The Objective

Desclasificando al ciudadano Sánchez

Cuando alguien tiene tal afán exhumatorio, cabe preguntarse el porqué de la obsesión. La respuesta es sencilla: porque la cosa le funciona. Cada vez que el ciudadano Sánchez desentierra o desempolva, lo hace con un único propósito: poner a funcionar el ventilador y lanzar al aire una cortina de mierda para que esta opaque el limpiaparabrisas del coche de Feijóo. Entre las boñigas que le tira Vox al pasar por la dehesa y el aspersor de excrementos que activa citizen Sánchez, el viaje desde Galicia hasta La Moncloa se le está haciendo una eternidad al gallego. Tras sus cuatro mayorías absolutas, está el hombre atrapado de la manera más absoluta.

Sánchez igual cava una zanja en busca de cadáveres frescos —si es que pueden considerarse frescos los cadáveres de ambos bandos que dormitan en las cunetas desde el 36—, abre nichos y porta caudillos en helicóptero (a lo Fellini), anuncia aniversarios de la muerte de sus adversarios y saca de las cloacas del Estado los archivos del 23-F cuando toca hacer que el personal mire en cualquier dirección que no sea la suya.

Ya iba siendo hora de desclasificar los papelotes del Coronel Perote, nuestra Warren Commission chapucera y de la TIA del gran Ibáñez. Mortadelo y Filemón a los mandos del CESID. Pero a uno le parece más urgente desclasificar los papeles de Su Sanchidad: el logbook de los vuelos no registrados del Falcon, sus paseos por Dominicana, las hazañas de su suegro, las primarias trincadas del partido, la tesis, los testaferros de Zapa y Ábalos, los enchufes de Koldo y toda la caterva de golfos. Paro aquí, que la lista no se agota pero agota y tengo un número limitado de caracteres. No porque me lo mande mi señorito el dire, sino porque soy consciente de que el lector no está para lecturas. Suficiente tiene con ver vídeos de fulanas oficiales y fotos de proxenetas gubernamentales. Ahí me han DAO.

Y digo yo, visto lo visto… ¿A qué esperan para traerse de vuelta a One Car Lost the First, que anda el hombre más lost que un rape en un pajar en los Abu Dabi lejanos, contemplando esa palmera? El Emérito, que tantas cagarrutas ha dejado —más que un elefante con diarrea en la Real Fábrica de Porcelana—, sale bastante airoso de la exhumación en vida a la que ha querido someterle Sánchez. Resulta que la noche de autos estuvo firme. Que los rumores de complicidad con los golpistas eran solo rumores y nada más. Y encima resulta que estuvo en un tris de que le fusilaran el cogote.

Seamos serios: su exmajestad habrá hecho sus cositas, claro —especialmente El Manco, que trincó a mano llena y luego se lo comió calladito—, pero uno duda de que se acerquen en cuantía y gravedad a las boñigas que viene perpetrando este Gobierno de golfos soleados, chorizos puteros, lechuguinos violadores y demás gentes de mal vivir.

¿Los murcianos? Unos santos a su lado. Se lo digo yo. Y Alcaraz.