Los soldados soldadores
Cuando uno tiene que escribir sobre Puente, siente como un tic, un reflejo… Se apodera de ti un espasmo involuntario y lo que se te viene a la cabeza es el zasca, el meme, la chorrada. Acabas escribiendo una columnia más que una columna.
Pero es que hay cuarenta y seis almas enterradas bajo las vías rotas del tren de Adamuz. Cuarenta y seis inocentes a los que ahora se pretende enterrar más hondo todavía, al principio bajo una ristra de mentiras en cadena y ahora bajo falsos partes e informes manipulados. Se levantaron pruebas a la par que cadáveres… Cuando se empiezan a ocultar estas y hay muertos de por medio, se acaba la negligencia por descuido o inacción y comienza el crimen premeditado, o para entendernos, crimen organizado.
Organizado porque hay una jerarquía empresarial. Hoy han llamado a filas a unos soldados —pobres pringados— que no son otros que los maestros soldadores. Pero, por más que hayan rubricado ellos la firma que falsea la verdad, no es su mano la verdaderamente culpable, la del modus operandi. Ellos blandieron la soldadora, pero la zarpa que mece la cuna es otra. Ayesa Ingeniería y Arquitectura prestaba sus servicios a ADIF, y ADIF —amén de estar colonizada por putas y enchufados— era responsabilidad directa del todopoderoso ministro de Transportes. El hombre que, cuando tocaba hacer mantenimiento, estaba de puente. Ya saben de quién hablo. Y él también.
Aquí solo faltan las cintas de vídeo. Sexo y mentiras ha habido a raudales. Desde la Sauna Adán hasta el putiferio del simpático y socarrón ministro predecesor, el enchironado José Luis Ábalos (Teruel existe, doy fe). La corrupción pasa su factura sin IVA y la dejación de funciones provoca cadáveres. Hay vías rotas y lo que es peor, vidas rotas.
Y, sin embargo, elección tras elección, un elevadísimo porcentaje de nuestros compatriotas sigue dando su voto a esta mafia, al crimen organizado. Así pues, tenemos lo que nos merecemos por no acudir en masa al Congreso, a La Moncloa y a Ferraz para correr a esta bandada de golfos apandadores a gorrazos hasta los juzgados de la Plaza de Castilla en un glorioso Fuenteovejuna.
La venganza es un plato que se sirve frío, pero es que este… está recalentado.