diarias con pantallas y duermen peor de lo que creen», comenta Torrecilla. «Pero también hemos observado que quienes tienen mayor contacto con la naturaleza parecen regular mejor ese impacto».
Los estudiantes participantes afirman que este proyecto les ha permitido comprender que la salud no depende solo de nuestras acciones, sino también del entorno en que vivimos. EFE
