En poco más de una década, Bildu ha pasado de ser una formación emergente a consolidarse como segunda fuerza en Pamplona. La encuesta más reciente la sitúa apenas un escaño por detrás de UPN, la marca del PP en Navarra, y nada menos que siete por delante de Geroa BAI, la coalición con la que compite el PNV en la comunidad foral.
¿Cuáles han sido las claves de este ascenso?
Entre los elogios que más repiten los votantes y simpatizantes del actual equipo de gobierno municipal destaca la inversión en limpieza y mantenimiento, que ha hecho de Pamplona una de las ciudades más limpias de España.
Pero no es solo que tengan la capital navarra como una patena.
Está también la promoción de cooperativas de vivienda en suelo municipal, o que se destine un tercio del presupuesto a acción social.
Esta gestión centrada en la sostenibilidad, la vivienda y el bienestar de las personas vulnerables es, sin duda, digna de elogio y muchos consideran que habilita a Bildu como firme aspirante a la Lehendakaritza. Es más, algunos analistas ven en estas formaciones alternativas la cantera de la que debe salir el indispensable relevo de los dos partidos que han gobernado España desde la Transición, PP y PSOE, ambos igualmente corruptos y ensimismados.
Yo no me haría, de todos modos, demasiadas ilusiones.
Para empezar, tener una ciudad limpia es un ejercicio de coerción, algo que sabemos que se le ha dado históricamente bastante bien a algunos dirigentes de la izquierda abertzale.
Tampoco entraña grandes problemas el gasto en vivienda y bienestar. Lo único que debe hacer el gobernante es aguantarse las ganas de quedárselo para juergas. Entiendo que para alguno esto supone un sacrificio intolerable, pero, así y todo, gastar sigue siendo la parte fácil de gobernar. Lo complicado no es repartir la tarta. Lo complicado es conseguir que, al mismo tiempo, la tarta crezca, algo que requiere cuidar a los empresarios y facilitar su labor, no enredarlos en una maraña regulatoria y aplastarlos luego bajo un volquete de impuestos.
Comerse a los ricos es algo que puede hacer cualquiera, pero una vez que te los has comido, ¿de dónde vas a sacar el dinero para mantener limpia la ciudad, para construir más viviendas y para cuidar a las personas vulnerables?
Esta es una pregunta que las formaciones alternativas como Bildu tienen aún que responder, a juzgar por las medidas que han respaldado esta última legislatura en el Congreso.
