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La verdad sobre la Deep Web: más que porno, cocaína y ak47s

Clara Paolini

Foto: GLEB GARANICH
Reuters
Un usuario estándar tan sólo tiene acceso a entre el 3% y el 10% de todo internet; el 90-97% restante permanece oculto en la Deep Web. ¿Qué hay en esa inmensa parte de internet que no vemos?, ¿es cierto que se pueden comprar drogas a domicilio, todo tipo de armas, contratar un asesino a sueldo o encontrar la información secreta que los gobiernos ocultan?, ¿cuál es la verdad más allá de las leyendas urbanas?

Nos adentramos en la Dark Web y en la Deep Net, hablamos con usuarios, policías y expertos en la materia. Investigamos, analizamos y esto es lo que encontramos.

¿Qué son la Deep Web y la Dark Net?

Que el verbo más utilizado para visitar la web sea “navegar” por internet no es casual, porque eso es justo lo que hacemos: flotar sobre la superficie como un barco sobre el mar, ignorando lo que se mueve en las profundidades. El internet donde visitamos redes sociales, sitios de noticias, blogs, wikis y páginas a las que accedemos a través de buscadores, es tan solo la punta del iceberg; el resto permanece oculto a la mirada superficial y aún son pocos los que se atreven a bucear.

En una explicación muy simplificada, internet tiene tres niveles básicos: la web que la mayoría conocemos y a la que accedemos a través de buscadores como Google (la superficie), la Deep Web (la web “profunda” compuesta por páginas no indexadas, a las que es imposible acceder a través de buscadores), y por último la Dark Net, la parte más oscura de la Deep Web que permanece intencionalmente oculta.

Tu página del banco o los archivos internos de una biblioteca, por ejemplo, están en la Deep Web, pero dentro de esa “sección” de internet que normalmente no vemos, también se encuentra lo que ha venido en llamarse el “internet oscuro”.

Para hacerse una idea general del abanico de mitos y posibilidades en torno a la parte oscura de internet, páginas como el hilo de Reddit sobre las historias en la Deep Web aportan una visión simplificada que posiblemente distrae de su potencial real: drogas por correo con sus consiguientes anécdotas, surrealistas vídeos de contenido sexual y comercio de prácticamente cualquier cosa, desde órganos o heroína hasta zanahorias. ¿Es cierto todo lo que cuentan?

¿Es verdad que en la Deep Web se pueden comprar todo tipo de drogas a domicilio?

Sí, el mercado clandestino de drogas de la Deep Web es real, inmenso y relativamente incontrolable. Prácticamente cualquiera puede entrar y comprar un par de gramos de la cocaína más pura o drogas de síntesis recién salidas de una cocina química en Asia.

¿Cómo es este mercado? Imagina una plataforma como eBay o Amazon donde en lugar de encontrar ropa, electrodomésticos o libros, se pudieran comprar MDMA en todas sus variantes, dosis de LSD con el respaldo de clientes satisfechos o estupefacientes de los que ni siquiera has oído hablar, imposibles de conseguir a pie de calle. En estos mercados clandestinos se paga con bitcoins, los vendedores envían los pedidos por correo y tienen hasta su propio Black Friday.

Valium, roxys, cristal, marihuana y hormonas. (Imagen: Captura de pantalla de Silk Road)

Aunque es tan sólo una parte de todo lo que la Deep Web ofrece, el comercio de sustancias ilícitas se ha convertido en una de las principales razones por las que esta parte de la red se ha dado a conocer y motivo de su mala fama. Según un Inspector del Grupo de Seguridad de Lógica de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional, quien prefirió que su identidad no fuera revelada, este tipo de mercados son los protagonistas, y en lugares como “AlphaBay o Dream Market la contratación está abierta a todos. Entras y ves que te están vendiendo drogas”, pero debido a los sistemas de encriptación y la garantía de anonimato que ofrece la Deep Web, “para nosotros es mucho más difícil identificar a la persona que hay detrás, al responsable”.

Aunque resulta difícil “ponerle puertas al campo”, han sido muchas las ocasiones en las que la ley ha intentado imponer su orden, siendo uno de los casos más sonados el de Silk Road, un site encriptado dado a conocer por los medios como “el mayor mercado negro de drogas”. La primera versión de Silk Road fue cerrada en octubre de 2013, tras casi tres años operando, y según datos del grupo de investigación de Digital Citizens Alliance, aunque su clausura paralizó 13.648 transacciones de drogas diferentes, el comercio de drogas no sólo no se vio interrumpido, sino que aumentó gracias a la proliferación de otras plataformas y el uso extendido de la red para estos fines.

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Aproximación a la distribución y valor de mercado de Silk Road, Evolution y Agora entre Diciembre de 2013 y julio del 2015. (Fuente: The Economist)

El supuesto fundador de Silk Road, Ross Ulbricht, que por aquel entonces tenía 29 años, fue detenido y condenado a dos cadenas perpetuas; una sentencia sin precedentes que tuvo como objetivo amedrentar a todo aquel que pensara en seguir sus pasos. Un auténtico cabeza de turco que la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) definió como el rey de la seguridad del anonimato en internet, sin sucesores al trono. Sin embargo, tal y como queda reflejado en el documental sobre el cierre de Silk Road, “puedes encarcelar al hombre, pero no sus ideas”, por lo que una nueva versión volvió a lanzarse en mayo de este año y existen otras muchas plataformas, como las ya señaladas por el inspector de Policía, que comercializan todo tipo de drogas cada día en la actualidad. Son muchos los que señalan como el germen de la demonización de la red oscura la repercusión mediática negativa que provocó Silk Road, pero ¿hasta qué punto es malo que existan este tipo de mercados?

En Silk Road, son los usuarios los que con sus reseñas y comentarios, establecen el grado de calidad y credibilidad de los camellos online, puntuando productos para que otros compradores sepan qué esperar. De esta forma, los interesados conocen qué es lo que contiene exactamente cada paquete a la venta y se evitan posibles peligros asociados a la adulteración de sustancias. Según un informe realizado por la asociación Energy Control, basado en el análisis de 219 muestras de diferentes drogas obtenidas a través de la Deep Web, el 91,3% mostraban una composición fiel a la ofertada en la página. Además, la calidad de estos productos es mejor en los criptomercados que en los mercados convencionales, presentando niveles más altos de pureza y un menor grado de adulteración.

Los expertos apuntan que plataformas como Silk Road proporcionan una alternativa real a los carteles de la droga, traspasando este tipo de comercio a personas cuyo único crimen es la venta, en contraposición a los narcotraficantes cuyos delitos pueden llegar a incluir asesinatos en masa y secuestros. ¿Cuántos tiroteos, extorsiones y muertes se evitarían si el comercio de drogas se realizara online? Desde su punto de vista, teniendo en cuenta que la guerra contra las drogas no parece llevar a la erradicación del consumo, las transacciones digitales al menos alivian delitos asociados al narcotráfico, ya que los mercados de la Deep Web eliminan los escenarios en el que el comprador se ve obligado a realizar transacciones con desconocidos en oscuros callejones, aportando un modelo para la venta legalizada de drogas que podría funcionar.

¿Se venden tarjetas de crédito y datos robados?

Según el Inspector del Grupo de Seguridad de Lógica de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional, en los mercados clandestinos de la Deep Web “se venden drogas, armas… pero en España, principalmente, datos robados como tarjetas de crédito, cuentas de correo, cuentas de PayPal y servicios para instalar virus informáticos”, tanto de contratación privada como dirigidos a gobiernos y empresas. Según explica, “la mayoría del Malware y datos robados provienen principalmente de Rusia, y de hecho, hay muchos mercados y foros clandestinos que están en ruso y son solo para personas rusas, que son una de las comunidades más grandes dentro de la Deep Web en la actualidad”.

Con el objetivo de evitar el éxito de estas transacciones, la policía lleva a cabo “ciberpatrullajes”, donde se investigan los productos a la venta para descubrir si las cuentas bancarias que ofrecen son reales y pertenecen a bancos o titulares españoles. “El ciberpatrullaje está encaminado a los canales abiertos, a los mercados, a foros públicos, y si encontramos algún vendedor o evidencias que entren dentro de nuestra responsabilidad, iniciamos una investigación. En el marco de dicha investigación, si se considera oportuno, se puede solicitar lo que se llama la figura del agente encubierto virtual, una figura introducida gracias a la nueva reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que permite que los agentes de policía nos infiltremos un poco más en el foro para intentar identificar al vendedor o grupo organizado que esté detrás de esa venta”, explica el inspector.

Los foros tienen una parte pública a la que cualquier persona puede acceder, publicar y leer, pero también suelen tener subforos a los que se requiere invitación por parte de alguno de los administradores. “Generalmente ahí no llegamos porque hace falta una orden de agente encubierto. Sólo llegamos a ese canal cuando se tienen indicios de que en ese canal se están o cometiendo, planificando o se están dando evidencias de un ataque”, aclaran desde la Policía.

¿La Dark Net favorece el intercambio de pornografía infantil?

El Oficial de Policía Eduardo Casas Herrer, de la Brigada de Investigación Tecnológica, sección contra la explotación sexual de menores en internet, opina que “casi todos los que entrar en la Deep Web lo hacen para comprar productos ilegales, la pornografía es una minoría, pero una minoría muy llamativa porque es lo que más rechazo social produce. Que alguien compre dos gramos de cocaína para esnifarla en una fiesta no le importa a casi nadie, pero la pornografía infantil resulta muy desagradable. Cuando alguien que no busca ese contenido lo ve, resulta impactante hasta el punto de sentirse enfermo”.

En casi todos los directorios superficiales de la Deep Web la pornografía infantil aparece “baneada” y en muchos casos, son los propios usuarios los que bloquean, clausuran e incluso denuncian el intercambio de Cheese Pizza, uno de los nombres con los que se conoce la pornografía infantil en el argot de la Dark Net (por sus siglas en inglés CP – Child Porn). En determinadas ocasiones, pueden ser incluso los propios pedófilos los que queden escandalizados ante lo que ven porque se cruzan fronteras que superan toda depravación imaginable y corroboran que algunas leyendas urbanas son lamentablemente ciertas, “como en el caso de Daisy Destruction, en el que fueron los propios pedófilos los que llegaron a denunciar vídeos con la tortura de un bebé”, cuenta el investigador.

El motivo por el que los pederastas comparten archivos en foros ocultos de la red, aunque su perfil psicológico no les llevaría al deseo de mostrarse, radica en que para obtener más material, muchas veces no queda más remedio que dar a conocer sus hechos. Uno de los requisitos para ser admitido en los subforos es compartir dicho material: “Si quieren cosas nuevas necesitan compartir. Antes lo hacían en la web abierta y ahora a través de la Deep web”, asegura Casas.

Según este experto con más de una década a sus espaldas luchando contra la pesadilla de la pornografía infantil, la Deep Web y la Dark Net “son un medio para que los pedófilos, que antes eran personas aisladas, se pongan en contacto entre sí y se proporcionen un refuerzo psicológico, lo cual es muy importante. La parte buena, dentro de lo malo, es que a través de ellas conocemos una serie de imágenes de abusos sexuales a menores que antes quedaban totalmente ocultos. Gracias a eso se ha conseguido identificar algunas de la víctimas y llevar a cabo detenciones de pedófilos, como ocurrió con el caso Maxi, que de no ser por la Deep Web, no hubiéramos podido resolver (…) Los pedófilos creen que estas plataformas son una forma más segura de intercambio, pero no lo es tanto, porque siempre hay formas de saber quién hay detrás. No siempre son fáciles, ni siempre funcionan, pero existen. Los pederastas no son invulnerables, que es lo que ellos se piensan. La garantía de anonimato y privacidad de la Dark Net es una afirmación optimista, todo deja rastro. Hay rastros que son muy difíciles de seguir, pero si lo haces de forma habitual puedes cometer un error tan sencillo que nos lleve a una identificación”.

Según relata el oficial “en España se consume mucha pornografía infantil, pero en ocasiones se hace por mera curiosidad, o casos de alguien que no es un pedófilo se lo descarga junto con otras variedades sexuales, como por ejemplo una carpeta en la que vienen vídeos de ancianas, transexuales y niños, por poner un ejemplo. Se bajan videos con esas tres cosas como si fueran normales, pero ver un vídeo de pornografía infantil ya supone un delito en nuestro país”. Asegura que cada año se investiga a más de 400 personas, aunque entre ellos, no hay muchos pedófilos estrictos, y de estas investigaciones hay muchas que jamás salen a la luz pública “porque el día que se sepa nos cortarán las alas. Se pueden estar utilizando métodos y herramientas que si se conocieran, se acabarían. En la Dark Net se trabaja mucho pero se da a conocer muy poco“, asegura Casas.

¿Es legal entrar en la Deep Web?

Según explica un compañero del Grupo de Seguridad de Lógica de la Unidad de Investigación Tecnológica entrar en la Deep web no es un delito de por sí. Entrar a un mercado o a cualquier página legítima, que en la Dark Net hay muchas, no supone un delito. Otra cosa sería entrar en un foro de pornografía infantil para el que hay que registrarse y con el conocimiento de que sí se está intercambiando ese material”.

Que en la Deep Web se comercie con sustancias ilícitas, que impliquen algún delito o existan actividades criminales, no significa que el mero hecho de entrar te convierta en un criminal. Una de las quejas más habituales entre usuarios y gestores es justamente ese: la Deep web se ha demonizado, pero que se le haya puesto el adjetivo de “oscura” no significa que quien la visite sea pederasta, drogadicto o yihadista. En esta dirección, MP, ingeniero informático que visita asiduamente páginas dentro de la Deep Web, comenta que “gran parte de la culpa la tienen los medios de comunicación y blogs de gente que lo único que ha hecho es googlear deep web, o como mucho, entrar una vez para ver que hay de forma superficial. Que si entrar en los infiernos, que si asesinos a sueldo, pelis snuff…Normal que a la gente le de miedo entrar, pero de verdad que no es solo eso. Los mejores libros que he leído los he comprado en la Deep Web”.

¿Por qué entrar en la Deep Web si no es para comprar drogas, ver porno o aprender a ser un hacker?

Jorge Alberto Lizama Mendoza, Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México y Especialista en Cibercultura y Multimedios Digitales, explica que “lo de comprar drogas, encontrar pornografía o empezar a convertirse en hacker está en el primer nivel de superficialidad de la Deep Web. Cualquiera puede entrar, buscar el directorio prohibido de los sitios .onion y encontrarlo, por lo que muchos adolescentes llegan a este punto, hacen este recorrido muy superficial y venden una imagen sesgada en los videos que luego publican en YouTube (…) A partir de 2009-2010 empieza a llegar mucha pornografía, incluso a niveles alarmantes, y también empieza a haber cierta masificación. Los niveles superficiales están llenos de los que llamamos niños rata, como se les conoce en el argot de internet, que hablan de que tienen pactos con el diablo, de que han descubierto drogas para tener relaciones sexuales toda la noche…puros rumores y mitología urbana”.

Desde su punto de vista, esta imagen ha hecho mucho daño a la percepción generalizada sobre la Deep Web: “Hay que superar este primer escalón, que necesariamente vamos a encontrar. Si superamos ese nivel, encontraremos otros motivos para visitar esa red. Podemos encontrar información periodística, minería de datos, información que todavía ni siquiera ha sido tratada a través de una redacción periodística… Es información en su estado más puro. No hay tratamiento, tergiversación ni prejuicios que impidan que podamos analizar la información objetivamente”.

Personalidades como Julian Assange o Edward Snowden demostraron que en el siglo XXI el ‘Gran Hermano’ es una realidad y que en internet ningún movimiento pasa desapercibido. En este sentido, la Deep Web ofrece una respuesta. Comenzó como un movimiento formado por criptográfos y expertos de seguridad que buscaban vivir en un mundo donde gobiernos y corporaciones no pudieran acceder a correos privados, espiar llamadas telefónicas o llevar a cabo recogidas de datos en contra del derecho a la privacidad. No buscaban destruir la ley, sino construirla democráticamente poniendo a disposición del gran público herramientas de encriptación para cambiar la forma en la que funciona internet, donde todos trabajamos gratis para Google y Facebook y los gobiernos llevan a cabo una vigilancia pormenorizada de cada movimiento.

Irónicamente, TOR (The Onion Router, que significa algo así como el router de la cebolla por las capas que contiene), que es el software más conocido para acceder a la Dark Web, surge como un proyecto militar creado por el Laboratorio de Investigación Naval de la Armada de los Estados Unidos, que si no abandonado, es dejado de lado. Es entonces cuando la Electronic Frontier Foundation, famosa por defender los derechos de los usuarios en internet, retoma TOR, le da un desarrollo enfocado a defender al ciudadano y aparece la Deep Web en su estado primario. El objetivo general del Proyecto TOR es “hacer que internet sea utilizable sin que te puedan espiar o censurar” y más allá del porno, las drogas y los hackers,  la Deep Web es en esencia, un espacio para el libre flujo de información.

Ha sido protagonista en la sombra de la Primavera Árabe, una plataforma indispensable para la puesta en conocimiento de WikiLeaks y continúa poniendo baldosas sobre importantes filtraciones. En la Dark Net pueden consultarse los documentos “en bruto” de los Papeles de Panamá, filtraciones que revelan la contratación de hackers por parte de gobiernos o la información ocultada por la prensa sobre el escándalo de pederastia a través de los correos de Jon Podesta y Hillary Clinton.

Dentro de la Deep Web, los llamados Tactical Media (medios tácticos), proporcionan una fuente de información alternativa a los tradicionales medios de comunicación mainstrain, buscando innovar, politizar y generar un laboratorio de ideas partiendo de la propia ciudadanía. Ejemplo de ello es ProPublica, una organización sin fines de lucro que suma la participación ciudadana en la elaboración de sus reportajes. Creada en 2008 y ganadora de numerosos premios en periodismo de investigación, entre ellos dos Pulitzer, ProPublica empezó a barajar la posibilidad de lanzar su versión en la Deep Web mientras trabajaban en un reportaje sobre la censura en Internet de China. ¿Cómo conseguir que los ciudadanos lleguen a la información sin pasar por la todopoderosa censura de su gobierno? Esta respuesta, como muchas otras relacionadas con el derecho a la información, parecen señalar a la Deep Web como solución. 

Según describe el Doctor Lizama, en la Deep Web la información está cifrada, pero la información que compartimos depende de un tercero. En cambio, en la Dark Net, la comunicación es de uno a uno: envío información cifrada a una persona y al recibirla ésta vuelve a protegerse mediante métodos de criptografía. Como consecuencia, el primer obstáculo que encuentra el usuario, es la lentitud. Cuanto más sensible sea la información y mayor necesidad de privacidad implique, más lento será el acceso, lo que provoca que la mayoría de la gente, acostumbrada a la inmediatez, se quede en un vistazo con el que aliviar la curiosidad. Tal y como afirma el experto, casi todo el mundo entra “en el más superficial, al que cualquier youtuberito puede acceder y quedarse asustado, pero hay un segundo paso, donde ya hay que tratar y comunicarse con los demás y no sólo mirar lo que hay ahí, lo que propone una implicación social de la tecnología mucho más dura. Y por último, un nivel aún más profundo, donde hay información incluso militar y sobre gobiernos a la que es más difícil de acceder, donde las necesidades de seguridad y privacidad tienen que ser muy amplias. A este nivel no se puede entrar a través de Windows o Mac, tienes que usar un sistema operativo torificado (de TOR)”.

Aunque al igual que en una cebolla, existen numerosas capas y dependiendo de cada usuario el nivel de acceso sea diferente, la Dark Net se ha convertido en un espacio de información e interacción que se opone al modelo institucionalizado, o lo que Lizama llama “el modelo selfie, promovido por las grandes corporaciones digitales que tiene como objetivo que el usuario se desnude ante la tecnología, que no guarde secretos, sino que se los venda a la máquina para que ésta, bajo el dominio del algoritmo, se beneficie de información que ni siquiera él conoce convirtiendo sus propias vidas de los usuarios en productos”. 

Como espacio para la “anarquía cibernética” y la protección de la privacidad,  la Deep Web se sitúa en el modelo opuesto. Aquí se intercambia una gran cantidad de información, pero no sobre la vida personal de cada uno, sino información de interés público. Según Lizama “deberíamos utilizar la Deep Web porque conociendo los niveles más profundos, ganaríamos en apropiación social de la tecnología, ganaríamos en nuestra alfabetización tecnológica y podríamos innovar con libertad“. 

En la Deep Web y en la Dark Net hay cocaína, AK47s y pornografía infantil, pero también hay clubs de lectura, debates entre idealistas e información en estado puro. La existencia de este mundo subterráneo no es algo bueno ni malo de por sí; la Deep Web y la Dark Net “tan solo” son poderosas herramientas para la libertad en internet. Qué hagamos con ellas, dependerá, ni más ni menos, de cada uno de nosotros como usuarios.

Continúa leyendo: Cómo rellenar el formulario del derecho al olvido de Google en 5 pasos

Cómo rellenar el formulario del derecho al olvido de Google en 5 pasos

Redacción TO

El derecho al olvido ha sido una de las grandes reivindicaciones del mundo digital. Poder borrar nuestro pasado virtual es ya todo un derecho. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) hizo pública el 13 de mayo de 2014 una sentencia que establece, como ya venía aplicando la Agencia en sus resoluciones, que el tratamiento de datos que realizan los motores de búsqueda, como el de Google, está sometido a las normas de protección de datos de la Unión Europea y que las personas tienen derecho a solicitar, bajo ciertas condiciones, que los enlaces a sus datos personales no figuren en los resultados de una búsqueda en internet realizada por su nombre.

A pesar de que este aspecto del derecho al olvido fue adquirido hace ya bastante tiempo, muchos usuarios desconocen el procedimiento a seguir cuando quieren hacer uso de él. Sobre todo, ignoran que es un proceso muy fácil, especialmente en el caso de Google, el buscador más usado. Estos son los 5 pasos a seguir para rellenar el formulario del derecho al olvido en Google:

1. Ve a la página de inicio de Google.es.

2. Haz clic en la pestaña ‘Privacidad’.

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3. Haz clic en la pestaña ‘Preguntas frecuentes’.

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4. Haz clic en el enlace al formulario web.

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5. Rellena el formulario con tu identidad y los enlaces a las URL que desees eliminar de la web. Es necesario que adjuntes, además, una copia de tu DNI.

Después, simplemente hay que esperar a recibir la respuesta de Google.

Este procedimiento, aunque sencillo, ha provocado una cierta controversia. Los defensores del derecho al olvido han denunciado que incluso si la solicitud es aceptada por Google, el contenido no aparece en los resultados del motor de búsqueda pero sigue estando en la URL original. Los criterios de decisión establecidos por Google tampoco han contentado del todo a los activistas pro derecho al olvido. Los internautas han denunciado su subjetividad, y es que la decisión de eliminar o no el enlace se basa en estos tres principios: obsolescencia, pertinencia y exceso. Aunque no es un procedimiento perfecto, sí que es en la práctica muy accesible para los usuarios. Estás a tan sólo 5 pasos de eliminar de Google partes de tu identidad que quieras borrar.

Continúa leyendo: La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Cecilia de la Serna

Allá por 1997, Reed Hastings y Marc Randolph crearon un videoclub de servicio a domicilio en Los Gatos (California). Los clientes de este servicio de vídeo online podían solicitar un DVD que les llegaba a la puerta misma de su casa por correo ordinario. Todo esto se gestionaba a través de una página web, lo que ya era una verdadera revolución en la época.

Sin el nacimiento del DVD, de hecho, Netflix nunca habría existido. Sus fundadores estuvieron a punto de abandonar la idea por los problemas logísticos que entrañaba el envío de VHS.

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Así llegaban los títulos cinematográficos a los hogares de los suscriptores de Netflix. (Foto: Marit & Toomas Hinnosaar)

La clave estaba en el mismo formato, y es que con la desaparición del VHS y la entrada del DVD los problemas logísticos desaparecieron. Esto era Netflix antes de entrar en el mundo del streaming digital allá por 2007. Casi 20 años después del primer envío al domicilio de un cliente, ahora Netflix es un gigante de la ficción gracias a sus producciones propias, que incluso marcan tendencia en la denominada “televisión tradicional”.

La expansión internacional, clave del éxito

El 6 de enero de 2016, el CEO de Netflix, Reed Hastings, anunció que Netflix iba a pasar a estar presente en 130 países nuevos, triplicando la distribución de la compañía. “Hoy estamos presenciando el nacimiento de una nueva cadena de televisión por internet global”, afirmó Hastings. Bajo el hashtag #NetflixEverywhere, la empresa celebró este hito en sus redes sociales. Entraban países con unas audiencias potenciales muy jugosas para la compañía, como Rusia, India o Corea del Sur. Sin embargo, quedaba una espina clavada: China, la excepción notable de este “Netflix en todas partes”. Aparte de la nación más poblada del mundo, quedaban fuera otras zonas sensibles como Crimea, Corea del Norte o Siria, debido a las restricciones hacia las compañías estadounidenses en estos territorios por parte del gobierno norteamericano.

Además de añadir países, se apuntaban más idiomas a los 17 que soportaba su plataforma: árabe, coreano y chino (a pesar de estar China fuera de la lista de naciones conectadas a este servicio de streaming). Básicamente, Netflix se estaba globalizando a niveles insospechados tan sólo cuatro años atrás, cuando daba su primer gran salto a Europa. Y es que es precisamente la expansión internacional, iniciada esencialmente en 2012, la causante de que Netflix haya cuadriplicado sus suscriptores.

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Netflix está disponible en 190 países.

Pero no es oro todo lo que reluce. En las últimas semanas hemos asistido a un desplome notable en Wall Street de las acciones de Netflix. Esta bajada de las cotizaciones del gigante de Los Gatos es una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que mejoró su beneficio neto en un 12% en el primer trimestre de 2016, y que obtuvo unos beneficios de 1.957 millones de dólares, que subieron un 24,4%. Entonces, ¿por qué se desploma Netflix en la bolsa? Porque Netflix no funciona tan bien fuera de Estados Unidos. Mientras que el negocio dentro de su país de origen le genera 413 millones de dólares, el mercado internacional le reporta pérdidas de 104 millones. Esto se traduce en una decepción de los inversores, que veían en el #NetflixEverywhere un verdadero filón. No obstante, Netflix no ha cumplido (de momento) con las expectativas de los analistas, que auguraban 3,5 millones de nuevos suscriptores internacionales, cuando realmente han atraído “tan sólo” a 2 millones, aproximadamente. ¿Será la próxima -y pendiente- inclusión de China a su lista de países un alivio en los mercados? Los movimientos que emprenda Netflix en los meses a venir serán mirados con lupa. Pero Netflix no es tan sólo una compañía con balances de números, Netflix es un modo de vida. Una plataforma que ha cambiado los hábitos de consumo de millones de personas.

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Usuarios de Netflix en los últimos catorce años. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)

De la cultura del binge-watching al Netflix and chill

Binge-watching es un término anglosajón para definir un telemaratón en plataformas de televisión digitalNetflix fue pionero en extender esta costumbre ya muy arraigada en los hábitos de los consumidores de entretenimiento online, especialmente entre los más jóvenes: los millenials y la generación Z.

Netflix fue la primera plataforma en lanzar las temporadas de sus series originales completas. Según una encuesta de la compañía en febrero de 2014, el 73% de sus usuarios definen el binge-watching como “ver entre dos y seis episodios de la misma serie de una sola tacada”. Ya en los años 80 existía un fenómeno parecido, el telemaratón de programas de televisión emitidos de continuo durante varias horas por una misma cadena. En los años 90 ya se utilizaba, especialmente en Estados Unidos, el término binge-watch, aunque era residual y se limitaba a los fandoms, o comunidades de fanáticos de una serie de televisión. La práctica era parecida a la que se ha extendido en los últimos años en las plataformas digitales, aunque el formato que se utilizaba era el de packs de DVD que incluían varias temporadas de una misma ficción. No obstante, la popularidad que ha adquirido en los últimos cinco años con la expansión de los servicios -legales o ilegales- de streaming ha colocado al binge-watching en la cultura popular como nunca antes.

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Netflix puede verse desde cualquier dispositivo que puedas imaginar. (Foto: Netflix)

Al menos el 70% de usuarios de Netflix realiza esta práctica, muchas veces animados por las propias tramas “gancho” de las series. La preocupación por que el que está frente a la pantalla esté viendo demasiadas horas de una misma serie ha hecho que el propio Netflix envíe una notificación que pausa la reproducción y cuyo mensaje es claro: “¿Todavía estás viendo la serie?”. Muchos critican esta medida diciendo que hace sentir vergüenza al usuario que recibe la notificación, y otros la defienden como un elemento crucial para preservar la salud de los espectadores. La aparición de este fenómeno sociológico ha auspiciado todo tipo de teorías y estudios psicológicos en torno a este hábito. Según el Journal of Health Psychologyel binge-watching no tiene nada de malo. Estos “atracones”, según sus investigadores, pueden resultar muy placenteros.

La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Otras teorías, como la de la Universidad de Texas, contradicen esta hipótesis: la práctica del binge-watching podría tener una relación directa con la depresión. Según Yoon Hi Sung, miembro del grupo de investigadores, “la fatiga física y los problemas como la obesidad son causa de preocupación. Cuando el binge-watching se vuelve desenfrenado, los espectadores pueden comenzar a descuidar su trabajo y sus relaciones con los demás. Aunque la gente sepa que no debe hacerlo, tiene dificultades para resistir el deseo de ver episodios de forma continua”. Estamos, tal vez, ante un nuevo problema de adicción. ¿Debería el binge-watching tratarse como se tratan otras adicciones tecnológicas como la nomofobia?

Otros términos y frases, más que convertirse en fenómenos sociológicos, se han asentado en el vocabulario de los internautasNetflix and chill es un buen ejemplo de ello. El primer uso de esta frase en Twitter está registrado en 2009:

Las redes sociales han sido clave para popularizar el servicio de Netflix, tanto que han acuñado un término que directamente funciona como sinónimo de “tener sexo”. En un primer momento, “Netflix y relájate” no significaba más que eso: pasar un rato distendido con una serie o película. Con el tiempo fue adquiriendo la connotación erótica que ahora se ha extendido por medio planeta. Tal ha sido la explosión del Netflix and chill que hasta se ha creado una canción sobre ello.

Este término, que tiene su propio recorrido vital, demuestra cómo gracias al poder de las redes sociales, de publicaciones con un target definido como BuzzFeed, y del imaginario colectivo, una compañía puede convertirse en una forma de hacer las cosas. En una forma de ironizar sobre la vida. En un modo directo de comunicación. Netflix no sólo cambia los hábitos de consumo, sino que crea unos nuevos, y genera toda una cultura popular en torno a su propia identidad.

Las cifras estratosféricas de usuarios de Netflix en todo el mundo no pueden tenerse en cuenta sin otro dato fundamental para entender el fenómeno: la cantidad de horas que pasa la gente en la plataforma. La posibilidad de ver lo que quierascuando quierascomo quieras y desde la pantalla que prefieras ha marcado la diferencia. En 2015, los usuarios vieron 42.500 millones de horas de series y películas. Ahora Netflix contempla la posibilidad de visualizar contenido online, lo cual multiplicaría seguro las horas de visionado. Otras plataformas ya ofrecen esta posibilidad, como YouTube o Amazon Video.

La influencia social de esta y otras plataformas está contrastada. Su continuidad se sustenta sobre un modelo de negocio que evita la publicidad, y sobre una nueva forma de contar historias.

La tarifa de suscripción, modelo de negocio

Ya por 1999, los de Los Gatos lanzaron una tarifa de suscripción con acceso ilimitado al alquiler de DVD. Comenzaba así una andadura que marcaría el camino del modelo de negocio de los servicios de streaming en internet. Netflix apuesta desde entonces, y todavía ahora, por el pago directo de los clientes a través de diversas tarifas mensuales, frente al modelo publicitario. De hecho, según un estudio reciente, Netflix ahorra de media a sus usuarios unos seis días de publicidad al año.

Los servicios en streaming, ya sean de películas y series como Netflix, o de música como Spotify, han propiciado el boom del ‘todo incluido’. Los modos de suscripción de Netflix varían según la calidad en que queramos ver los contenidos y el número de dispositivos que pueden hacer uso de una cuenta de forma simultánea. Actualmente, en España hay tres modalidades: 7,99 euros/mes (un solo dispositivo, SD), 9,99 euros/mes (dos dispositivos, HD), y 11,99 euros/mes (cuatro dispositivos, 4K). Una de las ventajas de Netflix es el gran abanico de dispositivos disponibles(móviles, tabletas, consolas, Apple TV, Smart TV, y -cómo no- el propio ordenador). Esto hace que muchos opten por una de las dos tarifas más altas.

Una nueva forma de contar historias

El gran paso que dio Netflix vino de la mano de la producción audiovisual. Más allá de ser ‘solamente’ una plataforma de streaming digital, se lanzó a producir títulos propios. Algunos de estos son su bandera, un orgullo que llevan por festivales y ceremonias de premiosHouse of Cards y Orange is the new black lanzaron al estrellato a Netflix, siendo una causa directa de su expansión internacional.

A estos títulos siguieron otros como Narcos o las colaboraciones con Marvel en Daredevil y Jessica Jones. Además, produce documentales y apoya el cine independiente. Netflix tiene previsto invertir más de 1.000 millones de dólares en series propias -algunas de ellas realizadas en diferentes países y con un target local- y ha comprado películas en el festival de Sundance. En la pasada edición de los Premios Oscar, Netflix entró por la puerta grande con dos nominaciones a Mejor Película Documental porWhat Happened, Miss Simone? Winter On Fire: Ukraine’s Fight For Freedom.

La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix 5
Solo o en familia, Netflix siempre te salva un buen plan. (Foto: Netflix)

Estos servicios de streaming han creado una nueva forma de contar historias. El binge-watching ha brindado la posibilidad de rodar episodios pilotos más arriesgados, así como la despreocupación por los datos de audiencia. Los guionistas y creadores de las series nativas para plataformas como Netflix tienen una mayor libertad creativa y narrativa, moldeando los argumentos para ser consumidos de una sola tacada. Pero la estrategia de Netflix aún está en el aire: ¿Quiere ser la televisión del futuro o una sala de cine indie? Sea como sea, sus títulos, argumentos y personajes se están convirtiendo en los iconos de una generación de espectadores exigentes.

Otros servicios

En Estados Unidos, la competencia que le ha salido a Netflix es feroz:Hulu,Amazon y el servicio de streaming de HBO apuestan fuerte por sus propios contenidos. En España ya había servicios similares antes de que Netflix aterrizara en octubre de 2015. Yomvi, de Movistar Plus, y las plataformas de televisión a la carta de los principales grupos de comunicación (MiTeleAtresplayer y RTVE a la carta).

Por lo tanto, se avecina un futuro combatido, donde los que más y mejor ofrezcan a cambio de menos tendrán las de ganar. 2016 iba a ser el año de Netflix con la expansión casi total de su servicio en el mundo. No obstante, ya hemos podido observar que las expectativas no se han cumplido, por lo que no está todo escrito en este modelo de negocio que ha cambiado nuestros hábitos, nuestro vocabulario y que ha complicado -todavía más- lo que llamamos ‘Sociedad de la Información’.

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Google Chrome te dejará convertir las webs en aplicaciones

Néstor Villamor

Foto: Geert Vanden Wijngaert
AP

“En las próximas semanas”, ha anunciado Google en un comunicado, el navegador Chrome dará un nuevo paso en la integración de las páginas webs en dispositivos móviles y las aplicaciones. Las apps web progresivas (progressive web apps o PWA) permitirán al usuario de smartphones y tabletas Android crear aplicaciones a partir de páginas que consulte en el navegador. Esta prestación estará disponible cuando se lance Chrome 57.

Ya Chrome 42, que salió en abril de 2015, presentaba una versión más primitiva de esta función: crear un acceso directo de la página deseada al escritorio. Pero ahora el abanico de opciones se amplía: el usuario podrá añadir una página web de su dispositivo móvil, llevarla al escritorio y crear así una progressive web app, que podrá configurar en función de sus preferencias, habilitarla para recibir notificaciones y actualizaciones, mantenerla activa sin conexión a Internet, desinstalarla, tenerla funcionando en segundo plano o hacer que interactúe con otras apps que tenga instaladas. La diferencia es que, en lugar de ser nativas para la Play Store, estas aplicaciones tendrán su origen en la web. Según describe Google en su comunicado, esta novedad “convierte a las web apps en ciudadanas de primera clase de Android”.

Google Chrome ofrece esta novedad como solución a la preferencia de muchos usuarios de desinstalar aplicaciones que ocupaban demasiado espacio en la memoria interna del teléfono y consumían demasiada batería, como Facebook, y consultarlas periódicamente en su versión web. Este híbrido entre web y aplicación permitirá a los usuarios configurar su propia web app personalizada sin necesidad de descargarse la oficial.

Además de mejorar la experiencia de navegación de los internautas, Google señala que esta nueva función “permitirá a los desarrolladores construir la mejor experiencia posible para sus usuarios”. De momento, habrá que esperar al lanzamiento oficial de Chrome 57, pero los más impacientes tienen ya disponible una versión beta para empezar a dar los primeros pasos. Hay que seguir varias fases:

  • Primero se debe descargar e instalar la aplicación Chrome Dev desde la Play Store.
  • Una vez abierta, hay que escribir “chrome://flags” en la location bar, la barra donde se escriben las URL.
  • El siguiente paso es habilitar la opción #enable-improved-a2hs. La herramienta “Buscar en la página” en el menú del navegador será útil para localizarla.
  • Chrome pedirá, a continuación, reiniciar la aplicación y activar la opción “Fuentes desconocidas” en el menú de ajustes de seguridad del dispositivo. Es recomendable volver a desactivarla una vez terminado todo el proceso.
  • Ahora, el usuario podrá ir a la web deseada y añadirla a la pestaña de inicio mediante el menú del navegador. De todas formas, algunas opciones pueden no estar disponibles todavía.

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Todavía globales

Valenti Puig

Foto: Peter Nicholls
Reuters

Quien sabe en qué estará pensando Chomsky ni qué queda de aquel Porto Alegre brasileño que iba a ser la nueva Roma de la antiglobalización. Lo que sabemos es que la aceleración del tiempo define nuestra época. La mentira como verdad existe desde siempre –con el paradigma de los ‘Protocolos de Sión’- pero la post-verdad es eso y algo más: su transmisión hiper-acelerada en el tiempo. Era inimaginable que tramas informáticas ubicables en Rusia pudieran intervenir en una elección presidencial norteamericana ni que un gurú del secesionismo catalán fuese a ver al Assange de Wikileaks  -refugiado en la Embajada del Ecuador en Londres- para ver como acelerar en los dominios del algoritmo la difusión expansiva del procés .

La tecnología y la globalización tienen su lado oscuro, su corazón de las tinieblas, pero a la vez generan libertad. Desde el gigante comercial chino Ali Baba a las impresoras 3-D o la ortopedia robótica, la alta tecnología incide en la reducción de las desigualdades en un mundo globalizado. No todo va a ser el “bitcoin”. Como rasgo de los nuevos populismos, el miedo a competir también es parte de la vida, pero no es el mejor consejero en materia de eficiencia y prosperidad. Una creación específicamente humana –decía Ortega- es la técnica y, gracias a ella, y en la medida de su progreso, el hombre puede ensimismarse pero también viceversa, el hombre es técnico, es capaz de modificar su contorno en el sentido de su conveniencia, porque aprovechó todo respiro que las cosas le dejaban para ensimismarse. Cuando el mundo miraba para otro lado en plena tragedia de Kosovo un servidor llamado anonymizer.com ofrecía a los kosovares la oportunidad de enviar mensajes al exterior que no pudieran ser controlados por la autoridad. Hace ya años. Mutatis mutandi, la tecnología hace posible que los terroristas operen con menos soporte de un Estado. El adoctrinamiento jihadista tendría un ritmo primario sin la potenciación de sus videos en YouTube.

El telégrafo fue superado en su día por el teléfono, los periódicos tuvieron la competencia de la radio, del mismo modo que la televisión compitió con la radio y luego aparecieron la televisión por cable, pero lo que lleva tiempo ocurriendo – escribió Peter Huber-  es que las arquitecturas digitales tienen tal plasticidad que se adaptan en todos los sentidos y direcciones a los modos de los medios de comunicación tradicionales, reduciendo costes y con mejora de calidad y posibilidad de elección. Como contrapartida ya no tenemos libros ni despertador en la mesilla de noche: está nuestro iPhone que es lo último que miramos antes de dormir y lo primero al despertar.

Ahora el movimiento antiglobalización es casi exclusivo de zonas ricas como Norteamérica –caso Bernie Sanders- y la Unión Europea. Los sindicalistas que protestan contra la globalización y contra el libre comercio cobran un salario que es diez veces superior a lo usual en el mundo en vías de desarrollo. El online ya compite con la televisión. Viajamos en vuelos low cost. 2008 ha sido un vía crucis para la clase media occidental mientras aparecen nuevas clases medias en China e incluso en África. ¿Todavía globales? En realidad, más globales. Más que un redoblado fervor de antiglobalización lo que se siente es la necesidad de una cierta gobernabilidad de Internet.

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