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Interior compra drones por la vía de urgencia para luchar contra el narco en Andalucía

La lucha antidroga tendrá nuevas herramientas ante el cambio de perfil del narco

Interior compra drones por la vía de urgencia para luchar contra el narco en Andalucía

Narcolanchas en La Herradura (Granada)

Hubo un tiempo en que ver lanchas planeadoras cargadas de fardos de droga arribar a plena luz del día era noticia. Hoy, la noticia consiste en no ver ninguna. No es ya eso, sino el descaro y chulería con los que se pasean los narcotraficantes por nuestras costas, tal y como pudieran hacerlo unos turistas subidos en un hidropedal. Pero parece que algo se está moviendo en el Ministerio del Interior.

El último incidente ha traspasado todo límite, acaecido en Aznalcázar (Sevilla), el pasado 27 de enero. Parecía sacado de una película, pero era completamente real. Unos guardias civiles se acercan a unas lanchas en pleno alijo y son tiroteados. Y no con simples pistolas ni escopetas de caza, de relativamente fácil acceso, sino con armas de calibre militar.

En ese caso hubo heridos, pero no de bala. Donde sí los hubo fue en un incidente similar entre narcotraficantes y agentes de la Benemérita en Isla Mayor (Huelva). Era el pasado 8 de noviembre y uno de los agentes que asistía a la operación fue herido de extrema gravedad tras recibir un disparo de un fusil de asalto tipo AK-47. El calibre es de tal potencia que atravesó su chaleco antibalas.

La violencia con armas de fuego de por medio ha dejado de ser una excepción en el sur de España para pasar a ser moneda común. Las costas andaluzas y las riberas de sus ríos se han convertido en un campo de batalla donde el crimen organizado actúa con estructura militar. Sus grupos disponen de recursos técnicos avanzados, capacidad logística propia y una decisión creciente de confrontar abiertamente a las fuerzas de seguridad. Ya no son unos pescadores que acarrean bultos de una lancha a través de una playa de noche, sino equipos muy profesionalizados que usan medios técnicos sofisticados, disponen de fusiles de asalto y embarcaciones rápidas.

Tras muchas peticiones de representantes de administraciones locales, regionales y asociaciones diversas, el Ministerio del Interior ha entendido que la respuesta no puede seguir siendo convencional. No basta con más patrullas o más chalecos. Hace falta ver antes, actuar desde arriba. Por esa razón, se ha tramitado por la vía de urgencia una compra de sistemas aéreos no tripulados por un valor total de 5,6 millones de euros.

La licitación, según informa Infodefensa, se ha resuelto en tres lotes y se ha adjudicado a tres empresas: la alemana Quantum-Systems, la española Alpha Unmanned Systems y la checa Primoco UAV SE. La lectura inmediata es que no se trata de una dotación al uso, sino de una respuesta concreta a un problema inmediato.

Dron Vector, de Quantum Systems

El primer lote corresponde a la empresa Quantum-Systems. Por 800.000 euros, suministrará dos sistemas Vector, drones híbridos que combinan las capacidades de un avión de ala fija con la versatilidad del despegue vertical. El Vector puede operar sin necesidad de pistas, despegar desde una finca o desde un tejado y mantenerse en vuelo durante más de dos horas con sensores ópticos e infrarrojos activos. Puede patrullar a más de 15 kilómetros de distancia, transmitir imágenes en tiempo real y cubrir grandes áreas con una sola carga.

Pero su verdadero valor reside en su flexibilidad. El Vector permite un cambio instantáneo de perfil: puede sobrevolar una ruta como un avión de reconocimiento y, segundos después, mantenerse suspendido sobre un objetivo como un helicóptero invisible. Esta capacidad es clave en escenarios como el del Estrecho, donde las rutas del narcotráfico se camuflan en la geografía y los contrabandistas utilizan caminos de tierra, barrancos, marismas o embarcaderos clandestinos. Un solo dron de este tipo puede vigilar durante horas sin descanso.

Producto español

El segundo lote, por la misma cuantía, ha sido adjudicado a la española Alpha Unmanned Systems. De su factoría saldrán dos unidades del Alpha 900, un dron de ala rotatoria y con aspecto de helicóptero. Su configuración permite un vuelo continuo de hasta cuatro horas y está preparado para operar en entornos marítimos, con capacidad de despegue desde barcos en movimiento. Cada unidad integra cámaras electroópticas e infrarrojas que permiten misiones tanto diurnas como nocturnas.

Alpha 900 de fabricación española

El Alpha 900 no solo vigila. Es capaz de fijarse sobre un objetivo concreto, seguirlo durante kilómetros y mantenerlo en el campo visual. Su sistema de estabilización le permite operar en condiciones de viento, salitre o altos índices de humedad. Esta característica lo convierte en una herramienta imprescindible para operaciones costeras. Allí donde una narcolancha elude a una patrullera, el Alpha 900 proporciona visión más allá del horizonte.

El ojo checo en el cielo

El tercer lote es, con diferencia, el más importante. Por un total de 4 millones de euros, se ha contratado a la empresa checa Primoco UAV SE para el suministro de su sistema One 150, un dron de ala fija diseñado para misiones de largo alcance. Sus cifras son contundentes. Puede volar hasta 15 horas seguidas, con velocidad de crucero cercana a los 120 kilómetros por hora, y puede llevar una carga útil de hasta 30 kilos para sensores avanzados. Puede operar a más de mil kilómetros de su base y transmitir en tiempo real.

Primoco One 150

El One 150 está diseñado para misiones estratégicas. No se limita a sobrevolar pequeñas poblaciones, sino rutas enteras con seguimiento de vehículos en marcha. Puede vigilar líneas costeras, zonas de paso, corredores sospechosos o puntos de reunión habituales del crimen organizado. Se convierte en una herramienta de anticipación. Según sus diseñadores, no sirve solo para responder a una alerta, sino que es capaz de mapear la actividad previa, detectar patrones de comportamiento, identificar rutas secundarias y preparar el terreno antes de que se inicie una posible operación terrestre.

Estos tres sistemas no se solapan, sino que se complementan. Juntos forman una malla que permite observar, seguir, identificar y, sobre todo, anticiparse sin necesidad de exponer a los agentes. Esa ventaja es vital. Las bandas de narcotraficantes ya no operan como células pequeñas y dispersas. Lo hacen como estructuras jerarquizadas, con acceso a información, comunicaciones cifradas, vehículos modificados y armas de guerra.

Nuevos problemas, nuevas armas

Más allá de las necesidades inmediatas, esta compra señala un cambio de paradigma. Interior ha dejado de pensar en los drones como elementos auxiliares y empieza a integrarlos como parte estructural de su respuesta táctica. Esa evolución significa que han aceptado que el escenario ha escalado y que esta batalla también se libra desde el aire.

Esta nueva situación requiere de operadores formados, redes de comunicaciones seguras y una gestión eficiente de los datos obtenidos. También exige voluntad política para mantener estas capacidades operativas en el tiempo. Comprar un dron es fácil. Integrarlo, sostenerlo y explotarlo con eficacia es otra historia. Pero al menos se mueve y, a priori, en la dirección correcta, para todos, menos para los narcos.

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