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Ucrania recibirá uno de los radares defensivos más avanzados y que se fabrica en España

Construido por la tecnológica Indra, es uno de los mejores sistemas de detección del mercado

Ucrania recibirá uno de los radares defensivos más avanzados y que se fabrica en España

Radar Lanza 1.

Todos lo quieren, pero no todos lo tienen. De momento, y hasta donde se sabe, España, Inglaterra y, desde la aprobación por parte del Gobierno español, Ucrania. Es un radar que puede ver donde otros no llegan y detecta amenazas que resultan invisibles para la mayoría. Lo fabrica la española Indra; su apellido técnico es LTR-25 y se le conoce con su nombre de pila, denominación de un arma prehistórica: Lanza.

El pasado 13 de enero, el Gobierno español aprobó la exportación a Ucrania de una de las piezas más sofisticadas del armamento desarrollado en nuestro país. Es, a la vez, uno de los desarrollos más avanzados del mundo en términos de vigilancia aérea de largo alcance. Su impacto se mide tanto en su capacidad de percepción como en la integración en redes de defensa complejas.

Desarrollado por Indra Sistemas, está diseñado para proporcionar cobertura tridimensional del espacio aéreo. No solo es capaz de determinar distancia y dirección de objetos en el aire, sino también la altitud de los objetivos que ingresan en el campo de observación. Esa capacidad 3D es clave y poco frecuente en una época en la que las amenazas aéreas son múltiples y variadas, desde drones pequeños hasta misiles de crucero y aeronaves con capacidades de furtividad.

Este sofisticado radar opera en banda L, un espectro de frecuencias de gran alcance que presenta una elevada resistencia ante condiciones adversas, lo que incluye tanto interferencias como perturbaciones meteorológicas. Esa elección de banda permite al LTR-25 detectar blancos a distancias considerables y mantener su rendimiento incluso en ambientes donde otros mecanismos parecidos pierden eficacia.

El núcleo del LTR-25 es su arquitectura de lápiz tridimensional con formación digital de haces. En términos técnicos, esto significa que la antena no barre el espacio con un haz amplio, sino que puede generar múltiples haces muy estrechos y dirigidos hacia puntos concretos. En lugar de comportarse como un farol en la oscuridad de la noche, genera una suerte de potente linterna. Dicho de otra manera, hace zum sobre los objetos detectados, sobre los que proyecta sus capacidades en lugar de dispersar su potencia en un radio más amplio.

Cada haz puede ser modelado en potencia y frecuencias para optimizar la detección de señales débiles, mejorar la resolución y discriminar objetivos muy cercanos entre sí. Esta capacidad de enfoque a larga distancia incrementa el rendimiento frente a blancos pequeños o con baja firma de radar.

El fabricante y sus operadores son poco dados a exponer las posibilidades de un sistema tan sensible. A pesar de ello, analistas de Janes C4ISR & Mission Systems creen que el alcance real del LTR-25 se sitúa en torno a 250 millas náuticas o más, unos 450 kilómetros. Esa capacidad lo ubica de forma clara en la categoría de alerta temprana táctica de largo alcance. Un Lanza posicionado en el centro de España podría casi controlar todo su espacio aéreo de punta a punta, aunque para garantizar su eficiencia se dispondrían de varios, situados de manera estratégica.

El LTR-25 tampoco es un radar estático; su diseño prevé movilidad operativa avanzada. Está integrado en plataformas móviles que pueden moverse por carretera en dos camiones y ser cargados en un avión de transporte como el Airbus A400M, para despliegues rápidos. El montaje o desmontaje completo puede realizarse en apenas dos horas.

Esa portabilidad ofrece ciertas ventajas: un radar que puede ser reubicado con rapidez resulta más difícil de localizar y neutralizar por el enemigo, en especial en teatros donde la guerra electrónica y los ataques de precisión son cada vez más habituales. El LTR-25 puede entrar en posición, emitir para proporcionar datos a la red de defensa y luego desplazarse antes de que se organice una respuesta si se detecta.

Inmune a las interferencias

Una de sus cualidades más destacadas es la capacidad para operar bajo condiciones de fuerte presión de medios relacionados con la guerra electrónica. Varios modelos de la familia Lanza, incluido el LTR-25, están equipados con sistemas de contramedidas electrónicas, lo que les permite resistir interferencias y mantenerse operativos en entornos electromagnéticos saturados.

En su operación diaria, el radar realiza varias funciones simultáneas. El modo principal es la vigilancia aérea 3D, donde el radar detecta y localiza objetivos hostiles o desconocidos dentro del volumen de cobertura. El procesamiento digital avanzado filtra las señales no deseadas, lo que permite separar ecos útiles de ruido, interferencias meteorológicas o reflejos del terreno. No solo percibe, sino que discrimina.

También integra un sistema de identificación amigo-enemigo en modos múltiples. Esto permite a la unidad distinguir aeronaves propias o aliadas de objetos potencialmente hostiles, incluso aunque dispongan de sistemas de envío de señales de diversa tipología. Este es un elemento esencial en operaciones de coalición, donde la densidad de tráfico aéreo civil y militar puede ser elevada y la coordinación entre plataformas distintas debe ser precisa.

Muy esperado en Ucrania

Esta capacidad resulta muy bienvenida en su último cliente: Ucrania. Kiev no opera una arquitectura uniforme de defensa aérea, sino un mosaico de sistemas de distintas procedencias, generaciones tecnológicas y lenguajes de datos. El Lanza se comunica con todos y discierne quién es un elemento propio y quién ajeno. Cuando drones, aviones tripulados o helicópteros están diseñados bajo los mismos estándares, resulta sencillo, pero los ucranianos manejan muchos y muy diferentes sistemas cedidos por otros países. Es una torre de Babel de señales en la que el Lanza ha de manejarse.

Otro modo importante es el seguimiento de misiones balísticas tácticas y de misiles de crucero. Aunque no sustituye a un radar diseñado de forma específica para misiles balísticos, el LTR-25 posee capacidad para detectar y seguir trayectorias en fases tempranas de aproximación.

La guerra moderna es, en gran medida, una lucha por el dominio del espectro electromagnético. En ese contexto, los radares se enfrentan a sistemas que persiguen la saturación de señales y confundir o cegar sus sensores. El LTR-25 incorpora contramedidas electrónicas avanzadas que le permiten seguir operando bajo interferencia, engaño activo u otras perturbaciones.

En una guerra en la que la saturación, la ambigüedad y el agotamiento de recursos son armas de desgaste, la capacidad de ver antes y con mayor claridad tiene más valor que nunca. La ventaja no siempre reside en el arma más poderosa, sino en quien primero ve, comprende y decide. El Lanza es el primer ojo que ve llegar a todo aquel que viene con las peores intenciones; de ahí su valor.

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