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Allanando los chispazos de la memoria: Julián Quirós se lanza al ruedo poético

El director del diario ABC, Julián Quirós, presenta su primer poemario: Pérdidas y ganancias, Recuento de los años perdidos (Ars Poetica, 2021)

Allanando los chispazos de la memoria: Julián Quirós se lanza al ruedo poético

Julián Quirós|Foto cedida por el entrevistado

Solventando paradojas: las complejas relaciones entre el periodismo y la poesía

Julián Quirós (Guareña, 1969) es el actual director del diario ABC, pero fue antes director de Las Provincias, director del diario Hoy y subdirector de Sur. Por ello es normal que el ejercicio del periodismo informe su obra poética. Él mismo nos lo confirma, al teléfono; dice: «Hay un aprovechamiento de la técnica y del oficio, de decir poco en mucho». Y sentencia: «Yo soy periodista, soy sobre todo un periodista que ha hecho una pequeña incursión en la poesía».

Así, se ha de entender este Pérdidas y ganancias como una feliz anomalía en la trayectoria de Quirós, ya que él mismo nos advierte que «es incompatible el periodismo y la poesía porque el punto de aceleración con el que trabajamos dificulta ese cierto sosiego sostenido que necesita la poesía». No es menos cierto, sin embargo, que el ejercicio del periodismo le ha permitido a Quirós aplicar «la idea de la concreción, la precisión, la imagen, la metáfora» propias del periódico a su obra poética. También ese necesario depurar de quien se asoma a la prensa diaria con asiduidad, esa limpieza que allana y adecenta la prosa, han resultado cruciales para el resultado de este libro. Con ello, tenemos que «el hiperestímulo del periodismo, esa ultraconcentración, esa ultratensión que tiene la actualidad te quita ese otro punto más meditativo que necesitamos para la poesía», nos dice Quirós; pues es que, de alguna forma, inhibe el vuelo poético. ¿La solución a esta paradoja? La escritura a rachas.

Todo comenzó allá por el 2007. Antes, Quirós había tenido una primera racha de escritura hacia los 25 años (de la que no conserva nada). Hubo un par de años frenéticos (entre el 2007 y el 2009). Un parón luego. Un regreso en el 2012, otro en el 2018. Y, desde entonces, nada. Hay una incompatibilidad del tono vital, nos confiesa Quirós, ese punto que necesita la poesía no acaba de llevarse bien con ese periodismo que se practica en los últimos diez años, con el protagonismo absoluto -y la urgencia despiadada- de las versiones digitales en las redacciones de los diarios. Luchar contra eso, para tratar de encontrar un tono sostenido, pausado y de calma, es complicado. «Cuando lo alcanzas y lo tienes es muy grato», nos confiesa Quirós, consciente de que es una cosa difícil, que, sin embargo, se alcanza en algunos instantes. Julián Quirós lo consiguió en un primer momento en Extremadura, donde está escrito la mayor parte del poemario (la parte central), que le cogió «en un momento que tienes treinta y muchos y cambias de ciudad y de periódico» y significó, de alguna forma, «una vuelta a mis orígenes». Se suma a ello el hecho de que uno ya no se ve solo, sino que tiene a su alrededor tres niños pequeños, y siente que «es la primera vez que tuve la sensación de una vida adulta de verdad», de pensar que uno ya es más que la suma de su soledad, de que se tiene una familia.

La segunda parte de la escritura se consumó en Valencia, en 2012-2013, y una última embestida, ya en 2019, pero también en la ciudad del Turia, sirvió para el epílogo, «algunos años después», donde el periodista y poeta rinde homenaje a una antigua compañera, Majo Grimaldo (subdirectora de Las provincias que murió en 2018 como consecuencia de una sepsis en la sangre, a los 48 años), en un hermosísimo poema. Un segundo poema consuma el epílogo y concluye el libro, Servicios prestados, donde Quirós se muestra generoso y agradecido. Abre la puerta a las nuevas generaciones. Se sabe parte del clan de la hermandad del periodismo, y así se nos confiesa soldado entusiasta de un oficio sanguinario. Admite que sacó provecho de sus cartas, reconoce, con mesura y serenidad, que ya no le pesa «preocuparme nunca más de las sumas y las restas (de las pérdidas y ganancias)». Nos dice que ya no le da pánico morirse, y que le gustaría «dilatar / esto que va quedando, frenar la aceleración del tiempo / para depurarlo con delicadeza».

'Pérdidas y ganancias'. | Portada vía Ars Poética.
‘Pérdidas y ganancias’. | Portada vía Ars Poética.

Recordar las cosas 

Pérdidas y ganancias puede ser considerado un breviario de vida, pues su voluntad es la de «arrinconar los instantes, para que se fijen, para que no se me olvide aquello cómo era, o mejor, cómo siento yo que era», nos dice Quirós. Quien añade: «Creo que ello tiene que ver con mi historia con la fotografía, pues al igual que cuando hago fotos busco retener instantes, para que perduren, algo parecido he hecho con la poesía, porque quiero que quede». Quirós es un gran aficionado a la fotografía. 

«Al igual que cuando hago fotos busco retener instantes, para que perduren, algo parecido he hecho con la poesía, porque quiero que quede»

Así, para darle coherencia al poemario, sitúa al principio la infancia, más tarde la edad adulta, «que me parece que es la forma de darle consistencia o coherencia», nos dice, un modo de fijar esos instantes sucesivos. Lo cual no implica realizar un ajuste de cuentas, pero sí hacer repaso «y aceptar lo que tienes, cosa que no veo como algo doloroso, es como mirar atrás, ser honesto y reconocer y aceptar las cosas», afirma.

La posición del director del periódico ABC al respecto de este poemario es la de un sentir grato por lo que la vida le dio; «me agrada lo que tengo», nos dice, estoico, pero con aplomo. La escritura final del libro (el reestructurar los materiales, vaya) coincide con un momento en el que Quirós llevaba ya diez al frente del diario Las Provincias y gozaba de una cierta calma para disponer de algún tiempo para hacer otras cosas, sin suponer entonces que «luego me vendría una nueva aventura», que fue la dirección del diario ABC, para la que hubo de desplazarse a vivir a Madrid, en septiembre de 2020.

Línea clara

Juan Ramón, Pessoa, San Juan de la Cruz alumbran este poemario, así como la larga tradición de la, por decirlo así, línea clara de la poesía española. «Yo respondo a aquello que nos enseñaron en el colegio -nos dice Quirós-, aquella educación literaria de los que ahora tenemos cincuenta años; es lo que he leído y me gusta». Dícese con ello que se gasta Quirós unos versos límpidos, ralos, cristalinos. Además, le gusta también «conocer poetas menores que son maravillosos, de repente encuentras que en cada provincia española tienes siete u ocho nombres que están a la altura de los grandes, de los que todo el mundo conoce. Este paseo mío por Valencia o por Andalucía me ha permitido ver esos poetas que son poetas de primera, pero que el gran público no conoce», sentencia.

Preguntado Julián Quirós por cómo se siente al publicar un primer libro con 52 años, nos dice que estima que Pérdidas y ganancias necesitaba un tiempo largo de florecimiento, largo como la propia escritura. «Sucede que escribo de cosas que pasaron hace mucho tiempo. Por ello el libro ha tenido un período de gestación largo, de írmelo creyendo. He necesitado, sí, esa década larga para hacerlo», nos confiesa. Y es que ese intento por recordar «las cosas como creo que ocurrieron, no como me interesaría que hubieran ocurrido» implica un cierto desnudamiento personal, lo que a Quirós le daba un poco de pudor, y dudaba de si sacarlo a la luz o no, «porque es muy descarnado, hay mucho de vida personal, hay recreaciones si se quiere y reelaboración literaria, pero sobre una base real». En ese sentido, le tranquilizó su editor, Carlos Aganzo, quien también firma el prólogo del libro, al asegurarle que «el primer poemario siempre es biográfico (y el último también)».  

«Es un libro de afirmación. O de reafirmación. Un My way que analiza el camino por el que el escritor ha llegado hasta donde ha llegado»

Carlos Aganzo sobre Pérdidas y ganancias

Así las cosas, Quirós se dio cuenta de que andaba en la buena senda, al rescatar sobre la página todos esos recuerdos, pues es su carácter el de una persona que siempre ha disfrutado mucho del presente, que no piensa demasiado en el futuro ni en el pasado. Por ello, al querer hacer de ese presente algo que perdurara, que no se pase, se dio cuenta de que era perentorio «ponerlo por escrito antes de que se me vaya. Entonces no es escribir sobre aquello que no soy capaz de olvidar, sino de rescatar aquello que está a punto de irse, o que se me puede ir y quiero que quede escrito». Ese es, al final, el propósito de este poemario. 

Dice Carlos Aganzo en el prólogo que este libro es «un libro de afirmación. O de reafirmación. Un My way que analiza el camino por el que el escritor ha llegado hasta donde ha llegado. E intuye además el que ahora tiene que tomar. Un libro, por tanto, de amor». Razón no le falta.

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