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La investigadora Marta Segarra amplía las fronteras de lo humano, acercándonos a nuestra animalidad

En ‘Humanimales’, Marta Segarra propone que las fronteras entre los seres humanos y los animales no humanos son más porosas de lo que creemos y nos han enseñado

La investigadora Marta Segarra amplía las fronteras de lo humano, acercándonos a nuestra animalidad

Marta Segarra | Foto cedida por la editorial

Ampliando las fronteras de lo humano

Nos cuenta Marta Segarra (Barcelona, 1963), profesora de investigación del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) y catedrática de Estudios de Género en la Universidad de Barcelona, que comenzó a investigar sobre la humanimalidad, esto es, los lazos que unen a los seres humanos con los animales no humanos, allá por el 2013, cuando se fue a Estados Unidos durante unos meses como investigadora visitante en la Universidad de Cornell. Por aquel entonces había muy poca bibliografía, particularmente en castellano, sobre el tema. Entretanto iba investigando sobre el concepto de lo humanimal, Segarra se iba dedicando a la par a otros asuntos de su interés investigador, hasta que, en 2017, en una estancia en la Universidad de Berkley, con Judith Butler, «acabé de atar la cuestión del género con la cuestión de la animalidad», nos dice. El libro que nos ocupa es fruto de este engarce, pero se escribió, no obstante, de corrido, en la época postconfinamiento, durante el pasado año 2021. 

«Humanimales busca repensar la relación entre todos los seres que habita este espacio compartido que es la Tierra»

Humanimales es un libro que busca «repensar la relación ya no del ser humano con el animal, sino entre todos los seres que habita este espacio compartido que es la Tierra», escribe Segarra. Y, vía teléfono, nos confirma que es muy importante que «desde la teoría se haga ver a las personas que lo que hemos naturalizado como cuestiones que han existido siempre y que tomamos como si fueran verdades naturales, pues que no lo son, que todas las concepciones tienen una historia y son cambiantes», decreta y cita a Foucault: «El hombre tiene una historia, tiene un origen y, por tanto, tiene un final». Con esta provocativa frase del filósofo francés, pretende Segarra que nos demos cuenta de que la concepción de lo que se llamaba hombre (y la jerarquía que impone sobre el resto de seres subalternos) también tiene un final, que «esta apariencia de neutralidad se ha deconstruido y ahora lo llamamos ser humano», dice. Y añade, apenada, no obstante, que «es un poco lo mismo, porque seguimos teniendo una concepción del ser humano y del sujeto muy antropocéntrica y muy definida por límites, fronteras, que creemos que son verdaderas y naturales, pero que, en verdad, no lo son».

«Seguimos teniendo una concepción del ser humano y del sujeto muy antropocéntrica y muy definida por límites, fronteras, que creemos que son verdaderas y naturales, pero que, en verdad, no lo son»

De hecho, gran parte del libro Humanimales se dedica a sondear esta falacia: la de que las barreras, los límites entre lo humano y la animalidad no humana son indestructibles. Afirmando, por el contrario, que estos encuentros se han producido desde antiguo, que esa suerte de borde invulnerable que los separa está lleno de grietas, quebramientos, deslizamientos y diálogos. 

Imagen de portada de 'Humanimales' vía Galaxia Gutenberg
Imagen de portada de ‘Humanimales’ vía Galaxia Gutenberg

Aceptar las diferencias entre especies

Explora Segarra en su libro no tanto las razones científicas que justifican la imbricación humanimal como las consecuencias filosóficas, prácticas y cotidianas que suponen cambiar la perspectiva humana sobre la animalidad, tratando de abandonar una visión antropocéntrica y occidental. Así, por ejemplo, el primer gran cisma que abre esta nueva visión es aceptar que «tantas limitaciones tienen los animales no humanos para entendernos como nosotros para comprenderlos a ellos», escribe Segarra.

Así, «la comunicación básica que establecemos con animales de otras especies es recíproca», sentencia. Pero es justo esta la clave de todo del libro y una de sus ideas más potentes: se trata de superar la ética fundamentada en la semejanza para pasar a una ética basada en la diferencia. Esto se entiende fácilmente si pensamos en que nuestra imaginación está conformada por nuestra experiencia, y nuestra experiencia es una «experiencia humana»; limitada, por lo tanto. Nuestra manera de percibir el mundo es radicalmente opuesta a la de, por ejemplo, un murciélago; dadas nuestras diferentes capacidades perceptivas.

«La comunicación básica que establecemos con animales de otras especies es recíproca»

Así, para superar esta distancia, propone Segarra una ética de la relacionalidad y de la responsividad, una conciencia de la vulnerabilidad compartida. En otras palabras, «hacer revivir al animal que late en el interior de cualquier ser humano», escribe la investigadora barcelonesa. Esa ética de la relacionalidad y la responsividad, además, implica que seamos capaces de otorgarles a los animales no humanos la capacidad de respuesta que les hemos negado, aceptando que no son sus respuestas hacia nosotros solo de carácter instintivo o mecánico, como hemos creído hasta ahora, sino que lo que sucede es que somos incapaces -muchas veces- de entenderlas. La pensadora Donna Haraway lo expresa en términos de response-ability o «responsabilidad / respuesta-habilidad», la capacidad de responder a la llamada del otro, y que es la base de la responsabilidad.

Incentivando las relaciones humanimales

Nos cuenta Marta Segarra que la despoblación en las zonas rurales y la urbanización masiva en la mayor parte de Occidente ha propiciado el hecho de que, paradójicamente, «mucha gente necesite volver a sentir un contacto más allá de la misma intraespecie, y por eso se dice que ha aumentado mucho la gente que vive con perros y gatos en las ciudades». En su opinión, «esto creo que incentiva cambiar la perspectiva no solo sobre los animales no humanos sino también sobre los humanos». Y es que la cercanía mueve el afecto y busca el entendimiento. La propia Marta Segarra cuenta a The Objective que ha tenido perros desde hace muchos años y que, para ella, «es una relación muy importante la que tengo con los distintos perros que he tenido a lo largo de mi vida adulta, porque de pequeña no tuve contacto con animales prácticamente», nos dice. Matizando, no obstante, que «defiendo que puedes trabajar sobre muchas cosas que te importan y sobre las que tienes lazos afectivos, sin que respondan a una circunstancia vital», nos dice.

«También que aprender a no querer saberlo todo»

Esa cercanía de las personas con los animales en el ámbito doméstico permite que la gente se dé cuenta de que los animales no humanos son más complejos de lo que se cree. Así, no se trata de querer entender todas sus conductas, su lenguaje. «También tenemos que aprender a no querer saberlo todo», nos dice Segarra. Lo importante, sin embargo, es entender que la excepcionalidad no implica una jerarquía de valor. Dicho de otro modo: «Afirmar que los humanos nos parecemos y somos distintos de otras especies, de igual forma que los gatos son distintos de los perros, no supone sostener que los gatos son mejores o están en un escalón más alto que los perros», sentencia Segarra. Justo eso lo que intenta deconstuir en Humanimales, esa visión del mundo que establece categorías y subordina a seres tradicionalmente considerados como inferiores. Una jerarquía caduca que «se basa en conductas como el racismo o la violencia contra las mujeres por razones de género o contra personas de sexualidad minoritarias, por ejemplo», nos dice Segarra. Por el contrario, deberíamos apelar a la conciencia de que compartimos todos (tanto los seres humanos como los animales no humanos) una misma vulnerabilidad física y una misma finitud.

Para ayudar con esa toma de conciencia, cree Marta Segarra que son muy importantes las obras literarias, así como las artes visuales que reflejan esa relación más abierta entre unos y otros, «porque a veces es más revelador porque te toca el afecto justamente y las emociones y no solo la mente, y eso que te revela te da un golpe no sé si en la cabeza o en el corazón, pero creo que es un gran incentivo para cambiar la perspectiva», sentencia. Por suerte, nos cuenta, que cada vez hay más escritores y escritoras, artistas plásticos, poetas, cineastas, que están trabajando en ello, poniendo en cuestión estas fronteras, ampliando nuestro horizonte imaginativo. Además, afirma Segarra que cree que «es una tendencia cada vez más extendida. Y me da mucha esperanza porque se extiende entre las jóvenes generaciones», nos dice, con ilusión prospectiva. 

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