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Ciencia

La división de un grupo de chimpancés provoca una ‘guerra civil’ entre antiguos aliados

Un estudio de treinta años en Uganda revela que la mayor comunidad de chimpancés salvajes conocida se separó en dos subgrupos

La división de un grupo de chimpancés provoca una ‘guerra civil’ entre antiguos aliados

Ataque de los grupos de chimpancés del estudio durante 2019. | Aaron Sandel

En muchas especies de primates los grupos grandes se dividen de manera habitual en unidades más pequeñas, lo que reduce la competencia para obtener recursos y sobrevivir. En chimpancés, en cambio, las separaciones permanentes son extremadamente raras.

Ngogo, la mayor comunidad de chimpancés salvajes conocida, situada en el Parque Nacional de Kibale (Uganda, África), constituye un caso excepcional. Un equipo de investigación internacional ha observado una fragmentación permanente única, que además trajo consigo un conflicto letal entre individuos que antes compartían territorio y relaciones sociales.

Durante décadas, estos animales interactuaban de manera flexible dentro de una sola comunidad, siguiendo la dinámica típica de «fisión–fusión», en la que se separan temporalmente en subgrupos, pero mantienen vínculos estables.

Sin embargo, en 2015 los investigadores detectaron un cambio, ya que los chimpancés de la parte occidental comenzaron a evitar a los del grupo central durante semanas, algo que nunca habían observado antes.

La polarización continuó hasta 2017, momento en que la parte occidental se consolidó como un grupo independiente. Desde 2018, ambas comunidades permanecieron separadas en términos de relaciones sociales, uso del territorio y comportamiento.

«Esperamos tanto para publicar el estudio porque queríamos asegurarnos de que la fisión fuera permanente. Nuestro trabajo proporciona evidencia sólida de que los chimpancés parecen tener identidades de grupo. No solo tienen un sentido de quién pertenece a su comunidad y quién no, sino que estas identidades pueden cambiar. Estudios futuros se beneficiarán de colaboraciones con psicólogos, sociólogos y politólogos», dice a SINC Aaron Sandel, de la Universidad de Texas en Austin (EE. UU.), que lidera el estudio que publica la revista Science.

Los miembros de las comunidades central y occidental dejaron de asociarse, de mantener vínculos afiliativos y de reproducirse entre sí. Además, se desplazaron por territorios separados y con comportamientos extremadamente agresivos unos con otros, hasta el punto de que esa agresión llegó a ser letal.

Violencia e infanticidio

Entre 2018 y 2024, los investigadores registraron al menos siete ataques contra machos adultos y 17 contra crías. Desde 2021, la violencia incluyó episodios frecuentes de infanticidio. Los autores advierten de que el número real de víctimas podría ser mayor, ya que varios individuos desaparecieron sin causa conocida.

«Uno de los misterios para mí es precisamente por qué el amigo de ayer se convierte en el enemigo de hoy. En este caso, los individuos crecieron juntos, se conocieron durante toda su vida y cooperaron y colaboraron para beneficiarse mutuamente de formas importantes», declara a SINC John Mitani, profesor emérito de antropología de la Universidad de Michigan (EE. UU.) y coautor del estudio.

«Aunque la agresión y las guerras aparecen ocasionalmente entre los humanos, en su mayor parte vivimos de forma pacífica unos junto a otros en un mundo con más de 8.000 millones de personas. Esta diferencia entre chimpancés y humanos es algo que me da esperanza, especialmente en un momento de creciente polarización», recalca el científico emérito.

Un caso previo con Jane Goodall

El único caso comparable con este se documentó en la década de 1970 en Gombe (Tanzania), durante las investigaciones de Jane Goodall, aunque ha sido objeto de debate debido a la intervención humana en esa población.

Para Mitani, existen algunos paralelismos entre el supuesto caso en Tanzania y lo que han descrito en Science. «El conflicto letal en Gombe tras una aparente división es la similitud más evidente. Sin embargo, también hay diferencias importantes entre ambos casos», subraya.

Por un lado, la fisión en Gombe condujo a la desaparición de uno de los grupos escindidos. Además, el grupo denominado Kasakela en Gombe expandió su territorio hacia el área previamente ocupada por los chimpancés Kahama, pero esta expansión fue breve.

Tres años después cedieron ese territorio a chimpancés pertenecientes a la comunidad más grande de Kalande. Por último, el destino de algunas hembras del grupo Kahama no pudo determinarse, ya que algunas, cuyos territorios principales se situaban al sur, nunca fueron identificadas.

«En cambio, la fisión en Ngogo dio lugar a la creación de dos grupos escindidos que continúan existiendo. Uno de ellos ha expandido su territorio sobre el del otro y no ha renunciado a esas ganancias», asegura Mitani.

«Siento que ahora puedo volver y leer sobre el caso de Gombe y entenderlo de una manera que antes no podía. Lo que presencié en Ngogo me sirve como referencia. En ambos casos, la pérdida de posibles conectores sociales y un cambio en la jerarquía de dominancia masculina parecen desempeñar un papel importante», argumenta Sandel.

En Ngogo, los chimpancés nunca fueron alimentados por investigadores, lo que aporta mayor solidez a las observaciones.

Comprender el conflicto en otras especies

El estudio también identifica posibles factores que pudieron contribuir a la ruptura, como el gran tamaño del grupo, la competencia por recursos y reproducción, cambios en el liderazgo, la pérdida de individuos clave y la aparición de enfermedades.

Además, sus conclusiones podrían ayudar a comprender los enfrentamientos en otras especies, como los humanos. «Soy más prudente y cauto que algunos de mis coautores a la hora de establecer paralelismos entre lo que describimos aquí y el conflicto humano. Una cosa que he aprendido tras más de 35 años estudiando estos animales es que nosotros no somos chimpancés. Hemos cambiado considerablemente durante los últimos 6 a 8 millones de años desde que nos separamos de un ancestro común. Este estudio muestra también en qué nos diferenciamos de ellos», subraya Mitani.

En este contexto, los chimpancés parecen considerar a los individuos externos como enemigos, sin importar quiénes sean. Los humanos, por lo general, no actuamos así. «Una diferencia fundamental entre chimpancés y humanos es que somos una especie inusualmente prosocial y cooperativa. Nos esforzamos por ayudar a otros, incluso a personas que pueden ser completas desconocidas. Esta capacidad de convivir con otros es inusual, si no única», enfatiza el investigador.

Sandel considera que «existe la tentación de hablar de ciertos comportamientos como ‘naturales’ o ‘propios de nuestra naturaleza’». Es importante recordar que los animales, incluidos chimpancés y humanos, son complejos. Nuestro comportamiento es el resultado de numerosos aspectos de nuestra biología y nuestro entorno.

Reacciones a este trabajo

En un comentario asociado y publicado también en Science, James Brooks, científico del Laboratorio de Evolución Cooperativa del Centro Alemán de Primates, explica la relevancia de este trabajo.

«Es difícil generalizar un solo caso en reglas universales, pero hay algunas lecciones importantes que extraer. Está claro que la polarización aumentó de forma marcada en el grupo antes de una división completa y de la hostilidad letal. La cohesión del grupo se mantiene no solo evitando la hostilidad, sino también manteniendo y reforzando las conexiones entre los individuos. La división del grupo en Ngogo muestra la importancia de mantener la conectividad dentro del grupo», explica a SINC.

Los chimpancés mantienen relaciones entre grupos casi siempre hostiles y violentas, incluso cuando los otros individuos antes formaban parte de su propio grupo. En cambio, otras especies como los bonobos nunca muestran violencia letal entre grupos. Estas diferencias intergrupales se observan de manera general, no solo en casos de divisiones, y varias hipótesis intentan explicar, por ejemplo, por qué los bonobos son mucho más tolerantes que los chimpancés.

Brooks recalca en su artículo que las comunidades de Ngogo demuestran que, aunque los chimpancés han sido estudiados durante décadas, para abordar cuestiones sobre procesos a nivel de grupo, la unidad de análisis es el grupo en su conjunto. «Ningún lugar de estudio por sí solo puede generar los datos necesarios, por lo que la colaboración será esencial. Esto es especialmente cierto en el caso de los bonobos, donde existen muy pocos estudios a largo plazo y, además, casi todos se desarrollan en selvas tropicales muy ricas», concluye.

Referencias:

Sandel, A. et al. “Lethal conflict following group fission in wild chimpanzees”. Science.

Brooks, J. “Civil war among wild chimpanzees”. Science.

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