Actuar en Irán
Actuar o no actuar, esa es la cuestión. Es la cuestión que deberían preguntarse tantos de nuestros actores y actrices y a la que ha respondido, con sorprendente lucidez y valentía, mi admirada Leonor Watling, para quien tuve el placer de trabajar años ha haciendo la portada y los vídeos del primer disco de Marlango. Leonor ha tenido el cuajo, los arrestos y el valor de soltar en una entrevista: «Y si me pongo el pin de Palestina, ¿me pongo el de Ucrania? ¿Y por qué no el de Sudán?».
Dice sin medias tintas que ella pertenece a un gremio que no es que sea precisamente el más ilustrado —aunque ella sí que lo es, doy fe— en cuestiones de política e historia, pero que anda empeñado en aprovechar cada plataforma, cada atril y cada altavoz para magnificar los mensajes y las consignas que otros, en la trastienda, entre bambalinas, pergeñan. Los eslóganes de los que mueven los hilos, a los que ellos prestan sus bellas voces y rostros, so pena de no volver a trabajar. Y ese mercadeo ideológico es lo que les convierte no en actores sino en marionetas.
No hay ejemplo más claro que el de la maravillosa Susan Sarandon, grande entre las grandes pero idiota muy tópica, abrazada a todas las causas como quien abraza árboles en un bosque. Hay tantos por abrazar… Ha venido a España a recoger un Goya de Honor, que era la excusa perfecta para instrumentalizarla de mala manera y hacerla portar un mensaje político alabando al tan necesitado de alabanzas Pedro Sánchez, ya que en la calle le alaban más bien poco y le gritan más bien mucho, por chorizo.
¿Y quién le ha escrito el guioncito a la gran dama? Pues evidentemente, ni más ni menos que nuestro oscarizado guionista y director Pedro Almodóvar, perdidamente enamorado de su tocayo desde que veranearon juntos en La Mareta, a tanga quitao; Begoña al fondo, pero en otra ala del palacio. Almodóvar, que ha presumido y petardeado histéricamente acerca de la guapura de su efebo presidencial, es quien ha debido de redactarle el guion (en una servilleta, no daba para más) a la Sarandon, que será próximamente chica Almodóvar, aunque lo haga ya siendo octogenaria. Y si no, al tiempo, aunque no les quede mucho, dado lo avanzado de sus edades. Chica Almodóvar, al fin y al cabo: ¡no es moco de pavo, Susana!
La cosa es que, mientras se habla en la alfombra roja y colorada de los Goya sobre Palestina, donde hay actrices actuando de verdad y dando la sangre y la vida por sus ideales es en Irán. Irán, esa dictadura teocrática que los Pedros no apoyan, pero sí defienden de la agresión imperialista.
Trump será lo que ustedes quieran, que lo es: un cleptócrata maleducado y hostil, pero la bofetada a Maduro y el estacazo al ayatolá… yo no sé cómo agradecérselo. Basta ya de palabras huecas y discursos vanos. En Irán no se mata: se caza. Se ametralla y se asesina a millares a los que osan pedir un cambio, a los que intentan salir de debajo de la sotana de los clérigos y de la bota de ese ejército de sicarios asesinos que son los Guardianes de la Revolución, unos ICE pero a lo bestia.
