Trump pisa el acelerador contra el narco y entra en combate contra los cárteles de Ecuador
El gobierno estadounidense tiene un plan muy ambicioso para cambiar el equilibrio de fuerzas en Hispanoamérica

Actuaciones en Ecuador contra el narcotráfico. | Reuters
Indiana Jones sabía algo. Porque Harrison Ford, el actor que encarnaba al historiador aventurero, también se metió en la piel de Jack Ryan, el mismo ficticio analista de la CIA que paró los pies a un comando secreto en la cinta Peligro inminente que operaba en Colombia contra el narco. En Ecuador están haciendo lo mismo, pero en la vida real, y ya no se esconden.
El asalto fue a la hora en que los narcos duermen, antes de amanecer, el pasado 3 de marzo. Helicópteros que transportaban a comandos ecuatorianos a bordo sobrevolaron instalaciones de distribución de droga en su territorio nacional. A su lado, asesores del 7.º Grupo de Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos coordinaban la inteligencia, la logística y la planificación de la misión. No se sabe a ciencia cierta si algo más. El Pentágono ha difundido un vídeo desclasificado de 30 segundos en el que la muestra.
Esta operación ha sido la primera extensión terrestre de Southern Spear (lit.: «Lanza del Sur»), la campaña militar lanzada en agosto de 2025 bajo la Administración Trump. La finalidad no es otra que desarticular redes criminales que trafican cocaína desde el hemisferio occidental hacia Europa y Estados Unidos. Esta guerra, hasta ese momento, se había librado en el mar, con 45 ataques contra embarcaciones sospechosas en el Caribe y el Pacífico oriental.
En el agua quedaron flotando más de 150 cadáveres. A diferencia de estos casos, Ecuador ha sido el primer espacio de tierra firme en el que se está desarrollando este plan. Según el New York Times, que ha hablado con representantes del Gobierno, será con toda seguridad la primera de una serie de redadas planificadas en todo el país.
La primera acción directa en suelo ecuatoriano tuvo lugar justo dos días después de que el general Francis Donovan, al mando del Comando Sur, viajase a Quito a reunirse con el presidente Noboa y altos mandos de su Ejército. Los objetivos planteados fueron las instalaciones de procesamiento y envío de cocaína vinculadas a dos organizaciones tildadas de terroristas de acuerdo con las últimas modificaciones en las leyes estadounidenses.
Una de ellas es la banda de Los Choneros, la más arraigada del país, con vínculos al Cártel de Sinaloa. La otra es la de Los Lobos, asociada al Cártel Jalisco Nueva Generación, al que dirigía el ahora desaparecido El Mencho. El primero en señalarlos fue el secretario de Estado Marco Rubio durante una visita a Quito en septiembre del año pasado. A partir de ahí se encendió una mecha legal que habilitó la participación militar estadounidense en suelo ecuatoriano. Sin ella, la operación habría tenido otro nombre, o puede que ninguno.
Tanto Choneros como Lobos funcionan como socios logísticos y de exportación de los cárteles mexicanos. Controlan puertos, cárceles y las rutas de la cocaína que viaja desde Colombia y Perú hasta los destinos donde se vende. Sus capacidades no son políticas ni ideológicas; son geográficas. Ecuador está justo donde hay que estar si se quiere mover droga hacia el norte del continente americano o cruzar el Atlántico hacia Europa a bordo de un contenedor cargado de fruta como tapadera.
Las dos organizaciones rivales, financiadas por cárteles rivales, se están peleando por ese territorio con la misma ferocidad con la que Sinaloa y Jalisco se pelean por las plazas mexicanas. La guerra entre cárteles lleva años exportándose en dirección hacia Ecuador, con resultados devastadores para una sociedad que no registraba conflictos internos ni en sus peores décadas del siglo XX. La violencia importada está siendo más letal que cualquier conflicto doméstico.
Ecuador no produce cocaína, pero esto no le ha impedido convertirse en uno de los núcleos logísticos más relevantes de la región, y por ende, del tráfico global. Comparte frontera con Colombia —origen del 70% de la cocaína mundial— y con Perú. Su puerto principal, Guayaquil, mueve tal volumen de plátanos que la inspección de cada contenedor necesitaría un ejército de agentes específico. Las autoridades europeas calculan que el 80% de la cocaína que llega al Viejo Continente sale por allí.
El mercado europeo crece
La ironía reside en que el país que exporta el postre de los niños europeos también exporta el vicio de sus padres. La demanda del mercado europeo no es un detalle menor. El consumo de cocaína en la UE ha crecido un 60% en la última década y ha convertido al continente en su mercado más rentable. Los Choneros y Los Lobos son eslabones de una cadena que une los campos de coca colombianos con las ciudades de Ámsterdam, Madrid o Varsovia.
Para entender cómo llegó Ecuador a este punto, hay que retroceder a 2007. El presidente Correa expulsó la base aérea estadounidense de Manta, desde donde se monitorizaba el tráfico en el Pacífico. Abrió las fronteras bajo una política de ciudadanía universal y los cárteles mexicanos vieron la puerta entreabierta y se instalaron. Cuando el precio del petróleo se desplomó en 2017, los recortes vaciaron las prisiones de funcionarios y las calles de policías. Acto seguido, las bandas se adueñaron de los espacios desatendidos. Correa lleva años exiliado en Bélgica.
La violencia se ha multiplicado
El colapso fue vertiginoso: de 13 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2021 se ha pasado a 45 en 2023, el triple. Esto ha convertido en tiempo récord a Ecuador en uno de los países más peligrosos del continente. En enero de 2024, hombres armados tomaron en directo un estudio de televisión durante una emisión en marcha. Como respuesta, el presidente Noboa declaró el conflicto armado interno y movilizó al ejército. La ciudadanía votó dos veces para mantener la ley marcial, pero cuando en 2025 se intentó instalar una base militar estadounidense permanente, los ecuatorianos lo rechazaron.
La unidad estadounidense desplegada es un cuerpo especializado en la región. Sus operadores pasan un año de formación cultural y aprendizaje del idioma antes de su despliegue, lo que los distingue del resto de la comunidad de operaciones especiales. En diciembre de 2025, la Fuerza Aérea estadounidense reactivó su presencia en la base aérea Eloy Alfaro de Manta, la misma instalación que Correa cerró en 2009.
Un plan más amplio
La operación Southern Spear no opera en un vacío estratégico. Forma parte de un plan de la Administración Trump para reordenar el hemisferio: la captura de Maduro en Venezuela en enero, el apoyo que precedió a la muerte de El Mencho en México y la interceptación de petroleros venezolanos en el Caribe son jugadas relacionadas. Cada movimiento de los últimos seis meses dibuja una parte del cerco que se cierra sobre Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo.
En una comparecencia reciente, el controvertido Peter Hegseth, el equivalente norteamericano a nuestro ministro de defensa, dejó un mensaje sobre la mesa: la campaña va a ir a más. La tasa de consumo de cocaína en Europa sigue subiendo y el puerto de Guayaquil sigue siendo la puerta trasera de toda esta industria. Quien controle ese puerto, controlará la ruta. El nudo en el gaznate del narco en Ecuador seguirá tensándose.
