El constante traslado de aviones de EEUU a sus bases europeas hace saltar las alarmas
Uno de los aviones es una versión muy especial del conocido CASA CN-235 fabricado en Sevilla

Reabastecimiento en vuelo de un helicóptero CH-53.
El idioma es el mismo, pero el lenguaje parece otro. Donald Trump se ha crecido con el éxito militar de Venezuela, ha movido ficha al apresar dos petroleros rusos de manejos dudosos ante las sanciones internacionales, y todo apunta a que va a ir a más. Lo dice el incremento de fuerzas militares norteamericanas y lo especial de las aeronaves que está enviando.
El Pentágono lleva décadas remitiendo aeronaves a sus bases en el viejo continente. Morón o Rota, en España; Ramstein, en Alemania; Lakenheath, en Inglaterra, o Aviano, en Italia. Tiene más, y ante su falta de uso bélico sobre suelo europeo, suelen servir como punto de salto hacia otros destinos.
Pero esta vez parece diferente por el tipo de aeronave que está llegando. Lo que hasta hace poco eran tránsitos logísticos se está transformando en un flujo de aparatos propios de los equipos de operaciones especiales. Esto, y la reciente captura del petrolero Marinera, antes conocido como Bella-1, está generando cierta inquietud en entornos diplomáticos. En lo político se han reactivado viejas tensiones, ausentes durante muchos años, en el Atlántico Norte.
Hay varios aparatos que llaman la atención por el incremento de vuelos, y uno de ellos es el carguero C-17 Globemaster III. El avión de carga por antonomasia de las US Air Forces ha pasado muchas veces por nuestros cielos de camino hacia países árabes en conflicto, pero rara vez había parado, y en tal número, en aeródromos británicos. Estos movimientos sugieren algo más que una simple rotación de medios: la jugada parece responder a necesidades tácticas inmediatas o futuras y a operaciones de carácter estratégico en un horizonte cercano.
Diversos medios de información, como The War Zone, estiman que en su interior viajaban aparatos muy específicos: los usados por el 160.º SOAR, también conocidos como los Night Stalkers, la élite aérea del ejército estadounidense y el cuerpo que llevó a la Delta Force hasta la puerta de casa de Nicolás Maduro.
Sus helicópteros MH-47 Chinook y MH-60 Black Hawk pueden operar en condiciones extremas, y muchos de ellos han sido adaptados para poder reabastecerse en vuelo, algo poco frecuente en aeronaves de ala rotatoria. Esta capacidad les permite operar a distancias muy superiores a las convencionales, incluso desde el continente europeo hasta zonas remotas del Atlántico. Son aparatos idóneos para llegar lejos, posarse sin necesidad de pistas o asaltar barcos en navegación.
El despliegue también ha incluido aeronaves del tipo AC-130J Ghostrider, cañoneros volantes equipados con sensores avanzados y artillería de precisión. Este tipo de avión es un verdadero tanque con alas. Su modo de funcionamiento habitual consiste en volar en círculos alrededor de sus blancos o de zonas concretas que atacar.
Puede proporcionar fuego sostenido contra objetivos navales o terrestres, y actuar como escolta aérea para helicópteros o fuerzas de asalto. Su uso en operaciones marítimas ya ha sido probado con éxito en conflictos recientes. Sin confirmación oficial, se cree que uno de estos destruyó un narcosubmarino en fechas recientes en el entorno de Venezuela.
Junto a los AC-130J se han visto aviones U-28A Draco, modelos turbohélice basados en el Pilatus PC-12. Modificados para operaciones especiales, actúan como nodos de vigilancia, inteligencia y reconocimiento. Desde altitudes medias, pueden seguir objetivos marítimos, retransmitir posiciones en tiempo real y asistir a unidades terrestres o navales en la ejecución de acciones complejas.
Otra presencia significativa ha sido la del CV-22B Osprey, aeronave de rotores basculantes que combina las ventajas de un helicóptero con la velocidad de un avión. Su uso permite insertar o extraer equipos de operaciones especiales a largas distancias, incluso desde portaaviones o destructores en alta mar. El entrenamiento reciente con este tipo de aparato en suelo británico indica una preparación activa.
Y un exótico aparato hecho en Sevilla
Uno de los aparatos más enigmáticos de este despliegue es un modelo fabricado en España: el CASA CN-235. Esta aeronave, operada por el 427.º Escuadrón de Operaciones Especiales, ha sido vista en la base de Fairford, y se sabe que ha sufrido profundas modificaciones para cumplir tareas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento en entornos tácticos. Aunque por fuera no deja de parecer un transporte ligero, su interior ha sido adaptado con sensores ópticos, antenas de señales y sistemas de vigilancia electrónica, lo que le permite operar como avión espía en escenarios sensibles.

El CN-235 estadounidense no lleva marcas visibles que lo identifiquen como aparato militar, lo que facilita su empleo en operaciones de bajo perfil. Ha sido observado en misiones sobre Sudamérica y Oriente Medio. Su capacidad para despegar desde pistas cortas, permanecer en el aire durante largos periodos y transmitir datos en vivo lo convierte en una herramienta ideal para el apoyo de operaciones marítimas, vigilancia de flotas oscuras o ayuda a equipos de operaciones especiales desplegados en entornos delicados.
El objetivo más visible de toda esta flotilla de aeronaves ha sido el petrolero Marinera, buque con antecedentes de evasión de sanciones, carga de crudo venezolano y conexiones con la red energética rusa. Capturado en alta mar tras semanas de seguimiento, su abordaje involucró buques de guerra, guardacostas y helicópteros. Washington justificó la operación como parte de su campaña para bloquear el comercio ilícito de petróleo que financia regímenes sancionados.
Emplazamiento estratégico
Las aeronaves implicadas en esa captura se coordinaron desde bases europeas, lo que demuestra la necesidad de estos emplazamientos para operaciones en el eje Atlántico Norte-Mediterráneo. El uso de gasolineras volantes como el KC-135 permitió extender la permanencia aérea de helicópteros que, de otro modo, no habrían alcanzado sus objetivos.
Algunos de estos movimientos coinciden en el tiempo con ejercicios de la OTAN, aunque su naturaleza repentina sugiere objetivos concretos. En paralelo, se ha visto un aumento del tráfico de aviones espía RC-135 y de vigilancia marítima P-8 Poseidon, lo que apunta a una cobertura integral de inteligencia y control del dominio marítimo.
El renovado interés de Estados Unidos en el norte de Europa tiene otra lectura: Groenlandia y el Ártico han entrado de lleno en el tablero estratégico. El Ártico ha dejado de ser una región secundaria. Con el deshielo abriendo nuevas rutas marítimas y la creciente presencia naval de Rusia y China, Estados Unidos quiere mantener capacidad de respuesta. El movimiento de aeronaves hacia Europa podría ser el preludio de una reconfiguración del eje de operaciones aéreas, con Groenlandia como bisagra entre el Atlántico Norte y los accesos polares.
Se atisban más operaciones similares
Otro aspecto preocupante es la posibilidad de que buques sancionados empiecen a recibir protección directa de unidades militares. Ya se han visto movimientos de submarinos rusos en zonas próximas al paso del Marinera, y medios aliados informan de contactos navales entre Moscú y su flota petrolera. Estados Unidos parece anticiparse a ese tipo de escaladas, reforzando sus capacidades aéreas para mantener ventaja táctica.
El Pentágono envía un mensaje claro: puede actuar rápido, lejos y con precisión. La combinación de aeronaves de inteligencia, helicópteros de infiltración, cañoneros y medios de reabastecimiento configura un sistema capaz de operar en zonas sin cobertura de bases o sin necesidad de apoyo externo; un modelo idóneo para misiones sensibles y de cierta complejidad logística.
La elección de los activos desplegados indica que se prepara algo más que disuasión. Los próximos meses serán clave para entender hasta qué punto este despliegue forma parte de una campaña sostenida o es una respuesta puntual. Si la situación se prolonga, podríamos ver un aumento de vuelos, más ejercicios de abordaje y una consolidación del flanco norte como zona de operaciones continuada.
