La grieta
La vida tiene estas metáforas, como si se burlase de nosotros. Una grieta que hace que salten por los aires dos trenes cargados de vidas. Sigo pensando en la maldición que pesa sobre nosotros, que hace que, de un trayecto de más de tres horas, el tiempo que pasamos cruzándonos con otro tren de alta velocidad puede ser… ¿dos minutos de un total de doscientos? Nos ha mirado un tuerto, pero de reojo, y el cíclope cabrón nos ha guiñado el ojo, que encima tiene una catarata como el Iguazú.
Una grieta que nos divide como sociedad: unos tan a favor, otros tan en contra. Porque, al final, no nos engañemos, todo esto del tren es otra gota que colma el vaso de nunca acabar de nuestra paciencia infinita, ese que parece no desbordar nunca. Hasta que lo haga, señorías, hasta que lo haga… Pero es que estamos demasiado ocupados trabajando, autónomos de mierda como servidor, para llegar a fin de mes y regalarles a sus usías la mitad de nuestro sueldo. Lo del tren y la grieta no son más que otro ingrediente en el potaje infecto que se cuece en la olla exprés.
La cadena de lamentables acontecimientos empezó con la pandemia, el encierro ilegal al que nos sometieron y el business que se montaron algunos gobernantes, no pocos, con lo de las mascarillas. Luego vino la Filomena, con ese nombre tan Mortadelo. Los del volcán de La Palma siguen, dos años después, viviendo en contenedores y de sus ayudas no hay noticias: vuelva usted mañana (Larra dixit). Sus ayudas se las gasta en campañas el Ministerio de Igualdad, en cosas que a la mayoría nos dan, no igualdad, pero sí completamente igual… De los incendios del verano pasado y su incendiaria gestión, papel —jaja— mojado. ¿Paiporta y la dana? Nos queda el recuerdo imborrable del galgo escoltado a la carrera, mientras doña Leti, con su chico, nuestro Rey, daban la cara por él. Por el galgo, me refiero. Luego está lo del apagón. Apaga Almaraz y vámonos. Y, para rematar la faena, el tren: dos orejas y el rabo. Sabemos que se gastan la pasta a manos llenas, pero desde luego que no en mantenimiento. Con el exministro de Transportes en la trena y la expresidenta de ADIF imputada, en ADIF hay shock y consternación. El leñazo (con muerto incluido) en Barcelona. El colofón.
Y como la grieta, ese trazo que junta los puntos en una línea retorcida y quebrada, hay un hilo conductor. Ya lo han adivinado: es el okupa del palacete. No voy a mentar su nombre porque creo que está irrefutablemente demostrado que es gafe y pienso que se me va a pegar. Es el Presidente vudú. Él es el mal de ojo que nos acecha. El puto tuerto. El que nos mira cada día, sonriente, desde TikTok.





