The Objective

La viñeta sobre... los reyes Malos

¿Quién da un duro por Maduro? Pues eso. En Estados Unidos, tanto sus acérrimos seguidores como sus más desorejados detractores se refieren al Tío Donaldo como The King, el Rey. Y no es para menos. Tiene los modales desabridos y furibundos de un monarca feudal. También tiene gusto por el oro —aunque este sea de pegote— y los oropeles. Le van el cetro y el armiño; añora el medievo y se nota que se hubiese desenvuelto a placer en aquellos tiempos de miseria y barro. Hubiese desempeñado de manera solvente el papel de un soberano implacable y traicionero. Un regidor pragmático, fiero y justiciero. Pero es que, además, se está divirtiendo un huevo. Se nota. Se ha puesto el mundo literalmente por montera y, por ahora, parece que maneja el Call of Duty con la destreza de un adolescente adicto. Le gusta el juguete.

El mundo se acaba de dividir en tres, como una naranja que se abre verticalmente en tres trozos por los gajos. Tres fragmentos longitudinales, trazados por sus meridianos, y en la mesa donde se ha pegado el tajo solamente hay tres jugadores sentados. En Europa se acaba de celebrar una de esas cumbres a las que tan dados somos, de las que siempre nace una pedante y rimbombante declaración, esta vez sobre Ucrania y con el pedorrísimo título de Coalición de Voluntarios. Y, según se han estrechado la mano los voluntariosos voluntarios, en la mesa de póker donde se sientan los tres reyes se han caído las pilas de monedas de la sacudida que ha pegado el tablero del ataque de risa que han tenido los tres jugadores al unísono. Vamos, hablando en plata: que se han descojonado.

En Europa —y todavía no nos hemos dado cuenta— ya no contamos para nada: somos un parque temático con ínfulas de grandeza, en busca de su sitio perdido. Los antiguos señores coloniales —nosotros, Francia, Alemania, Inglaterra—, devenidos en un estado del bienestar que se financia a base de una deuda que crece monstruosamente década tras década, producimos más bien poco de lo que hoy realmente tiene valor. Lo que importa (y se importa) está en USA y Asia. Y Rusia está sentada a esa mesa porque lo que tiene son pepinos nucleares y la inquietante predisposición a utilizarlos dada la oportunidad. Nosotros, los ingenuos europeos, con nuestros dirigentes tan bien trajeados, formalitos y arreglados, pensamos que todavía se nos tiene en cuenta; o sea, que todavía contamos. Y lo que deberíamos contar son los minutos que nos quedan en este partido que se acaba y que perdimos mucho antes de empezar.

Ya vienen los Reyes, por los arenales…