Bob Pop quiere ser alcalde de Barcelona
«Su activismo LGTBI no basta para gestionar una metrópoli con problemas reales»

Bob Pop y Ada Colau, en una imagen de archivo. | Lorena Sopena (Europa Press)
Bob Pop quiere ser alcalde de Barcelona, y un servidor que Sánchez deje la Moncloa y que el Zaragoza suba, por fin, a primera división. No sé cuál de esas cosas sucederá antes, pero la más divertida, sin duda, sería que el madrileño Bob Pop fuera el alcalde de la ciudad condal. Nos lo pasaríamos «pirata», y no es que lo diga yo, sino ese fénix de los ingenios que igual te escribe un libro, que una obra de teatro o una serie de televisión. Que también escribe artículos en algún periódico o colabora en programas de radio y televisión. Si no fuera por la calidad y por la capacidad de trabajo, sería muy difícil distinguir a Lope de Vega de Roberto Enríquez, pues ese el verdadero nombre de nuestro protagonista.
Si los barceloneses tienen a bien votar por ese «intelectual» nacido en la capital de España, la realidad se confundirá con el desenfreno. Barcelona será una rave constante que hará homenaje a la película española revelación del año, Sirat. Sodoma y Gomorra en versión catalana y contemporánea. Algunos de nuestros «amigos» del norte de África seguirán con sus robos, agresiones y violaciones, como hasta ahora, pero se añadirá la bacanal desenfrenada donde todas las sexualidades, sobre todo los gays, gozarán de una libertad para ejercerla insuperable. Y es que Bob Pop dijo en la SER que no era verdad que el régimen comunista de Castro encarcelara a los homosexuales en Cuba. Fue cuando dijo que en las cárceles de ese país la policía del régimen «se lo pasaba pirata» con los homosexuales, y es que puede que para Bob Pop haya sistemas políticos represivos que le dan tanto placer que los confunde con movimientos orgiásticos. Barcelona será como Cuba, pero hablando en catalán. Que luego te vienen heladeros de Argentina y dicen que no te pueden poner el cucurucho porque no entienden lo que les pasa en la boca a algunas personas incapaces de cambiar al castellano cuando conocen las dos lenguas.
Mañana sábado, Bob Pop va a presentar su candidatura para enfrentarse a Gerardo Pisarello en las primarias de Barcelona en Comú. Ese partido se ve obligado a unas primarias porque la exalcaldesa, Ada Colau, ha decidido no repetir. Y ahí entra nuestro héroe, Roberto Enríquez, alias Bob Pop, el que fuera crítico televisivo pasará de comentar realities a querer protagonizar uno en el Ayuntamiento.
En octubre del año pasado, en su sección habitual en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER, Bob Pop soltó la perla: «Siempre he apoyado a Ada Colau y, después de que se planteara no volver a presentarse, pensé que me encantaría estar en la alcaldía con ella, pero si no está… voy y me presento». ¡Qué sencillez! Como si ser alcalde fuera como pedir un café: si no hay leche, me lo bebo solo. Añadió que respetaría los procesos internos de los «comunes», en este caso las primarias, y que «¿por qué no intentar ser alcalde de Barcelona, una ciudad donde se ha demostrado que se pueden hacer y cambiar cosas?». Como si Barcelona no hubiera cambiado ya lo suficiente con Colau: de capital turística y cultural, a parque temático de okupas y delincuentes del norte de África.
Pero no se queda ahí. En entrevistas posteriores, Bob Pop profundizó en sus motivos con un aire de mesías urbano: «Quiero una ciudad que deje de ser un bien de consumo y se convierta en un espacio de convivencia, de vida digna y de refugio». Precioso, ¿verdad? Suena a eslogan de ONG fraudulenta. En otro medio confesó: «Estoy harto de que parezca que la política solo la hacen los demás y quiero hacer cosas por la ciudad en la que vivo». ¡Qué nobleza! Él, que ha participado en campañas para apoyar a Colau y ocupó el último puesto de manera simbólica en las listas de 2023, ahora quiere ponerse en primera línea como su mentora. «Me gustaría devolver la ciudad a la gente. Podríamos cambiar cosas y, sobre todo, que la gente viva mejor». Vivienda, recursos sociales, justicia… Todo muy loable, pero ¿desde cuándo un guionista y colaborador de radio sabe de urbanismo o presupuestos municipales? Es como si un servidor quisiera ser cocinero porque me gusta comer.
La frivolidad de esta candidatura es pasmosa. Bob Pop asegura que «no [tiene] nada que perder, pero sí mucho que aportar». Claro, él no vive de la política, dice, sino que quiere «hacer política para que la gente viva mejor». Pero ¿qué aporta exactamente? ¿Sus chistes sobre la cultura popular? ¿Sus libros autobiográficos? Su activismo LGTBI no basta para gestionar una metrópoli con problemas reales como la vivienda prohibitiva, el turismo masivo o la inseguridad. Bob Pop lo sabe y por eso quiere crear una nueva forma de hacer política que se basa en la cultura rave. Un caos festivo que no soluciona los problemas, pero los anestesia. No dejar de pasarlo «pirata» mientras el barco se hunde y el ahogamiento es inevitable.
