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Así es la Delta Force, el grupo de operaciones especiales que ha detenido a Nicolás Maduro

El secretismo y misterio rodea a uno de los cuerpos más enigmáticos del arsenal estadounidense

Así es la Delta Force, el grupo de operaciones especiales que ha detenido a Nicolás Maduro

Miembros de los Delta Force.

Ha sido la Delta Force. A falta de una aclaración formal, todo hace pensar que los encargados de asaltar las dependencias donde estuvieran Nicolás Maduro y su esposa en Venezuela han sido este cuerpo de operaciones especiales. El Ejército estadounidense ha encargado la operación a uno de sus cuerpos más enigmáticos y secretos.

La fama la tienen los SEAL de la Armada, pero la Delta Force, que llevaron al cine actores como Chuck Norris, ocupa un asiento de los importantes en el mapa invisible del poder militar estadounidense. No desfilan, no conceden entrevistas y rara vez confirman su existencia. Su función es otra: actuar cuando la política exterior entra en zona gris y el margen de error se reduce a unos pocos minutos.

La 1st Special Forces Operational Detachment–Delta, que es su nombre exacto, fue creada hace casi medio siglo, a finales de los 70. Tras el estrepitoso fracaso de la operación Eagle Claw (Garra de Águila) aceleraron su desarrollo y puesta en funcionamiento efectivo. El Ejército de Estados Unidos sufrió una humillación en el intento de rescate de los rehenes en Irán en 1980, y carecían de una fuerza especializada capaz de rescatar rehenes y ejecutar misiones antiterroristas complejas en cualquier parte del mundo. Desde entonces, la Delta Force se diseña como una herramienta quirúrgica, pensada para operar en silencio, con un índice de autonomía poco habitual y bajo una cadena de mando deliberadamente corta.

La unidad pertenece al Ejército de Estados Unidos, pero responde al Joint Special Operations Command. Este detalle administrativo explica gran parte de su eficacia. El JSOC actúa como un eje que integra inteligencia, aviación, operadores de asalto, drones y capacidades cibernéticas en uniones temporales. Se integran para una misión concreta y luego se disuelven.

Delta funciona en base a una fuerte componente de la inteligencia. Cada operación comienza con un proceso de análisis de la situación que combina fuentes humanas, señales electrónicas capturadas y vigilancia aérea. El objetivo no es solo localizar a un enemigo, sino comprender su entorno, rutinas y todas las variables que pueden arruinar la misión.

La ejecución es la parte visible, y siempre muy breve, de un trabajo que puede llevar meses. Delta prioriza la sorpresa, la velocidad y el control del espacio, y lo ocurrido en Venezuela atiende a este patrón. En un asalto típico, el equipo busca dominar los puntos clave en minutos, aislar al objetivo y neutralizar amenazas antes de que puedan reaccionar. La retirada está planificada desde antes de entrar, casi como en un atraco. El éxito de cada misión no solo reside en ejecutar el plan, sino en volver todos a casa.

Las pruebas de acceso, tal y como suele ser en los equipos de operaciones especiales más avanzados, resultan duras y exigentes en grado sumo, pero hay diferencias. Delta no busca un perfil homogéneo y recluta a sus equipos dentro y fuera del ecosistema de las fuerzas especiales. Valora resistencia física, orientación, capacidad de aprendizaje y, por encima de todo, criterio bajo presión. Rodeados de un gran secretismo, las pruebas más citadas en fuentes abiertas incluyen largas marchas en solitario y entrevistas psicológicas que pesan tanto como la forma física. El objetivo es detectar verdaderos operadores, no solo atletas.

Una vez aprobada la selección, llega el Operator Training Course, un periodo de formación que estandariza procedimientos y mentalidad. Tiro avanzado, combate en espacios cerrados, manejo de explosivos, conducción evasiva y coordinación en escenarios aéreos forman parte del núcleo principal. Pero lo decisivo es la cultura: pensar antes de disparar, adaptarse a lo imprevisto y asumir responsabilidad individual en decisiones críticas. El entrenamiento no concluye nunca; se actualiza con cada amenaza emergente.

La base histórica de la unidad se asocia a Fort Bragg, pero Delta entrena donde sea necesario. Ciudades ficticias, aviones, plataformas petrolíferas o instalaciones industriales sirven para reproducir escenarios reales. Si una misión es susceptible de presentarse, se ensaya con múltiples repeticiones. Una vez dominada, se introducen cambios menores a prueba de fallos.

Armamento a medida de la operación

El armamento de Delta refleja su filosofía: flexibilidad total. No existe un fusil Delta oficial. En distintas épocas y misiones se han documentado carabinas de la familia M4/M4A1, fusiles como el HK416 o plataformas de mayor calibre como el SCAR-H. La elección depende del entorno, la distancia prevista y la logística disponible. Lo importante no es el arma, sino su integración con ópticas, visores nocturnos y sistemas de puntería láser.

En pistolas, las referencias más habituales en fuentes abiertas apuntan a modelos Glock 17 o 19, muy valorados por su fiabilidad, ligereza y sencillez de uso. De nuevo, no se trata de una dotación rígida. Delta adapta su equipo a la misión y al operador. A ello se suman escopetas para apertura de puertas, rifles de precisión para cobertura o ametralladoras ligeras cuando el contexto lo exige. Todo el armamento se elige de manera específica para ejecutar misiones concretas. Un ejemplo sería el uso de calibres pequeños para asaltos en domicilios, y mayores, con armamento más contundente, para penetrar complejos protegidos o fortificados.

Tecnología punta

Donde Delta marca diferencias es en la integración tecnológica. Sistemas de visión nocturna, comunicaciones seguras, drones de reconocimiento y sensores se combinan en un sistema interconectado. El operador no es un combatiente aislado, sino un nodo dentro de una red que comparte información en tiempo real. Esa ventaja, invisible para el público, suele ser más decisiva que cualquier calibre.

La compartimentación interna refuerza esta lógica. Los equipos conocen lo imprescindible y las misiones se fragmentan para reducir riesgos y filtraciones. Esta estructura permite mover operadores entre equipos sin perder cohesión.

En el terreno de las operaciones reales, el historial de Delta se intuye más de lo que se confirma; la literatura es escasa y muy propia de quienes se mueven entre las sombras. Uno de los episodios más conocidos, y fuente de libros, películas, videojuegos e intensos análisis por fuerzas de todo el mundo, fue la dolorosa operación Gothic Serpent, en Somalia. La misión, destinada a capturar a lugartenientes del caudillo Mohamed Farrah Aidid, derivó en la batalla de Mogadiscio en octubre de 1993. La película Black Hawk derribado, bastante cercana a la realidad, muestra la crudeza de aquella acción.

Arma silenciosa pero eficaz

Tras el 11-S, Delta se convirtió en una pieza central de la guerra contra el terrorismo. En Afganistán e Irak, sus operadores participaron en la caza sistemática de líderes de Al Qaeda y redes insurgentes. Muchas de esas misiones nunca fueron anunciadas de forma pública, pero encadenaron una serie de capturas nocturnas que desarticularon estructuras asociadas al terrorismo y la insurgencia con una eficacia pasmosa.

Uno de los golpes más reseñados y que sí se hizo público fue la captura de Saddam Hussein en 2003. El objetivo no era solo detener a un dictador, sino enviar un mensaje estratégico: ningún líder estaba fuera de alcance. Algo similar a lo que ocurrió con Manuel Noriega en Panamá en 1990, o ahora con Nicolás Maduro.

En misiones de rescate de rehenes, Delta representa la última carta. Estas operaciones se diseñan para controlar el caos, no para imponer la fuerza bruta. La prioridad es aislar al secuestrador, proteger a los cautivos y extraer información útil. El éxito rara vez se traduce en imágenes; se mide en vidas salvadas y crisis evitadas.

Filtraciones poco fiables

El secreto que rodea a la unidad tampoco es un capricho estético. La ambigüedad y el misterio sobre sus capacidades disuaden a adversarios y protegen a los operadores. También explican la proliferación de nombres y designaciones de cobertura. Para el analista avezado, la regla es simple: cuanto más detallada parece una «filtración», menos fiable suele ser. Juegan al despiste.

En el debate público, Delta aparece a menudo envuelta en un halo rayano en lo mitológico. Su verdadera fuerza reside en la profesionalidad, en rutinas muy ensayadas y en la capacidad de ejecutar decisiones difíciles sin asomar ante el espejo público. No gana guerras por sí sola, pero inclina balanzas cuando la política necesita resultados rápidos y discretos. Es una unidad diseñada para desaparecer después de cumplir, para no dejar rastro ni relato, porque es en las sombras donde el poder se ejerce con mayor eficacia. Entraron de noche y en la oscuridad se volvieron a casa, pero con un invitado, muy a su pesar: Nicolás Maduro.

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