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Cultura

El Nobel para Annie Ernaux: la necesidad de escribir la vida

Este sábado la francesa recoge el Nobel de Literatura en Estocolmo. Analizamos su aportación a la literatura actual con sus escritos autobiográficos

El Nobel para Annie Ernaux: la necesidad de escribir la vida

Rueda de prensa de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2022, Annie Ernaux, en la Academia Sueca de Estocolmo, el 7 de diciembre de 2022 | Wikimedia Commons

Este sábado Annie Ernaux recoge el Nobel de Literatura en Estocolmo. Se producirá entonces un hecho singular en la historia del premio: una escritora, la primera francesa que lo gana, con una literatura exclusivamente autobiográfica, de marcada preocupación social y feminista, recibirá el galardón literario más apreciado y universal, en cuya nómina, como es sabido, predominan los hombres y la literatura de ficción.

En las últimas semanas, desde el pasado 7 de octubre, en que se diera a conocer el resultado, hemos tenido ocasión de leer y escuchar valoraciones encontradas acerca de la concesión del premio a A. Ernaux, lo que ha permitido comprobar, como no era menos de esperar, que en el ruedo literario se registra una manifiesta división de opiniones. Más en Francia que en cualquier otro país.

Sin entrar en detalles, resumiré lo que se ha podido leer en ambas partes, en la favorable y en la desfavorable. En primer lugar, los que podemos denominar «incondicionales» han destacado el valor de la obra de Ernaux al mostrar los lados oscuros y menos complacientes de la realidad, aquellos que normalmente la literatura no acostumbra a mostrar, al tiempo que, desde una óptica política de izquierda, desenmascara los tabúes y derriba las barreras que han segregado tradicionalmente a las mujeres.

En este sentido, la perspectiva feminista de sus libros desencadena en las lectoras procesos de identificación empática, una invitación y una inspiración a la propia liberación, por lo que, al menos hasta ahora, la convertía en una escritora que atraía principalmente al lectorado femenino. Por su parte, los «hostiles» han juzgado y sancionado la literatura de Ernaux de poco literaria: una escritura sin imaginación ni valor artístico, vulgar como la vida misma. En el primer caso, se valora la obra sobre todo por su carácter reivindicativo y testimonial. La opinión de los segundos expulsa de la literatura los libros de Ernaux, le niegan su pertenencia al elitista club de la Literatura, con mayúsculas, porque este sería un territorio exclusivo de la ficción…

Annie Ernaux en el 30º Salón del Libro de Brive-la-Gaillarde | Wikimedia Commons

Dejando de lado este maniqueo debate, me atrevo a afirmar que el valor de la obra de Ernaux (ella prefiere hablar de «escritura») es sobre todo literario, sus libros, a partir de La place (1983, traducido en español por El lugar), como un goteo lento pero firme, han supuesto una ampliación del campo literario, y del mismo concepto de lo literario, porque su proyecto busca una verdad que solo –parafraseo lo que la narradora dice en Una mujer— se puede alcanzar a través del lenguaje, gracias a la transustanciación que las palabras hacen de lo real. Es decir, la escritura no traduce o reproduce lo real, sino que lo desvela, lo muestra y lo hace inteligible.

«Su obra aspira a convertir su vida en espejo para todos con la lengua de todos»

¿Qué aporta a la literatura y por qué interesa su escritura? Ernaux había comenzado con una escritura mucho más convencional literariamente hablando. Sus tres primeros libros respondían al formato de la novela autobiográfica, es decir, ficciones en las que introducía elementos de su vida y trataba sus conflictos personales y sociales bajo disfraz y con una trama inventada. Por el contrario, sus libros más importantes, los que le han hecho merecedora del Nobel, son autobiográficos sin disimulos ni armaduras ficticias. En las novelas quedaban todavía elementos sentimentales que teñían los relatos de una expresividad violenta o apasionada, pero, a partir de La place, se caracteriza por un estilo plano, seco, descarnado, notarial, sin tintes melodramáticos ni relieves metafóricos. Es la suya una escritura blanca, transparente incluso, que le permite abordar en primera persona temas difíciles y poco transitados por la literatura como el desclasamiento, la vergüenza social, la sexualidad femenina, el aborto, la pasión autodestructiva, el amor dependiente, la enfermedad, el cáncer y los conflictos que estos desencadenan, con un tratamiento objetivo y distanciado. 

Libros de Annie Ernaux | The Objective

Recientemente, Miguel Lozano, de Cabaret Voltaire, uno de los editores de Ernaux en España, decía que la autora hacía «autoficción», que contaba su vida con un estilo desnudo. Sin duda, nuestra escritora somete la lengua francesa a un proceso de vaciamiento anti-retórico, pero no creo acertado (ni la propia autora estaría de acuerdo) considerar «autoficciones» sus libros. Al menos cuando se le ha preguntado, ella lo ha negado rotundamente. Su obra es una autobiografía permanente, en la que se excluye la ficcionalización y el ombliguismo, en todo caso serían «antificciones», que van del yo al nosotros, de lo personal a lo social. Y viceversa, de lo general a lo particular, tratando las pasiones de manera impersonal. De hecho ella prefiere denominar sus libros de «auto-socio-biografías», en las que el yo se reconoce y se comprende en los otros, en la familia, en lo social. En el comunicado oficial de la concesión del premio, la Academia sueca resaltaba precisamente que «la valentía y la agudeza con las que descubre las raíces y restricciones colectivas de la memoria individual». Dicho de otro modo, su obra aspira a convertir su vida en espejo para todos con la lengua de todos.

Al contrario de lo que suele ocurrir, la autobiografía no ha sido para Annie Ernaux un ejercicio rutinario para cerrar la carrera literaria, cuando ya la inspiración y las fuerzas creativas se agotan, y la edad se echa encima acortando el horizonte de los días por vivir, sino un compromiso continuado y exigente para encontrar la verdad. Los sucesivos relatos autobiográficos han ido abordando episodios y temas de su vida, no para deleitarse con una mirada narcisista en sus heridas y cicatrices, sino utilizándolos como puentes de conexión y entendimiento con los otros.

«Desenmascara los tabúes y derriba las barreras que han segregado tradicionalmente a las mujeres»

Si se me permite, creo que un buen comienzo para los que todavía no lo han leído sería Una mujer, El lugar o La vergüenza, que son, en primer término, relatos de filiación en los que aborda conflictos socio-familiares sin concesiones fáciles ni idealizaciones impostadas. Los libros de Ernaux nacen para dar cuenta, con una mirada literaria nueva, de hechos personales y colectivos reales con una veracidad exigente que desecha todo lo que no ha sido comprobado y analizado, y expuestos sin velos embellecedores. Son aldabonazos testimoniales y reivindicativos contundentes, pero no contienen consignas políticas directas, a pesar de su conocida postura de izquierdas. Muestran, no predican. En buena medida estos libros se nutren del diario personal que Annie Ernaux comenzó a llevar a los 16 años, manteniéndolo sin interrupción el resto de su vida. Esto le ha permitido prescindir de la memoria y de la influencia de la imaginación del presente, para revisitar los hechos vividos, tal como quedaron registrados en los cuadernos.

¿Qué gana y qué pierde Annie Ernaux con el Nobel? De manera inmediata me apresuro a destacar algo que los lectores y los aspirantes a lectores de Ernaux han podido comprobar estos días: sus libros, a raíz del premio, se agotaron en las librerías, en las bibliotecas públicas hubo listas de espera como si de un medicamento o terapia urgente se tratase, los editores se apresuraron a reeditarlos y se han dado prisa para comprar los derechos y traducir al español los títulos que faltan. No solo se agotaron los libros en España. En toda Europa ocurrió igual. Y, en Francia, Gallimard, su editor, se apresuró para atender los pedidos. A Ernaux, autora minoritaria hasta ahora, con excepción de Francia, el Nobel podría darle proyección internacional. 

Pero también, al convertirse en una autora canonizada, imprescindible e incuestionable, se oficializa. Y en consecuencia, su escritura de combate perdería fuerza reivindicativa y su carácter subversivo se minimizaría, diluyéndose en las barreras que pretendía derribar. No quiero decir que las causas que motivaron esta escritura hayan dejado de existir, pero las contradicciones de la realidad, recogidas en la obra de una autora entronizada por el Nobel, de algún modo quedarían neutralizadas. Lo que el Nobel no daña es la calidad literaria de su escritura, al contrario, su estilo eficaz y conciso, cortante «como un cuchillo», sin volutas ni adornos superfluos, sin énfasis sentimental ni exageraciones, en fin, sin grandilocuencia retórica, brillará por sí mismo.

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