The Objective

La viñeta animada sobre... 'el máquina' (del fango)

A nadie se le escapa que Pedro es un máquina: Máquina Total 3. Terminator. Su «manual de resistencia» se quedaba corto con lo que ha hecho y demostrado. Lo dicen —lo decimos— sus mayores detractores, los que no le tragamos ni en gragea. Admirados por tanta caradura, deslumbrados por tan brutal jeta, que parece esculpida en hormigón acorazado, vivimos en permanente admiración —por más que esta sea peyorativa— del sujeto. ¡Menudos huevos tiene el pollo! Es innegable: le cuelgan y por eso es patizambo, sospecho. Sánchez es la determinación hecha carne, la ambición personificada. Hasta Arturo Pérez-Reverte se rinde al personaje: lo admira a caballo entre el asco y el asombro. Hay pocos malos mejores y, desde luego, casi ninguno tan capaz.

¿Qué hubiese sido de este extraño país multicolor si un líder con sus capacidades de seducción y negociación se hubiese puesto manos a la obra, pero de verdad? ¿En pro del país y no en contra? O, lo que es lo mismo, ¿en pro de sus gentes en vez de de sí mismo? Hubiese sido increíble y digno de ser presenciado. Creo que cualquier ciudadano con dos dedos de frente desearía que lo hiciesen bien los gobernantes tanto de su equipo —equipo, sí, que la política es fútbol— como los del contrario, por la cuenta que nos trae a todos. Encantado de ser bien gobernado por un buen oponente. Pocas cosas más hermosas que ver a Old Trafford entero aplaudiendo en pie la gesta del Madrí de Redondo en aquellas semifinales de Champions del 2000. Porque a todos nos rinde un oponente digno, un buen enemigo, un adversario leal.

Pero, en vez de eso, tenemos el triste privilegio de asistir a la función casi diaria de «la máquina del fango». Es el título de la obra que se sacó de la chistera el tipo más embadurnado de lodo de este país. Porque anda el vanidoso Pedrito de barro hasta las orejas, por no decir de mierda —y no necesariamente del de Paiporta—. Hablo del barro que le ha ido salpicando desde que subió al Peugeot con aquella tropa que ahora desconoce, hasta la República Dominicana en Plus Ultra. De Venezuela a Adamuz. A él, que le ha puesto perdido ZP con su chapapote cada vez que abre la boca; que lleva la americana llena de barros (y otras cosas que huelen peor) de su suegro el putero; que es un hombre al barro pegado, se le ocurrió, cómo no, acuñar aquello de «la máquina del fango». Y oye, ha hecho furor. Yo no pierdo ocasión de darme unos baños de barro.

Y se supone que los mayores fangueros —no confundir con fandangueros— somos los amarillos (jaja, qué perspicaz, Peter) de THE OBJECTIVE. Amarillos, amarillistas, ladinos. Judíos, al fin y al cabo, Schz. Nos ha puesto la cabecera perdida, llena de fango, llena de barro, llena de mierda.

Pero nos ha hecho un inmenso favor al mentarnos, escupiendo desde la tribuna de oradores del Congreso, como dice míster Nieto. Cuando anuncia con un gargajo su disgusto, nos hace el anuncio gratis y compensa toda la publicidad institucional que a nuestro diario niega (por más que, al ser esta pública, hubiera de repartirse de manera proporcional entre los diferentes medios, independientemente de su tendencia).

Pero ya se sabe —Óscar Wilde dixit, y no Puente, evidentemente—: «Lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien».