The Objective

La viñeta sobre... Betty la fea

Delcy la Guapa

Que levante la mano quien se acuerde de la telenovela venezolana más divertida de todos los tiempos: Betty la Fea. Pues la realidad acaba de superar a la ficción con creces, y la fea de Betty se ha reencarnado y subido a los altares de manera definitiva como Delcy la Guapa. (Guapa por los cojones, pero yo me entiendo).

La ocurrencia del culebrón no ha sido mía ni de Cuesta. Esta vez ha sido invento de nuestro querido José María Marco, habitualmente dedicado a temas serios y sesudos como la historia española del 98, la República y esas cosas, pero a quien todo este asunto Trump y la reciente incursión bananera —we love Woody— ha vuelto un “trumpetero” gamberro y zascandil. Él, Tomás y Montoro el Bueno (lo bautizó así Rodríguez Braun, pero yo tengo mis dudas) se pasan el día de chanza, entre chascarrillos, asaetándome a güasaps, provocándome y pinchándome por gringo ingenuo y alma de cántaro que soy.

Delcy ha hecho de Bruto y ha apuñalado a su César por un señor fajo de dólares. Ella, la mosquita muerta, ha resultado ser el narcobichito que picó al tren y lo paró en seco. Mandó a su jefe bigotudo a vérselas con un juez nonagenario en New York, New York, que le puede apretar las tuercas hasta lo inimaginable. Delcy, la bella, es una Torcuata cualquiera: Torcuata Fernández de Miraflores. Es la reina del cotarro. Diosdado anda con la mosca tras la oreja cada vez que ve o escucha a la mosquita. No sabe si, tras ver pelar las barbas de su vecino Nicolás, tendrá que poner su lampiña papada a remojar; si los boys decidirán rasurarle el gaznate o internarlo en una cárcel federal de alta seguridad en Arizona, puerta con puerta con El Chapo Guzmán.

Las cosas en el Caribe, en —ahora sí— el Golfo de América, están sucediéndose a la velocidad del vértigo. Ahora que el Pisuerga pasa por Groenlandia, vísteme despacio, Donald, que llevo prisa.