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Viaje al enigma Nico, la musa de Velvet Underground

La nueva biografía ‘Your are beautiful & you are alone’ trata de desentrañar la leyenda de la carismática y vilipendiada estrella de la cultura rock de los setenta

Viaje al enigma  Nico, la musa de Velvet Underground

Nico en 1966, en su etapa con la Velvet Underground. | Archivo

Superestrella de Andy Warhol, musa del cineasta Philippe Garrel, vocalista de los Velvet Underground e influyente artista en solitario. Son solo algunos de los datos que jalonan el currículo de Christa Päffgen, la malograda artista a la que casi todo el mundo conoce como Nico. Aunque su vida, repleta también de malos momentos y decisiones equivocadas, fue un cautivador enigma que ahora trata de desentrañar una biografía escrita por la historiadora Jennifer Otter Bickerdike y traducida al español con el título You are beautiful & you are alone (Contra).

De padre de ascendencia española y yugoslava, la cantante, modelo y actriz nació en la ciudad alemana de Colonia, se supone que en 1938, donde de niña padeció los horrores de la guerra. A su padre, Will, lo reclutaron en la Wehrmacht y ya no volvió a verlo, porque parece ser que fue asesinado a tiros por su comandante (ya de adulta, Nico solía decir que los «cerdos alemanes» acabaron con su vida). 

La alemana contaba que, cuando solo tenía 13 años, fue violada por un sargento del ejército estadounidense. Según su propia versión, aquel hombre era negro, lo que algunos han utilizado para explicar las conductas aparentemente racistas que mostró en ciertos momentos de su vida (como aquella ocasión en la que, en un restaurante español, golpeó en la cara a la cantante y activista negra Emmaretta Marks —con un vaso o una botella— después de que esta se quejara en una mesa contigua de las desigualdades raciales).

A los 16 años, Nico fue descubierta como modelo fotográfica. Su gran belleza la condujo a recorrer Europa posando para los mejores fotógrafos y revistas. En privado, reconocía que estando en París llegó a trabajar con Coco Chanel, tuvo una aventura con Jeanne Moreau y fue seducida por Ernest Hemingway. «Aunque tenía más dinero y accesibilidad de lo que jamás habría podido imaginar, el foco constante en las apariencias no encajaba bien con ella», cuenta su biógrafa. «Ella sabía que su mercancía más valiosa (sus rasgos físicos) era la que le permitía la evasión, el acceso y la seguridad. No obstante, odiaba que fuera la única cualidad por la que la juzgaban, que ni siquiera se tuvieran en cuenta sus potencialidades más allá del físico».

«Fellini la encontró un día en el set de rodaje y al instante le ofreció un pequeño papel en su película ‘La dolce vita’»

Su fama se disparó a raíz de un viaje con amigos a Roma. Federico Fellini la encontró un día de pie en el set de rodaje de La dolce vita (1960) y al instante decidió ofrecerle un pequeño papel en su película más célebre. Además, su espíritu bohemio e inquieto llevó a que fuera cortejada por tipos como Leonard Cohen, que en un momento dado empezó a escribir canciones para tratar de seducirla, o Bob Dylan, quien le dedicó la letra de I’ll Keep it With Mine. Aunque Nico fue a enamorarse del mayor seductor del cine francés, Alain Delon, con quien en 1962 tuvo a su único hijo Ari (el actor se negó a reconocer que el crío era suyo, aunque el parecido entre los dos era y es indiscutible). 

Después de convertirse en madre, Nico se retiró una temporada a Ibiza, donde había instalado a su enferma madre, y empezó a reflexionar sobre su futuro profesional. Sabía que el modelaje no terminaba de ser lo suyo, como tampoco lo era el cine. Cuando un amigo le sugirió que se hiciera cantante, ella abrazó la idea y comenzó a actuar en clubes. Poco después, recaló en Nueva York, donde Andy Warhol la convertiría en una habitual de la Factory y en protagonista de varios filmes suyos como Chelsea Girls (1966), que pasó a la historia al convertirse en la primera película underground que se proyectó en un cine convencional. 

Por insistencia de Warhol, que decidió financiar al grupo The Velvet Underground durante sus inicios, Nico cantó con esta formación fundada por John Cale y Lou Reed. Con ellos grabó el conocido como disco de la banana, The Velvet Underground & Nico, donde la alemana cantó en Femme Fatale, All Tomorrow’s Parties y I’ll Be Your Mirror con su particular voz de contralto. Reed, con quien tuvo un peculiar romance hasta que ella dijo que ya no podía «hacer el amor con judíos», se negó a tocar la guitarra en los conciertos en solitario de Nico, y prohibió al resto de miembros del grupo que se unieran a ella. Al subirse al escenario, la muchacha se vio obligada a cantar con un acompañamiento pregrabado en un pequeño reproductor de cassette. 

Algunas historias cuentan que, a finales de los sesenta y principios de los setenta, Nico perdió el desenfado y la alegría de su personalidad para pasar a convertirse en una lunática decadente con el ego por las nubes. Quizás influyeron las drogas con las que ya coqueteaba en su etapa junto a The Velvet Underground. Tras convertirse en musa y pareja del cineasta maldito Philippe Garrel, con quien rodó películas como La cicatrice intérieure (1972), los dos empezaron a consumir heroína de forma regular, y la adicción llevó a Nico a una espiral de degeneración que la minó física y psicológicamente

«La minuciosa biografía de Bickerdike trata de restaurar el prestigio de una mujer sobre la que siempre ha prevalecido la fantasía»

También pudo influir en aquel cambio de actitud de Nico la pérdida de su madre, fallecida en 1970. O bien sus intentos infructuosos de cuidar a Ari, que fue finalmente adoptado por la madre de Delon, Edith Boulogne. «Antes de que lo cogiéramos, ella [Nico] se lo llevaba a rastras por todas partes», comenta Boulogne en You are beautiful & you are alone. «Solo comía patatas fritas, todo el día en estaciones de tren, hoteles, aeropuertos […] Vivían como bohemios».

La minuciosa biografía de Otter Bickerdike, escrita desde una mirada femenina, trata de restaurar el prestigio de una mujer sobre la que siempre ha prevalecido la fantasía. «La obra de Nico es como una especie de isla perdida en medio del más vasto de los océanos», opina en el prólogo el periodista musical Rafael Cervera. «Es una música que solamente busca ser fiel a sí misma, es decir, a su creadora. El drama de Nico es que la escena de la que provenía era relativa al rock y su carrera en solitario fue contemplada y juzgada dentro de ese contexto. Sus herederas tardaron en llegar».

Son varios los documentales, biopics y obras de teatro que se han acercado de una u otra forma a la figura de Nico. Sin embargo, nadie ha abordado en profundidad las dos décadas que la alemana pasó grabando álbumes y recorriendo el mundo como artista en solitario. Según su biógrafa, eso ha generado un vacío y ha permitido que el legado y el impacto de la alemana como icono cultural «muchas veces queden marcados por su supuesta superficialidad», que le otorga el papel de yonqui racista y antisemita que se acostó con todos los famosos que pudo.

«’Con frecuencia se pasan por alto las contribuciones geniales de Nico a la cultura del rock’, afirma la autora»

Los mismos rasgos que algunos han usado para vilipendiar a Nico han servido también para ensalzar la figura de sus contemporáneos masculinos. «Lou Reed y John Cale, los otros miembros de The Velvet, son sistemáticamente aclamados como maestros americanos, poetas y leyendas, y la difusión de tales elogios se centra principalmente en la creatividad y el talento que atesoraban», reflexiona Otter Bickerdike. «Cuando las cuestiones del aspecto físico, las proezas sexuales, las tendencias políticas y la drogodependencia se entrelazan en el tapiz global de sus historias, a menudo forman parte del viaje previsto para cualquier verdadero artista. No obstante, con frecuencia se pasan por alto las contribuciones geniales de Nico a la cultura del rock, y el valor que tiene para la música contemporánea se trivializa y se reduce a que simplemente era un bonito maniquí en The Velvet Underground».

Los años ochenta fueron cualquier cosa menos tranquilos para Nico, quien después de su mencionado altercado con Emmaretta Marks aseguró que temía las represalias de los Panteras Negras y huyó a París, donde pasó una temporada viviendo en la miseria con Garrel. Sus últimos años transcurrieron en Londres y Manchester, donde por lo visto llevaba un estilo de vida nómada e inestable, y se hartó de actuar para poder costear sus caros vicios (entre 1982 y 1988, realizó más de 1.200 bolos). 

Animada por sus amigos, Nico terminó dejando la heroína. «Dijo que ya estaba harta», recordaba una de ellas. «Había cogido una septicemia y había tenido que pasar alrededor de una semana ingresada en el hospital […]. Los médicos le aseguraron que si volvía a coger una septicemia se moriría. Una vez dejó la heroína, empezó a tener muy buen aspecto. Cambió muchísimo, porque había llegado a un punto con las drogas en que se la veía de lo más enferma». Ahora bien, aunque empezó a ganar lucidez y pareció redescubrir un rastro de autoestima, no llegó a estar del todo limpia nunca. «Ya fuera el vino blanco, una cerveza esporádica mientras jugaba al billar o el hachís, Nico seguía consumiendo varias sustancias más», apunta su biógrafa. 

En el verano de 1988, la alemana se fue con su hijo a Ibiza, donde sin duda halló un hogar espiritual y emocional. Una mañana de mediados de julio, salió en bicicleta a comprar algo de hachís. Parece ser que, durante el trayecto, se cayó del vehículo de dos ruedas y rodó por un terraplén. Unos transeúntes que la encontraron al lado de la carretera, junto a la bicicleta volcada e incapaz de hablar, llamaron a una ambulancia. Tres hospitales se negaron a ingresarla. En un cuarto hospital, un médico se dio cuenta de que había sufrido una hemorragia cerebral, debido a la cual se le había llenado el cerebro de sangre —y no una sobredosis, como algunos medios aseguraron—. No pudieron salvarle la vida.

Su gente decidió incinerarla, porque así lo pidió ella. «Para mí fue una madre muy buena», dijo Ari en una entrevista en 2018. «Me lo dio todo, hasta las drogas. Lo viví con ella sin que fuera un problema. Al final compartíamos la droga, la jeringuilla, era una forma de estar juntos». La prematura muerte de Nico la elevó en el contexto de la cultura popular de vieja gloria a leyenda. «En 1966 Warhol la proclamó Superestrella solo por ser Nico», apostilla su biógrafa, «pero es la determinación de Nico para ser artista por derecho propio, con independencia del éxito comercial, la accesibilidad pop o las normas sociales la que ha convertido su legado póstumo en algo auténticamente icónico».

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