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Tecnología

Drones, misiles y fútbol: la Copa del Mundo de fútbol será el ensayo del escudo Golden Dome

El evento deportivo servirá de laboratorio para uno de los proyectos más ambiciosos de Donald Trump

Drones, misiles y fútbol: la Copa del Mundo de fútbol será el ensayo del escudo Golden Dome

Un dron. | Freepik

La Copa del Mundo de fútbol se jugará en 16 sedes de 3 países. Entre el 11 de junio y el 19 de julio, el evento será una de las citas deportivas más importantes de todo el año, con millones de ojos clavados en lo que allí ocurra. Es la razón por la que a los encargados de su seguridad les aterra la posibilidad de un ataque o un acto terrorista. Pero en su arsenal defensivo van a contar con algo que nunca antes habían tenido: el Golden Dome.

Su denominación —lit.: Cúpula Dorada— alude a un escudo que cubre el espacio aéreo de los Estados Unidos con una red de finalidad defensiva. Estratificada en varios niveles, dispone de sensores, interceptores y sistemas de comando y control integrados, capaces de defender puntos críticos del territorio y eventos puntuales.

Es uno de los proyectos estrella de Donald Trump, y clona la idea israelí del Iron Dome (lit.: Cúpula de Hierro) militar, un sistema defensivo de detección, seguimiento y posterior derribo de posibles amenazas aéreas. Una vez en funcionamiento, si alguien quiere perforar su espacio aéreo, lo tendrá complicado. Sin embargo, hay un agujero en el sistema. Pocos piensan que desde el aire algún país arroje un misil balístico, de crucero o hipersónico contra un estadio de fútbol; otra cosa son los drones.

Porque, con millones de espectadores en estadios repletos de actividad humana, la operación de defensa aérea tendrá que ampliarse a los temidos drones lanzados desde distancias cortas. La experiencia en combate con ataques ucranianos desde suelo ruso —y viceversa— ha cambiado las reglas del juego, y resulta necesario tratar la problemática de formas desconocidas hasta ahora. La solución propuesta es el penúltimo capricho del gobierno de Donald Trump.

El Golden Dome no es un solo sistema, sino la fusión de múltiples elementos que trabajan en capas superpuestas. En el estrato más alto están los sensores espaciales. Entre ellos, satélites de alerta temprana en órbita geosíncrona y constelaciones en órbita baja, que detectan firmas térmicas y electrónicas de amenazas entrantes. Estos sensores proporcionan la primera señal de alarma y permiten la discriminación de amenazas en fases iniciales de vuelo.

La siguiente capa es exoatmosférica y está compuesta por interceptores diseñados para destruir objetivos durante la fase media de vuelo. Aquí ya empiezan a aparecer los sistemas requeridos para detener las posibles amenazas que pudieran afectar a la Copa del Mundo. En este punto entraría una red de radares de banda X y sensores terrestres que entreguen datos precisos y en tiempo real. A continuación, la capa endoatmosférica incluye sistemas como Thaad y Patriot PAC-3, diseñados para la fase terminal de amenazas convencionales.

Todos estos sistemas son efectivos contra misiles de crucero y otros objetos a alturas medias, dispositivos de corte militar, costosos y lanzados desde largas distancias y trayectorias de vuelo previsibles. Sin embargo, contra drones pequeños y de bajo coste, estos interceptores no son suficientes. La defensa contra UAS exige tecnologías específicas que operen a baja altitud y en entornos urbanos saturados de señales.

El peligro más obvio es el de drones comerciales adaptados para transportar cargas explosivas improvisadas. Estos sistemas son baratos, disponibles con facilidad y capaces de operar en enjambre. Un ataque sincronizado en varias ciudades podría sembrar el caos, aunque ni siquiera hubiera víctimas. No solo eso: sería un mazazo gigantesco a la credibilidad organizativa, que socavaría la percepción de seguridad en este tipo de eventos públicos.

La detección de drones requiere sensores que funcionen en bandas de radiofrecuencia y ópticas adaptadas para reconocer firmas muy pequeñas en medio del ruido urbano. Los radares AESA de corto alcance, los sensores electroópticos e infrarrojos y los métodos acústicos en ciudades brindan datos fragmentados. Solo la fusión de toda esta información, a través de algoritmos de inteligencia artificial, puede ofrecer una imagen capaz de distinguir entre drones hostiles y tráfico aéreo benigno.

Si la identificación de amenazas es una pieza crítica, el sistema debe diferenciar entre aeronaves civiles autorizadas y drones hostiles sin provocar falsas alarmas. Será necesario integrar bases de datos de drones autorizados y aplicar patrones de comportamiento conocidos, con planes de vuelo y utilización restringida. Todo este mecanismo requerirá intercambio de información entre agencias civiles y militares, así como con socios internacionales.

Derribos tecnológicos

Por otra parte, la respuesta a drones hostiles sobre ciudades y estadios debe priorizar métodos que minimicen daños colaterales. La interferencia de radiofrecuencia (jamming) y el engaño de señales de posicionamiento global (spoofing) pueden forzar el aterrizaje o la desviación de drones sin recurrir al impacto físico, que sería el método menos deseado, pero a utilizar en casos extremos y aproximaciones finales especialmente sensibles.

Otra opción para la neutralización de drones de tipo comercial o de pequeño tamaño son los sistemas de energía dirigida, como láseres y microondas de potencia elevada. Estos procedimientos, aún en fases experimentales, constituyen una solución de bajo coste por disparo para neutralizar drones.

Un rayo láser que ciegue o destruya mecanismos internos puede desactivar un objetivo antes de que represente un peligro. Las microondas pueden inutilizar sistemas electrónicos sin fragmentación física. No obstante, estas tecnologías dependen de condiciones atmosféricas y de la línea de visión directa, lo que limita su uso en ciertos entornos urbanos.

Y otros métodos más pedestres

Cuando las amenazas van más allá de estas posibilidades, la interceptación cinética con munición programable y drones interceptores con redes físicas entra en juego. Estas soluciones deben reservarse para casos extremos por el riesgo de caída de restos sobre zonas pobladas.

La implementación del Golden Dome para la Copa del Mundo no solo protege un evento deportivo. Sirve como laboratorio para una arquitectura de defensa aérea nacional e internacional. Los otros países participantes, México y Canadá, adquirirán no solo experiencia, sino también relaciones operativas con fronteras aéreas compartidas.

Sin embargo, la ventana para construir y probar esta arquitectura es limitada. Los sistemas deben ser validados, los operadores entrenados y los acuerdos finalizados meses antes del comienzo del evento. Mecanismos de uso militar tendrán que ser homologados y puestos en manos de actores como policías locales y otras entidades alejadas de estas tecnologías.

El reto es mayúsculo, pero el retorno en términos de seguridad es proporcional. El daño reputacional que podría sufrir la organización, el torneo y el país si ocurriese algo así sería enorme, eso sí, aunque ni siquiera hubiera víctimas. No hay que olvidar que el último atentado producido durante unas Olimpiadas fue justo en Atlanta 2000, algo que los servicios de seguridad estadounidenses no olvidan. Cuando comience a rodar el balón, el Golden Dome se encargará de que los drones de los malos se queden sin entrada.

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