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Los ejércitos se preparan para liquidar el GPS y ya prueban sistemas de orientación alternativos

Los nuevos sistemas en desarrollo acabarán instalados en nuestra vida como lo hizo el GPS

Los ejércitos se preparan para liquidar el GPS y ya prueban sistemas de orientación alternativos

GPS atómico de la empresa SandboxAQ. | SandboxAQ

El 22 de enero de 2007, muchos cajeros automáticos de San Diego (California) dejaron de funcionar y no entregaban dinero a sus usuarios. Los buscapersonas se quedaron mudos, al igual que los teléfonos en algunas zonas. Algo similar les ocurrió a los sistemas de localización de flotas, y los aviones que llegaban a su aeropuerto sufrieron alguna anomalía. El incidente duró un par de horas, y cesó de la misma manera que comenzó: sin que nadie se explicase qué había podido ocurrir. Alguien, en la cercana base naval de la Armada, enarcó las cejas, y tuvo que pedir disculpas.

Lo que había ocurrido, es que durante un ejercicio experimental, una caja de apenas 30 dólares de costo había bloqueado las señales de los GPS de todo el entorno. La interferencia había sido de tal calibre para sistemas aún no protegidos ante amenazas similares, que quedó invalidada la recepción de señales que sincronizan dispositivos de todo tipo. Puede decirse que había comenzado el principio del fin de la era GPS.

El Global Positioning System fue desarrollado a finales de los años 70 por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para fines militares. Su actividad depende de una constelación de 31 satélites y todo su funcionamiento se basa en un cálculo de tiempos. Las señales emitidas y recibidas tardan 60 milisegundos en llegar de punto a punto, y su retraso, comparado entre varias referencias, aporta una posición en el espacio. Si se interfiere la señal de los al menos cuatro satélites necesarios, retarda su llegada, y es cuando llegan los errores en el cálculo de dicho posicionamiento.

Hoy día, no solo lo usan los militares. Flotas de transporte, de pesca, redes logísticas, de taxis, nuestros coches, teléfonos y hasta los sistemas experimentales de conducción autónoma los utilizan de forma habitual. Resulta menos visible su uso por redes bancarias, las propias de sistemas de pagos, o de sistemas de distribución de energía, y es frecuente que se sincronicen por GPS. Basados en sus códigos de tiempo, si pierden la sincronía, se interrumpe el servicio. Si las transacciones financieras se validan de acuerdo a estándares temporales establecidos, siempre atienden a la señal que llega antes; si llega otra más tarde, es desechada, y con ello se provoca un conflicto.

Esta vulnerabilidad se está usando como arma de guerra. Es por ello que en zonas de combate, como el entorno de la franja de Gaza al sur de Israel, extensas áreas de Irak, o la frontera sur de Rusia, es muy común que sistemas civiles, como el de los aviones de pasajeros que pasan por sus cercanías, reporten incidentes.

El ataque selectivo de los sistemas GPS se está volviendo tan sencillo que en octubre de 2021, una exhibición de drones en China acabó con cientos de ellos derribados al perder sus referencias. Poco después se supo que no había sido un fallo, sino un ataque de una compañía rival. También fue una sorpresa hace poco para los pilotos de un vuelo comercial entre Helsinki (Finlandia) y Tartu (Estonia), cuando su GPS les decía que estaban volando sobre el Pacífico, al otro lado del planeta. El índice de fallos en las cercanías de la frontera rusa es alarmante.

Una brújula atómica

Ante este problema, compañías de varios países han puesto en marcha diversas líneas de investigación basadas en sistemas a nivel atómico. Cuando la materia se enfría tanto como para llegar al Cero Absoluto, se crea un fenómeno llamado Condensación Bose-Einstein. Un grupo de científicos de Oxford experimentan con ella, y han instalado un sistema que la maneja en barcos de la Royal Navy.

Lo que acomodan en buques militares es un sistema de navegación cuántica, una suerte de acelerómetro que mide las variaciones del movimiento a través de las vibraciones de ondas a nivel atómico. Las partículas siempre están en movimiento, y cuanta más energía tienen, más inquietas se vuelven. Se enfrían con láser para reducir su velocidad, y se puede medir este movimiento hasta el punto de que arrojan una enorme precisión a la hora de determinar sus inercias, y con ello su posicionamiento geográfico.

Si se sabe de dónde se parte, al poder medir esta agitación, se puede saber hacia dónde te desplazas. El funcionamiento es similar al de los antiguos sistemas mecánicos por giroscopios, sensores de rotación, y medidores inerciales, pero mucho más preciso. Es inhackeable, y puede medir no solo longitud y latitud, sino altitud y profundidad; no solo te dan una dirección, sino una posición. Funciona en túneles, bajo el mar, durante tormentas y periodos de mal tiempo, y está basada en la fuerza electromagnética, que es una de las cuatro fuerzas fundamentales del universo.

De momento su maquinaria es grande, necesaria de cierto mantenimiento, y en principio solo se puede instalar en trenes, barcos o aviones. Sus responsables creen que podrán ir reduciendo el tamaño hasta que pueda entrar en un reloj.

La alternativa americana

Los norteamericanos, propietarios del sistema GPS tienen su alternativa. Desarrollada por la compañía SandboxAQ, su solución es de un tamaño más reducido y desde el verano pasado se está probando en aparatos de la fuerza aérea estadounidense. A su ejército le preocupa sobremanera la suplantación de identidad, no en vano han sufrido sensibles pérdidas por esta causa, como el incidente protagonizado en 2011 por el RQ-170 Sentinel que cayó en manos de Irán. Con ayuda rusa, hicieron creer al aparato que estaba en las cercanías de su base y lo hicieron aterrizar en suelo persa… el robo perfecto.

Su principio técnico parte de una premisa básica similar al británico, pero basada en tres patas: el magnetismo de la tierra, sensores cuánticos y el uso de inteligencia artificial. La referencia espacial no estará en el cielo como en el GPS sino en el suelo y el propio magnetismo terrestre.

A pesar de todo, no están exentos de problemas. Se ha probado en aparatos de Boeing y Airbus, y han determinado que las propias aeronaves generan mucho ruido, que tienen que aislar de los sistemas cuánticos, al mismo tiempo que el propio magnetismo de las aeronaves. Cuando se ha calibrado, con magnetómetros aplicados a las alas, la propia IA limpia los datos que añaden ruido a las mediciones y el resultado es satisfactorio. Este sistema puede que acabe instalado en aparatos y vehículos propiedad del Pentágono, y al igual que el GPS, acabe en el salpicadero de nuestros coches, teléfonos o relojes.

Historias del GPS

Mientras eso ocurre, seguiremos escuchando historias como la que ocurrió el año pasado en el aeropuerto internacional Newark Liberty de Nueva Jersey. Los controladores del aeropuerto habían instalado un nuevo sistema de aterrizaje basado en GPS para que los aviones pudieran aproximarse con mala visibilidad. Pero se apagaba de forma sistemática dos veces al día, de lunes a viernes. Se tardó varios meses en encontrar al culpable.

Era un usuario de la cercana autopista New Jersey Turnpike, que utilizaba un bloqueador de GPS portátil para evitar pagar el peaje de la autopista. Este camionero pasaba dos veces al día, paralizando un aeropuerto a su paso. El aparato le había costado lo mismo que a los militares que congestionaron la ciudad de San Diego: 30 dólares. Los nuevos sistemas costarán mucho más, pero el camionero podrá seguir engañando al peaje con más tranquilidad, y a los americanos no les robarán más drones.

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