The Objective

La viñeta sobre... La elección

Meigas, haberlas, hailas.

El principal problema del PP es su credibilidad, o, para ser claros, su falta de. Uno piensa que cuando Groucho acuñó aquella frase de «si no le gustan mis principios, tengo otros», estaba pensando en Génova 13, la auténtica Rue del Percebe. Y no lo digo porque el pobre Feijóo sea gallego —que también—, sino porque estos lodos vienen de polvos más añejos.

El Partido Popular lo es cada vez menos —partido y popular— desde que dejó el timón un señor con bigote al que se le subió a la cabeza una mayoría absoluta y se dio un garbeo por Irak pasando por El Escorial. Pasa en las mejores familias. Recogió el testigo un vago brillante que acuñó aquello de «bobo solemne». Tan capaz como incapaz fue Mariano, que en paz descansa, aunque sigue coleando entre los vivos. Va a resultar que lo del percebe es cierto, ¿o a lo mejor son meigas? La maldición gallega del PP.

Hizo el hombre la tontuna de dar carta de identidad a Podemos con el 15-M, creando La Sexta, mira tú qué listo, y echó del partido a toda el ala derecha en aquel congreso de Valencia. Anda desde entonces el partido desnortado, intentando una y otra vez encontrar el rumbo perdido, probablemente de manera definitiva. Subsisten por pura inercia, y han sido los que estaban hastiados de tanta flaccidez e inconcreción los que fundaron el partido que les está royendo las entrañas. No les voy a mencionar, como piden los feijooítos. ¡Hagamos que no existen, a ver si desaparecen!

Sigue empeñado el PP en tratar como enemigo a batir al que hasta hace poco era parte de su familia y con quienes une, en principio, un terreno común muchísimo mayor que el que pueda compartir con el Partido Socialista. O no.

Volviendo al principio, pues toca cerrar el círculo, el problema del PP es que ha mercadeado, comerciado y, digámoslo crudamente, traficado con sus ideales. Ha dado la espalda a las víctimas y saludado con “normalidad democrática” a los cómplices de sus asesinos. Dice Diego donde dijo digo a cada paso. Defiende, como con las nucleares, una cosa y la contraria en comunidades colindantes. Y lo peor: ha preferido insistir en hacerse querer por quienes les van a odiar hagan lo que hagan.

En resumen, no se ha dado cuenta de la fuerza descomunal que tiene esa gran mayoría de gente común, autónoma y trabajadora y ha optado por intentar caer bien a la minoría absoluta que nos gobierna desde la ignominia. No hay más que verlos hacer el ridículo año tras año el día del Orgullo Gay… Venga ya, señoritos, que basta con apoyar los derechos y las libertades de todos, incluida la orientación sexual que le salga del nabo a cada uno, pero no se suba usted a la carroza, Sr. Feijóo, que va a hacer el payaso fijo y luego pasa lo que pasa: se cae uno de la carromato de Ceniciento y la hostia es morrocotuda.