Esta semana, a cuenta del incidente ferroviario en Adamuz, no toca «politizar la tragedia».
Los que llevan décadas endosándole a Aznar, a Ayuso o a Mazón los muertos por la dinamita, el coronavirus o el agua; los del «pásalo», «los protocolos de la vergüenza» o los del Ventorro; los que, cuando se hunde un petrolero, se estrella un avión militar o chocan dos trenes, miran primero el signo del Gobierno de turno y luego deciden si ha sido una catástrofe natural o una señal de incompetencia, se han lamentado de que haya «buitres» politizando una tragedia ferroviaria que, por otro lado, era más que previsible.
Esta semana toca dejar trabajar a los técnicos, no precipitarse en las conclusiones y resaltar la «ejemplar colaboración institucional». Esta semana no toca politizar la tragedia, tan solo porque no la pueden politizar ellos.


