The Objective

La viñeta sobre... Juego de tronos

Juego de Tronos

Winter is coming… Winter is coming… como el silbido de un viento gélido que atraviesa un paisaje desolado e invernal junto al mar al amanecer. Así suena ese estribillo que repiten una y otra vez todos los personajes, a la vez atemorizados y rocosos, endurecidos a base de sufrir y pasar frío en la interesantísima —especialmente en sus primeras temporadas, antes de que comenzaran a estirar el chicle— Juego de Tronos, la serie de ese medievo imaginario que nos atrapó a todos en su sangriento barrizal.

Pues eso: que winter is coming, pero a toda hostia. A mí se me ha cortado la digestión esta mañana, y mira que era complicado, que solo me había tomado un café. Era aún de noche, a esa hora bruja en la que me gusta rampar solo por mi casa, iluminada por apenas dos o tres lámparas bajas, mientras mi familia duerme caliente, la perra me guiña un ojo al tiempo que se da la vuelta como una croqueta y yo me enchufo una primera cafetera de espeso y humeante café napolitano que va perfumando poco a poquito todo el hogar y que me entra como pico en vena.

Pues hoy no. Hoy se me ha ocurrido leer la prensa internacional. No lo vuelvo a hacer.

En uno de los artículos hablaba de la creciente concienciación europea sobre la inminencia de una guerra que viene del Este. En los países del norte y cercanos al oso ya andan mentalizados, hablando y haciendo: invirtiendo en defensa y llamando a filas, recuperando el servicio militar. Pero en España, llamativamente más que en ningún otro sitio, es una conversación inexistente, como si no fuese con nosotros. Y vaya si va con nosotros, Pedro… Viene como un huracán, sabotaje a sabotaje, dron a dron, que los rusos en Ucrania solo están ensayando, cogiendo carrerilla para la que se viene.

Todo este desapacible asunto me pilla también —qué casualidad— releyendo Guerra y paz. Si es que lo estoy pidiendo a voces. El disgusto, digo. Parezco tonto, ¿a quién se le ocurre? El tocho imperial de Tolstói nos recuerda la dureza eslava y cómo se han mirado siempre, desde Pedro el Grande, en Europa. Acomplejados por esa sofisticación parisina a la que aspiran y, a la vez, detestan. El otro día Putin llamó “cerditos” a nuestros señores feudo-burócratas de Bruselas por intentar rapiñarle los rublos de las sanciones. Y, a la vez, acercó misiles supersónicos con cabezas nucleares a Bielorrusia, sin más. Aviso a navegantes.

Winter is coming, y nosotros por aquí discutiendo el sexo de los ángeles, que si son trans y tal. Lo dice mi amigo Javi.