Felipe Santos

Escribidor diletante. Soñador consciente. Todo está en todo

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Ella
Ella

Ella

Esta otra dama también cubre con maquillaje las cicatrices del tiempo, lucir lustrosa por un tiempo indeterminado, como Norma Desmond, aunque al comienzo sólo le dieron veinte años de vida.

Bruselas, un año después
Bruselas, un año después

Bruselas, un año después

Un año después, el cielo de la víspera se ha despedido con un azul eléctrico, y el ocaso ha dejado el rastro encendido de unas nubes lejanas, esas que tan bien pintaba Turner, de memoria, afilando el recuerdo de unos pocos trazos en un pequeño cuaderno. Un cielo así no es habitual en esta ciudad, y por eso sus pobladores lo celebran concediéndose un respiro para admirar ese pequeño regalo de la naturaleza.

La perplejidad de Roma
La perplejidad de Roma

La perplejidad de Roma

Esa mirada me recuerda a la de Roma, el niño de ‘Leviatán’, la ambiciosa y pesante película de Andrei Zvyagintsev, que contempla cómo las vanas ilusiones de su padre se van desmoronando frente al empuje de lo terrenal. En ese pueblecito a orillas del mar de Barents, al norte de Rusia, la belleza serena del paisaje se mezcla con la ruina de lo material: barcas encalladas, edificios abandonados y el esqueleto de un cetáceo que quedó varado en una ría.

El tiempo recobrado
El tiempo recobrado

El tiempo recobrado

Las subastas permiten encapsular el tiempo por un módico precio de 148.000 dólares. Un precio desorbitado para el poemita de una niña holandesa, que esbozó unos pocos versos dedicados a «Cri-Cri», la hermana mayor de su mejor amiga. O al menos eso le hubiera parecido a ella, que escribió aquello como un juego. La tragedia que la engulló después convirtió este pedacito de papel en una reliquia que el mercado ha tasado hoy en un precio. Qué extraña paradoja tienen esos objetos que nos sobreviven. Depende de quién los roce pueden acabar en un desván, en el expositor de un coleccionista o como adorno de habitaciones donde convivirán con otros objetos con memoria. Así, en las tardes de los días festivos, su dueño paseará en silencio por la estancia y tratará de escuchar las historias que encierran. Pero a veces no se oye nada.

Hombres de nieve
Hombres de nieve

Hombres de nieve

La nieve es esa lluvia que no suena, que nos hipnotiza por el silencio que deja y que tan sólo el recuerdo trata de hacer repicar. Como la memoria, funciona por acumulación: bastan unos cuantos recuerdos para que se desencadene la melancolía. Siempre que veo caer los copos del cielo me acuerdo de aquellos versos primigenios de Julio Llamazares: «Mi memoria es la memoria de la nieve./ Mi corazón está blanco como un campo/ de urces».

El show más visto
El show más visto

El show más visto

La avaricia siempre se resguarda en la distancia, bien sea con un enrejado de por medio o en la altura de un rascacielos. Lugares que reflejan la personalidad de quien los habita, como el dueño del perro que termina por parecerse a él tras cientos de paseos compartidos. Las fachadas siempre anuncian una historia escondida, como en los cuadros de Edward Hopper. Quizá por esa razón, al comienzo de su película, Orson Welles obligó a la cámara a subir por una interminable alambrada y salvar un inmenso territorio hasta llegar a una mansión fortificada, de un cierto aire transilvano, para contarnos quién era Charles Foster Kane.

Caer
Caer

Caer

La vida es una larga caída de la que desconocemos su duración. La Tierra, casi como una venganza contra sus descuidados pobladores, atrae con fiereza hacia sí todo objeto que queda suspendido por un instante en el aire. Desde que el hombre se enderezó para caminar, su forma de desplazarse no fue más que un movimiento en precario equilibrio; la antesala de la caída definitiva.

Soñar con ovejas eléctricas
Soñar con ovejas eléctricas

Soñar con ovejas eléctricas

Dice el historiador israelí Yuval Noah Harari que lo más probable es que nuestra especie experimente una evolución en los próximos doscientos años como resultado de nuestra dependencia de la tecnología. Nos hemos convertido en «máquinas de procesamiento de datos». Los avances de la neurociencia siguen descubriendo que nuestras decisiones pueden llegar a ser adivinadas por condicionantes tan sólo de tipo fisiológico. Gracias al estudio de todos los datos que proporciona nuestra hiperconectividad nos convertimos en seres predecibles en nuestros deseos. Nos comportamos inconscientemente de la misma forma y el destino se adivina como algo que ya está escrito en nuestros genes. ¿Cómo quien fue el ser de la razón no va a experimentar un cambio en su naturaleza?

Huérfanos del ideal
Huérfanos del ideal

Huérfanos del ideal

Nadie entendió muy bien al barón de Coubertin cuando dijo aquello de que «lo importante en la vida no está en triunfar, sino en luchar» y que «lo esencial no es haber vencido sino haber combatido bien». El olimpismo moderno nació con la sospecha que despiertan siempre los ideales. A Joao Havelange, sin embargo, se le entendió a la primera cuando accedió a la presidencia de la FIFA, la máxima autoridad futbolística mundial: «Soy un vendedor de un producto llamado fútbol». Por fin alguien hablaba claro.

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