The Objective

La viñeta animada sobre... Forestalia

El viento sí que era de alguien

Uno se pregunta si era esto a lo que se refería el ínclito Zapatiesto cuando dijo aquella memez intangible de que «el viento no es de nadie». Será de nadie que yo conozca, José Luis, y sí más bien de alguien que tú conoces, amiguete.

La cosa es que el tema que nos ocupa hoy es literario a más no poder. Campos de Castilla se le viene a uno a la mente, con sus soledades eternas y sus cielos de cristal, el aullar del vendaval como única compañía. Me sopla Orson que su El otro lado del viento no es Lo que el viento se llevó. Lo que se llevó solo lo saben Los amigos de Peter, Peter Sánchez. Doña Ribera, principalmente.

– A la ribera del Ebro sopla un airecillo, Teresa, y de lo que trae, te lo llevas tú fresco, fresca.

Como Teruel no existe, se ve que los quinientos kilos del ala tampoco. Serán imaginaciones de la ultraextrema, ensoñaciones de la fachosfera o bulos amarillos, objetivamente hablando.

Eugenio Domínguez parecía, eso, un genio. Hasta que lo detuvo la Benemérita y tiene ahora el hombre un problema, y es que ya nadie le conoce. Ni en Ferraz ni en Moncloa. Mucho menos en Bruselas. Coles vas a comer, Eugenio, en chirona y calladito.

Hay que ciscarse en lo guarra que está resultando la energía limpia. Uno casi prefiere los hidrocarburos de toda la vida. Al menos el humo se veía. Y era de todos.

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