Puente puso un tuit
Cuando un ministro que nunca debió ser ministro dedica más tiempo a tuitear que a gestionar, pasa lo que pasa. Alguien más preocupado en comunicar necedades que en comunicar a los españoles a través de sus diferentes vías de transporte, está en el sitio equivocado. Y el triste día 18 se vio que también estaba ahí en el momento equivocado. Todo Puente es una equivocación, que hasta rima con Mazón.
Puente es bronco y hostil. Es un hombre acomplejado que vive atrapado en una percha excesiva y estrambótica. Se peina, se tiñe y se trajea con esmero, pero, aunque la mona se vista de seda… Perdón, ministro, ha sido un lapsus. No me he podido resistir. No me bloquee, que sólo quedan un par de párrafos.
Iba diciendo que Puente es un tipo de verborrea soez que a menudo queda atrapado por sus propias palabrotas. La hemeroteca es cruel. Es como si las palabras le fuesen más rápido que las ideas… ergo, tenemos un Houston: donde dije digo, digo Diego; y donde dije vía, digo tía.
Reconozco que, en estos momentos, el puesto es para nota. Cuando su antecesor era más un Ministro Camionero que un Ministro de Transportes (por lo de les putes), cuando te han llenado ADIF de sobrinas —casi todas del gremio de aquella ancestral profesión— cuando la anterior presidenta de ADIF está imputada por corrupción, que es mucho peor que haberse dedicado en cuerpo y alma a la prostitución, pues eso: entiendo que nuestro ministro tuitero esté en un brete. Y como es chulesco a la par que bocazas, se las dan todas en esa mandíbula batiente y tan neandertal que gasta, talla cuarenta y seis.
A mí me da hasta pena ver cómo se aferra el hombre a su cargo como a un clavo ardiendo. Un clavo de esos que sujetaban las vías del tren y que no los sostuvieron (los trenes) porque no los mantuvieron (los clavos, las tuercas, la tornillería), ya que en la partida de mantenimiento meten estas buenas gentes la reforma de esas estaciones que no son mantenimiento, pero que luego queda tan bien inaugurar, donde se puede besar a los pequeñines y hacerse la foto contra el photocall de turno. Reparar catenarias, asegurar soldaduras y revisar raíles cuesta una pasta, es mucho menos sexy y produce menos votos.
Vuélvase a Valladolid, hombre de Dios. Pero hágame caso, no vuelva su señoría en tren: viaje en burro. Es lo suyo.




