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RQ-170 Sentinel: el ojo volador que mantuvo vigilado a Nicolás Maduro durante semanas

El dron más misterioso del arsenal estadounidense fue una pieza clave en la captura del mandatario venezolano

RQ-170 Sentinel: el ojo volador que mantuvo vigilado a Nicolás Maduro durante semanas

Un dron RQ-170 Sentinel, fabricado por Lockheed Martin. | Fuerza Aérea de los EEUU

Centenar y medio de soldados de operaciones especiales, una decena de helicópteros, ocho buques militares, un submarino nuclear y hasta un portaaviones. Esa es la cuenta, estimada, de los medios que aportó el Pentágono para capturar a Nicolás Maduro. Pero poco o casi nada se habla de la pieza más misteriosa, secreta y enigmática de semejante arsenal, que tuvo un papel clave en la operación: el dron RQ-170 Sentinel.

En el reverso de los billetes de dólar hay dibujado un ojo dentro de un triángulo. Simboliza a Dios, vigilante, que observa y protege. Pues el RQ-170 es bastante parecido a lo que quedó plasmado en el billete verde desde que Charles Thomson lo aprobó en 1782. Un ojo que viaja aupado sobre un triángulo y que mira de forma incansable desde los cielos… para desgracia del mandatario venezolano.

El 3 de enero pasado, al menos una unidad de esta aeronave —aunque se cree que se utilizaron dos— estuvo sobrevolando Caracas. Ese día, y unas cuantas jornadas más con anterioridad, nadie fue consciente de su presencia. El aparato apenas suena, su firma de radar es la de una pelota de tenis, no porta arma alguna, no dispara nada y tampoco se tira de cabeza contra sus blancos. Tan solo mira, escucha y todo lo hace en un silencio casi absoluto. Es el auténtico «eye in the sky», el ojo en el cielo al que cantaba Alan Parsons.

Para comprender por qué el RQ-170 es tan especial, solo hay que echar un vistazo a su origen. Concebido por la división Skunk Works de Lockheed Martin, salió de la misma factoría en la que vieron la luz aviones tan legendarios como el F-117 y el SR-71. Estos proyectos nacieron de una exigencia: operar en espacio hostil sin entregar señales de su presencia, hacerse invisibles.

Esa es la razón por la que el Sentinel no es un arma ofensiva, sino más bien un arma situacional. Su función básica es permanecer en el cielo por largos periodos, recoger datos, registrar actividad y ofrecer una visión precisa de lo que ocurre bajo sus alas. Por eso, los elementos de los que está hecho, sus atípicas formas o su sistema de propulsión están pensados para reducir su visibilidad ante los radares más sofisticados.

El diseño del RQ-170 recuerda al de un murciélago, casi al avión de Batman. No tiene cola ni superficies que sobresalgan. Su estructura es suave, sin ángulos que reflejen señales de radar. El fuselaje está compuesto en gran parte por fibras y materiales compuestos que absorben energía, lo que reduce la posibilidad de detección. La toma de aire del motor está ubicada en la parte superior para ocultar su actividad; de otro modo sería un espejo ante los radares.

Con una envergadura que ronda los veinte metros y una longitud de unos cuatro metros y medio, este dron opera a altitudes de alrededor de quince mil metros, muy por encima de lo habitual en vuelos comerciales. Desde ahí arriba, la misión principal no es alcanzar grandes velocidades ni combatir: es ver con claridad.

Dentro del RQ-170 hay un paquete de sensores con lo más avanzado en inteligencia aérea y que sí es conocido. Utiliza cámaras electroópticas para capturar imágenes con una resolución capaz de identificar detalles en el terreno. Sus sensores infrarrojos detectan firmas de calor, lo que permite distinguir vehículos y cuerpos humanos en plena oscuridad. Está equipado con radar de apertura sintética (SAR), capaz de producir mapas precisos del terreno incluso a través de nubes o humo. Este radar no solo dibuja el terreno, sino que detecta movimientos de objetos y patrones de actividad.

A esto se suma una gama de sistemas pasivos de inteligencia electrónica. Estos equipos funcionan como gigantes oídos en el cielo, escuchan emisiones de radares enemigos, comunicaciones que viajan por el aire y otras señales. A diferencia de los radares activos, estos sensores no emiten pulsos que puedan delatar la posición del dron. Solo recogen la información disponible en el entorno. Por esta razón, el RQ-170 puede construir un panorama bastante completo de redes de vigilancia, enlaces de comunicaciones y sistemas de monitoreo sin alertar a quienes están bajo observación.

La clave es su persistencia

Más allá de los sensores, lo que realmente diferencia al RQ-170 es su capacidad para permanecer en el aire durante periodos extremos. Los satélites ofrecen cobertura periódica y restricciones de tiempo, o los aviones tripulados requieren reabastecimiento y están expuestos a peligro. Sin embargo, el RQ-170 puede sostener órbitas largas sobre un área crítica sin descanso, lo que aporta una continuidad sin igual en periodos de vigilancia. Esto permite observar cambios de rutina, movimientos de guardias, patrones de vehículos y actividades que solo se revelan por medio de la repetición.

Cada día que pasa el dron sobre un objetivo se enriquece su base de datos. Esto transforma el mapa geográfico asignado en una agenda de actividades donde cada movimiento queda asociado a una hora, una ruta y una rutina. Este conocimiento es clave cuando se planea una operación contra un objetivo protegido de forma intensa como Nicolás Maduro. Saber cuándo sus defensas son más débiles, cuándo se mueven sus escoltas o qué rutas evitan reduce el riesgo y aumenta la probabilidad de éxito.

En el caso de la captura de Maduro, el despliegue del RQ-170 no fue un accidente. Se cree que el dron estuvo sobre el cielo venezolano durante semanas antes de la operación, observó con paciencia. Su misión era sencilla: escanear zonas clave para recopilar inteligencia detallada, construir una imagen nítida de la situación y alimentar a los centros de mando con datos en tiempo real. Su presencia permitió identificar movimientos de fuerzas de seguridad, cambios en las rutinas del objetivo y configuraciones del terreno. El Sentinel no atacaría ni protegería; estaba allí para prever.

La información recogida por el RQ-170 permitió a los helicópteros de operaciones especiales moverse a lo largo de rutas discretas, evitar zonas peligrosas y colocarse en posiciones óptimas sin alertar a las defensas venezolanas. Tras la captura, el dron continuó transmitiendo datos, confirmó la seguridad de la zona y aseguró que las fuerzas desplegadas pudieran retirarse sin contratiempos.

Mandos a distancia

Los pilotos del Sentinel suelen estar en bases como Creech Air Force Base, en Nevada, a miles de kilómetros de distancia y con turnos horarios como los de oficina. Quienes manejan cada aparato pueden cambiar aunque estén en mitad de una operación. Con una taza de café en su escritorio y una lista de tareas en cada misión, estos operadores lo comandan aunque esté volando al otro lado del planeta.

La autonomía del dron permite que parte del vuelo sea supervisada por sistemas automáticos, lo que libera de forma temporal a los operadores humanos para concentrarse en la interpretación de datos y la toma de decisiones críticas. Esta metodología forma parte de la evolución moderna de la guerra.

Aunque el RQ-170 fue revelado de forma oficial hace más de quince años, su desarrollo y capacidades han permanecido en secreto durante mucho tiempo. Su primer uso operacional conocido tuvo lugar en misiones en Afganistán y Pakistán. Uno de los hitos más notables fue su papel en la vigilancia previa al asalto que resultó en la muerte de Osama bin Laden en 2011. Se cree que las imágenes que se vieron en directo en la sala de guerra de la Casa Blanca provenían de uno de estos aparatos. Pero también hay reveses en su currículum vitae.

Y algún suspenso en el curso

Uno de los episodios conocidos que han marcado su historia fue la captura de uno de estos drones por fuerzas iraníes en 2011. Tras el sorprendente hecho, Teherán afirmó haber aplicado ingeniería inversa para desarrollar su propia versión, llamada Shahed-171. Aunque la veracidad de tal réplica es objeto de debate, el incidente demostró que incluso los proyectos más avanzados pueden ser vulnerables cuando operan en territorios hostiles. Nada es fácil.

El despliegue del RQ-170 en Venezuela ilustra por qué los sistemas no tripulados furtivos se han convertido en pilares de la estrategia militar moderna. Estos aparatos permiten reducir los riesgos para el personal humano durante las operaciones y ofrecen un nivel de detalle en la inteligencia impensable hace pocas décadas. La pregunta que queda en el aire es qué viene después. Si una plataforma con casi dos décadas de existencia sigue siendo tan crucial, es lógico pensar que su sucesora ya está operativa o en fases avanzadas de desarrollo.

En cada avance tecnológico hay una lección, y la de hoy es clara: quien domina la información domina el campo de batalla. Y en ese terreno, el RQ-170 Sentinel fue, en Venezuela, el ojo que nadie escuchó llegar… y solo vio irse, y por casualidad. Fue a través de un aficionado que lo captó con su teléfono a su llegada a la base naval de Roosevelt Roads, en Puerto Rico. A Maduro, su móvil no le funcionó tan bien.

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