Aunque la operación Furia Épica y la expedición Artemisa II parecen realidades antagónicas, son dos manifestaciones de una misma hegemonía.
En el golfo Pérsico, Trump impone su ley a tiros, suscitando el rechazo del resto del planeta. Es la humanidad unida contra el liderazgo de Estados Unidos. En la Luna, Trump establece quién manda también en el espacio, pero suscitando la admiración del resto del planeta. Es la humanidad unida bajo el liderazgo de Estados Unidos.
Con el bombardeo de Irán, Donald Trump no ha logrado ni el cambio de régimen ni el abandono del programa nuclear. El único éxito contrastable ha sido la reapertura del estrecho de Ormuz, que, por otra parte, no estaba cerrado hasta que Trump decidió bombardear Irán.
Con los acuerdos de Artemisa que han precedido a la misión lunar, Estados Unidos salvaguarda sus intereses mediante la cooperación, pero desde la posición de fuerza que le da su ventaja tecnológica y económica.
Todo esto no significa que el poder blando sea siempre superior al poder duro. A veces hay que recurrir a la violencia, pero esta debe ser una ultima ratio, algo que a algunos estadounidenses les cuesta asimilar, y pienso concretamente en Robert Kagan, un asesor de George Bush hijo que, en vísperas de la invasión de Irak de 2003, ridiculizaba a los europeos diciendo que éramos de Venus, mientras que ellos, los estadounidenses, eran de Marte.
En realidad, los europeos dejamos de ser de Venus hace tiempo, si es que alguna vez lo fuimos del todo. Estamos aplicando sanciones económicas a casi 40 países, mantenemos misiones militares en Somalia, Bosnia, Mozambique o el Mediterráneo oriental y, con el permiso de Pedro Sánchez, hemos acometido un proceso de rearme.
Pero tampoco es que nos hayamos vuelto de Marte. Simplemente, evaluamos qué opción es la que conviene en cada momento, si el diálogo o la coerción, y obramos en consecuencia. Igual que, por cierto, venían haciendo los presidentes de Estados Unidos tras el fiasco de Irak.
Trump se desespera con unos y con otros, con sus predecesores y con los europeos. Nos llama cobardes e inútiles y dice que no nos entiende, pero aquí el único marciano es él.

