The Objective

La viñeta sobre... José 'el Zorro' Bono

El zorro de Bono

Cuentan que cuando Jose Bono —Pepe para sus decenas de miles de amigos— hacía campaña por Castilla-La Mancha, se paraba de vez en cuando cuando algún paisano lo saludaba con más efusividad que el resto y, de repente, en un gesto grandilocuente de desprendimiento desgarrado, se quitaba el peluco de oro de la muñeca izquierda y se lo regalaba al vecino de turno. El de la boina, embarazado, intentaba rechazar el regalo…

—¡Ay, Pepe! ¡Por Dios, no! ¡Es demasiado!

—¡Ni hablar! ¡Quiero que sea tuyo! ¡Y que te acuerdes de mí cada vez que lo veas!

Lo decía con la simpatía y sinceridad que le caracterizan. La sinceridad del político de casta. Y lo hacía a la vez que extendía, sincronizadamente, la mano izquierda hacia atrás para que su asistente le abrochase el siguiente Rolex chino. Yo le he visto hacer excelentes trucos de magia en casa de Miguel Bosé, así que doy fe del talento que tiene con los dedos: lo cierto es que te hipnotizan.

Y lo cierto es que debió de hipnotizar a los funcionarios del Ministerio de Defensa que dirigió en el gobierno de ZP, que le honró con el puesto tras haberle birlado las elecciones a la secretaría general del PSOE por obra y gracia de un mago mayor que Bono, que no es otro que José Luis Balbás, de la Federación Socialista Madrileña. Príncipe de las tinieblas progres, a quien debemos el ruinoso favor de que Zapatero saliera elegido, así como del famoso Tamayazo. Una joya, vamos.

Bono perdió, pero no se arredró. Arrimó su ascua a la ceja y se incorporó al Gobierno de ZP. Decía que debió de hipnotizar a los funcionarios porque —y hasta los tontos lo saben— salió del Ministerio con el lomo forrado de dosieres sobre sus enemigos y, muy especialmente, sobre sus amigos, que son siempre los más peligrosos. Salió, iba diciendo, forrado de información incriminatoria que le sirvió en bandeja de plata el CNI, que estaba a sus órdenes y que le permitió, con la vacuna que otorga la información comprometedora, forrarse de verdad. Mucho se ha hablado de sus numerosas e inexplicables propiedades, de la hípica y de un largo etcétera, pero nadie jamás ha podido, o querido, demostrar nada: era una pieza demasiado peligrosa de abatir.

La cuestión es que la avaricia rompe el saco, y Pepe, que tiene el saco más repleto que el escroto de un Mihura, no se conformó. Engarzó, de manera natural, con los Koldos y los Ábalos. Se hizo ciudadano dominicano con la naturalidad con la que se plantó pelo artificial. Visto y no visto: movió los hilos para obtener la ciudadanía dominicana y montó cuatro empresas nada más recibirla. Y se puso el hombre, laboriosamente, a trincar, que es muy trabajador.

Nada por aquí, nada por allá, pero… al freír será el reír.